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Tuesday, May 17, 2022

No a la inversa

 

Photo by Boston Public Library on Unsplash

[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de EiTB el 17.05.2022. Este Blog fue cerrado el 01/07/2024]

Nos informa el Diccionario de la Real Academia de que comunicar, además de provenir del latín communicare, presenta once acepciones de las que cinco de las seis primeras hacen referencia a acciones que implican compartir, informar, transmitir o consultar entre congéneres de la especie homo sapiens.

Todo ese proceso de comunicación requiere alguien que emita, alguien que reciba, un mensaje, un canal ­—medio por el cual se transmite—, un código y un contexto. Entre los distintos medios artificiales —el natural es el aire— encontramos los audiovisuales, los radiofónicos, los impresos y los digitales. Y entre los tipos de comunicación tenemos principalmente la verbal —oral o escrita—, la no verbal —lenguaje corporal— y la gráfica.

No es necesario hacer hincapié en la influencia que la publicidad ha tenido y tiene sobre las decisiones de compra y consumo de la población, por no mencionar, además, las múltiples evidencias de manipulación informativa que venimos padeciendo y de las que hemos sido conscientes muy recientemente, amén de las adicciones tecnológicas desarrolladas y diagnosticadas en las últimas décadas.

Resulta paradójico que herramientas que fueron ideadas para el acercamiento y la comunicación de y entre personas, mediante su uso malintencionado e interesado lleguen a convertirse en sutiles armas de manipulación, aislamiento e incomunicación.

Photo by Erik Lucatero on Unsplash

Pero, ¿todo el enemigo se halla oculto tras el anonimato de las redes sociales o de las campañas publicitarias?

— ¡Perdona! Es un momentito...

— ¡Dame un segundo!

— ¡Es urgente!

— ¡Ya termino!

— ¡Voy, voy, voy...!

Estas u otras expresiones similares son las que nos dicen —o decimos—, cada vez más frecuentemente, mientras estamos con alguien en nuestro tiempo libre, tomando un café, en una comida, dando un paseo, viajando en un tren, autobús o avión, sentados en la sala de nuestra casa o en un parque y llevamos “cosido” en nuestra mano un teléfono inteligente que, como un niño caprichoso y maleducado, reclama constantemente nuestra atención. No nos damos cuenta, pero en muchas ocasiones dejamos con la palabra en la boca a quien está con nosotros y, tras nuestra “desconexión” no recordamos cuál era el tema de conversación o ni tan siquiera quién estaba hablando.

Cuando esto se produce, inconscientemente entramos en dos procesos. Uno de actitud multitarea e hipervigilancia personal obsesiva, respondiendo mensajes que se encadenan con otros mensajes, pasando por la revisión de mis otras redes sociales “por si hay algo”, etc. y un segundo de ninguneo para con la/s persona/s que nos acompaña/n: no son tan urgentes ni importantes como lo que tenemos que ver, oír, leer y/o contestar mediante nuestros smartphones y, consecuentemente, la/s ignoramos.

Este fenómeno ha generado un neologismo que lo describe: ningufonear (acrónimo de ningunear y telefonear. Adaptación del inglés phubbing  —de phone y snubbing— con igual significado). Descrito ya como fenómeno social por algunas investigaciones realizadas entre 2012 y 2016, lo definen como una conducta que responde a una adicción a internet y su uso desmesurado comparable a la ludopatía (Macedo, s.f.).

Al producirse cada vez con mayor frecuencia en nuestros entornos sociales, la asumimos como normal y aceptable en nuestras relaciones interpersonales. Como seres sociales que somos, reaccionamos con reciprocidad: unas veces soy ignorado por ti y otras soy yo quien te ignora. Finalmente, terminamos por ignoramos simultánea y recíprocamente. Esta normalidad y aceptación no nos permiten percibir cómo se va minando nuestra autoestima y aumentando nuestra insatisfacción.

Photo by McKaela Taylor on Unsplash

Y de nuestros ambientes sociales vamos trasladándola a nuestros entornos más íntimos: nuestras relaciones familiares o de pareja.  Sin apenas darnos cuenta, el número de conflictos provocados por la falta de atención debida a las interrupciones generadas por el phubbing acaban mermando gravemente las relaciones, afectan a la calidad de vida y crean un entorno propicio para la aparición de síntomas depresivos.

Si en algún momento percibimos que estamos ningufoneando a alguien, o que estamos siendo ningufoneados, quizás sería ese el momento de replantearnos cómo gestionamos nuestro autocontrol, qué uso estamos haciendo de nuestro teléfono y cuánto valoramos nuestras relaciones. No se trata de abandonar el uso de las nuevas tecnologías, sino de ponerlas en su sitio: al servicio de la humanidad. No a la inversa.

Bibliografía

FundeuRAE (2016, 11 de agosto).  Phubbing puede traducirse como ningufonear. Recuperado de https://www.fundeu.es/recomendacion/phubbing-puede-traducirse-como-ningufonear/

 Macedo, Joaquín (2016, 29 de septiembre) ¿​Qué es el “Phubbing” y cómo afecta a nuestras relaciones? Recuperado de https://psicologiaymente.com/social/phubbing


[Adaptación publicada en ComunicaciónCiudad Nueva, junio 2022, p.38. Publicada en el Blog de Ciutat Nova el 11/07/2022 (Català Castellano).]

Monday, August 09, 2021

La edad...


 Foto[1]: Cada día...

[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de EiTB el 09/08/2021 y en el Blog de Ciutat Nova el 25/10/2021 (Català - Castellano). El Blog de EiTB fue cerrado el 01/07/2024]

Aunque Quote Investigator[2] revela otras fuentes, se le atribuye a John Lennon la frase la vida es eso que pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes.

Cuando ya son muchas las hojas caídas de otros tantos calendarios, disfrutando de un merecido descanso estivo – espero -, el parón me ayuda a hacer dos viajes: uno físico, alejándome de la realidad cotidiana – ejercicio más que necesario, si es posible – y otro hacia adentro – si uno quiere -.

En este último una primera parada es el agradecimiento. Estoy aquí y ahora gracias a muchas personas y circunstancias. Sigo siendo importante - ¡perdón por la petulancia! Al menos, algo relevante - para algunas de ellas, entre éstas tú lectora, tú lector, por seguir mis palabras al viento -. Creo que también lo fui para otras que desgraciadamente ya no están a mi lado, o que dejaron de estarlo porque ellas o yo así lo decidimos. A todas ellas, ¡gracias por hacerme sentir así! – o por hacer que me lo crea -, ¡por hacerme ser quien soy!

Una segunda escala es pedir disculpas. Seguro que serán muchos – demasiados – los errores cometidos. Unos, quiero creer, inintencionados. Otros, puro fruto de la desidia o la debilidad… Por ignorancia, arrogancia, prepotencia o mil carencias que jamás seré capaz de identificar, reconocer… Errores pasados, presentes y futuros. Algunos tan arraigados, que seguirán ahí sin que ni siquiera pueda verlos... Creo humildemente que nunca he pretendido cometer ninguno con la aviesa intención de hacer daño a nadie... Aun así, ¡perdón por unos y otros!

La tercera estación es tomar conciencia del presente. El ser humano (...) nace sin que intervenga su voluntad y ha de morir contra su voluntad (...), morirá antes que los que ama, o éstos antes que él (...)[3]. Mirando los calendarios caídos, en mi caso, resulta más que evidente que los que queden por consumirse serán ya considerablemente menos que aquellos. ¡Y todos rebosantes de tantos momentos presentes...! Presente que, al fin y al cabo, es lo único que tengo. El pasado, aunque lo recuerde, ya se fue... El futuro, por mucho que lo planifique, nunca sabré si llegará y, si lo hace, seguramente diferirá mucho de cómo lo imaginé... ¡La realidad nunca dejará de sorprenderme! Parece ser la esencia de, según muchas y muchos expertos de - y en - la vida, física y espiritual, eso que nos pasa mientras gastamos el tiempo planeando lo que desconocemos si algún día será.

La conclusión es que querría dedicar cada presente que me quede a vivirlo sin prisa, haciendo que el tiempo dure, mirando a los ojos a quien esté a mi lado, zambulléndome en su presente y compartiéndolo con delicadeza, acogiendo ese misterio, ese tesoro, ese universo, como me gustaría que lo hicieran conmigo... O estando solo, prestando atención a mi entorno y hacer lo mismo con él...

En la serena noche de La vall d’Aro[4] miro hacia arriba, a las estrellas titilantes incrustadas en la ingrávida y oscura cúpula teñida hoy por nubecillas gris blanquecino, y siento calma... Por un momento se me ha pasado por la cabeza que desearía que mi alma tuviese la misma edad que la edad del cielo...



[2] Quote Investigator (2012, 6 de mayo). Life is What Happens To You While You’re Busy Making Other Plans. Recuperado de: https://quoteinvestigator.com/2012/05/06/other-plans/

[3] Fromm, Erich (1980). El arte de amar. Ediciones Paidós Ibérica, S.A., Barcelona. 19.

 


Jorge Drexler - La edad del cielo https://youtu.be/wcASVErTfzw

 

La edad del cielo
Jorge Drexler

No somos más
Que una gota de luz
Una estrella fugaz
Una chispa, tan sólo
En la edad del cielo

No somos lo
Que quisiéramos ser
Solo un breve latir
En un silencio antiguo
Con la edad del cielo

Calma
Todo está en calma
Deja que el beso dure
Deja que el tiempo cure
Deja que el alma
Tenga la misma edad
Que la edad del cielo

No somos más
Que un puñado de mar
Una broma de Dios
Un capricho del Sol
Del jardín del cielo

No damos pie
Entre tanto tic tac
Entre tanto Big Bang
Sólo un grano de sal
En el mar del cielo

Calma
Todo está en calma
Deja que el beso dure
Deja que el tiempo cure
Deja que el alma
Tenga la misma edad
Que la edad del cielo

Fuente: LyricFind

Autores de la canción: Jorge Abner Drexler / Jorge Abner Drexler Prada
Letra de La edad del cielo © Warner Chappell Music, Inc

Wednesday, June 16, 2021

Superpositivo

[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de EiTB el 16/06/2021 y en el blog de la revista Ciutat Nova el 12/07/2021 (Català / Castellano). El Blog de EiTB fue cerrado el 01/07/2024]

Hace poco más de un mes un amigo me envió un enlace a un artículo de una revista digital pensando que podría interesarme. El autor era totalmente desconocido para mí. Esto despertó mi curiosidad y me hizo indagar en su biografía. Descubrí que se trataba de un filósofo surcoreano que a los 26 años había abandonado Seúl y se había trasladado a Alemania sin hablar ni una palabra de la lengua teutónica, la cual aprendió mientras estudiaba Filosofía, Literatura Alemana y Teología en Friburgo y Múnich. Tras doctorarse en Filosofía, ha sido profesor en la universidad de Basilea (Filosofía), en la Escuela Superior de Diseño de Karlsruhe (Filosofía y teoría de los medios) y, actualmente, en la Universidad de las Artes de Berlín (Filosofía y Estudios culturales). Descubrí estas cosas y, con rubor por mi ignorancia, que desde 2012 es uno de los filósofos más influyentes de la actualidad: Byung-Chul Han.

El artículo se titulaba La obligación de ser feliz y es un fragmento de su ensayo La sociedad paliativa. En él, Han pone de relieve los efectos nocivos que provocan el exceso de positividad y la extendida necesidad de estar siempre felices, sumiéndonos socialmente en un estado anestesiado que rechaza y evita cualquier tipo de aspecto negativo, doloroso o molesto tanto en lo colectivo cuanto en lo individual.

La nueva fórmula de dominación es «sé feliz». La positividad de la felicidad desbanca a la negatividad del dolor. Como capital emocional positivo, la felicidad debe proporcionar una ininterrumpida capacidad de rendimiento. La automotivación y la autooptimización hacen que el dispositivo neoliberal de felicidad sea muy eficaz, pues el poder se las arregla entonces muy bien sin necesidad de hacer demasiado. El sometido ni siquiera es consciente de su sometimiento. Se figura que es muy libre. Sin necesidad de que lo obliguen desde afuera, se explota voluntariamente a sí mismo creyendo que se está realizando. La libertad no se reprime, sino que se explota. El imperativo de ser feliz genera una presión que es más devastadora que el imperativo de ser obediente (Han, 2021).

Quizás lo superpositivo sería empezar a reflexionar qué hacemos cada cual en, y con, nuestra vida. La realidad nos demuestra que las cosas pueden no ir bien siempre, que del mismo modo que nacemos, también moriremos un día. Que somos seres en relación y que, más allá de nuestras pantallas táctiles y de nuestras conexiones digitales, podemos contactar y comunicarnos cara a cara. Que, además de mis intereses personales o mis problemas, están los tuyos y los de tantas personas que nos rodean: cercanas o lejanas, pero cada cual con los suyos… Tal vez lo superpositivo sería volver a pensar más en nosotras y nosotros que seguir encerrados en el narcisista yo.

Carmen Durán e Ytúparaquévives - Te doy mi aire

https://youtu.be/IwUu0n9ZteU


Bibliografía

Geli, Carles (2018, 7 de febrero). “Ahora uno se explota a sí mismo y cree que está realizándose”. El País Cultura. Recuperado de https://elpais.com/cultura/2018/02/07/actualidad/1517989873_086219.html

Han, Byung-Chul (2021, 4 de mayo). La obligación de ser feliz. Ethic. Recuperado de https://ethic.es/2021/05/la-obligacion-de-ser-feliz/

Herder Editorial. Byung-Chul Han. Recuperado de https://www.herdereditorial.com/contributor/byung-chul-han


Friday, November 06, 2020

Atreverse

[He publicado esa entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de EiTB el 06/11/2020 y en el blog de la revista Ciutat Nova el 16/11/2020 (Català / Castellano). El Blog de EiTB fue cerrado el 01/07/2024]

Llevo varios días dándole vueltas al tema que quiero abordar aquí y me surgen unos cuantos: las elecciones estadounidenses, la ecología, el fin de la cultura occidental capitalista tal como la conocemos, o, al menos, su evidente deterioro y galopante decadencia (no puedo evitar recordar constantemente la caída del Imperio Romano), los movimientos migratorios (pateras, campos de refugiados, tráfico de personas, el proxenetismo, la pederastia, las muertes colaterales…), los conflictos bélicos en África y Medio Oriente, los recientes atentados de Kabul, La Paz, Niza, Viena, el enriquecimiento de unas/os pocos/as – con la que está cayendo –, el empobrecimiento de tantísimas personas – directamente vinculado a lo anterior - y, casi se me olvida, la Covid-19…

De pronto me he encontrado con la noticia de que Pablo Alcaide, un adolescente de 16 años, hijo de una barrendera de Logroño, orquestó con sus amigas y amigos una campaña de limpieza tras los destrozos causados durante unas reivindicaciones, tal vez legítimas, pero inexplicablemente incívicas, de sus conciudadanos/as. Dio un paso al frente para hacer lo posible por poder ayudar un poco. Se atrevió

Atreverse es sinónimo de aventurarse, de osar. Es tener el suficiente coraje para hacer algo, y después hacerlo. Son muchas las personas que se atreven. Lo sabemos, las vemos cada día. Y yo, ¿me atrevo?

¿Atreverme a qué? Poco a poco he ido descubriendo que este verbo puede conjugarse con cualquiera de los temas que me rondan la cabeza. Pero en muchos de ellos sólo puedo concienciarme, informarme, reflexionar, opinar, debatir y, eventualmente, hacerlo con quienes están cerca de mí y realizar juntos este ejercicio para después compartirlo con otras personas. En algún caso podría colaborar también con alguna organización directamente implicada y aportar así, al menos, un granito de arena… A pesar de esto, me siento frente a esas cuestiones como una hormiguita insignificante.

Pablo me ha dado una lección. Puedo también atreverme a cuidar lo que tengo delante de mi nariz: mi familia, mis amistades, mis colegas de trabajo, mi vecindario, mi entorno, mi ciudad, mi país… En resumen: mi universo cotidiano. Y en este universo yo estoy en el centro y, en gran medida, depende de mí.

¡Venga! ¿Nos atrevemos?

#daretocare

Vídeo presentación Pathways: https://youtu.be/QI6ey2G3TqY


 

Dareto Care

CON LA CAMPAÑA PATHWAY 2020/2021, UNITED WORLD PROJECT PROPONE PONER EN EL CENTRO DE LA POLÍTICA Y DE LA VIDA DE LOS CIUDADANOS, EL PARADIGMA DEL “CUIDADO”

 #daretocare es el slogan y el hashtag de la campaña que, traducido literalmente, significa “atreverse a cuidar” es decir hacerse cargo, interesarse, cuidar activamente, dar importancia. ¿A quién? A los más frágiles, al planeta, a las Instituciones, a nuestra ciudad, a nuestros vecinos, a los problemas de nuestra sociedad.

 La pandemia del Coronavirus nos ha mostrado que el mundo en el que vivimos está en crisis. Una crisis que es sanitaria, económica, climática, alimentaria y social, que requiere un cambio de ritmo, de prospectiva y de acción: un mundo que sepa cuidar, un mundo en el que el cuidado se ponga en el centro del discurso político, será un mundo mejor, un mundo más unido.

 

Tuesday, April 07, 2020

Cisne Negro


[He publicado esta entrada en la revista digital Alumni Time el 07/04/2020 (Castellano / Euskara), en el Blog de EiTB de Inteligencia Emocional el 10/04/2020, en el Blog de la revista Ciutat Nova el 13/04/2020 (Castellano / Català) y, adaptado, en Ciudad Nueva, Mirador. Junio 2020. El Blog de EiTB fue cerrado el 01/07/2024]

De niño, en mi San José natal, para mí los cisnes eran negros con el pico rojo. En el Parque Japonés, frente a mi escuela, no lejos de mi casa, todos los que había eran así. ¡Qué sorpresa me llevé al llegar a Europa y ver que aquí todos eran blancos!

Nassim Nicholas Taleb, economista libanés nacionalizado estadounidense, en 2007 formuló la teoría del cisne negro basándose en el hecho de que, hasta la llegada de los primeros colonos ingleses a Australia en el siglo XVII, en Europa se pensaba que todos los cisnes eran blancos. Este hecho, considerado como altamente improbable, sucedió y cambió la percepción que los ornitólogos tenían sobre esas aves hasta aquel momento.


Taleb, utilizando aquel descubrimiento de la Ilustración, al comienzo de su obra afirma (aunque discrepo con él en cuanto a la apreciación, diferida, de la belleza de este hermoso y esbelto animal):
Este hecho ilustra una grave iluminación de nuestro aprendizaje a partir de la observación o la experiencia, y la fragilidad de nuestro conocimiento. Una sola observación puede invalidar una afirmación generalizada derivada de milenios de visiones confirmatorias de millones de cisnes blancos. Todo lo que se necesita es una sola (y, por lo que me dicen, fea) ave negra (...)

Lo que aquí llamamos un Cisne Negro (así, en mayúsculas) es un suceso con los tres atributos que siguen.

Primero, es una rareza, pues habita fuera del reino de las expectativas normales, porque nada del pasado puede apuntar de forma convincente a su posibilidad. Segundo, produce in impacto tremendo. Tercero, pese a su condición de rareza, la naturaleza humana hace que inventemos explicaciones de su existencia después del hecho, con lo que se hace explicable y predecible. (Taleb, 2010).

La Primera Guerra Mundial, el Crack de la bolsa de Nueva York en 1929, el lunes negro del 19 de octubre de 1987, los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, la caída de Lehman Brothers, la posterior crisis financiera global de 2008, la aparición de Internet, Google, Facebook, el Brexit, la victoria de Trump, son, entre otros, ejemplos de eventos Cisne Negro.

Inesperados, con un impacto tremendo y explicados a posteriori...

Desde el 31/12/2019 nos enfrentamos a uno nuevo: el COVID-19.

En menos de tres meses estamos siendo testigos en primera persona de situaciones sin precedentes en la reciente historia de la humanidad: la larma global planetaria y la paralización de la economía mundial. En un principio, con la reactivación de la xenofobia hacia la población de origen chino o personas con rasgos orientales, y después con el cierre de fronteras, confinamiento de millones de personas en cuarentena, desplome de las bolsas, paralización de la producción y caída del consumo mundiales, y estancamiento de la dsitribución de los mercados globales de materias primas (lo que conlleva la paralización de la producción en muchos países), cancelación de destinos turísticos, desplazamientos aéreos y marítimos, de actividades deportivas, etc. (Duque Ametxazurra, 2020).



Sin embargo, simultáneamente, la guerra, la discriminación, las personas refugiadas, enfermas de otras epidemias ahora olvidadas, presas de la inanición, perdiendo sus puestos de trabajo, migrantes, sin techo... siguen ahí, sufriendo, además, el COVID-19, mientras nosotras y nosotros nos confinamos cómodamente en nuestras casas, con las despensas repletas, agua potable y caliente, televisión, internet... Esas personas no tienen dónde ir... Ni dónde estar seguras... ¡Y nosotras y nosotros nos quejamos por no poder salir de casa!

Las reflexiones de Francesca Morelli, Psicóloga, Psicoterapeuta y Terapeuta EMDR, y de Alfredo Vela Zancada, Social Media Manager, se han convertido en virales en las últimas semanas.

Dice Morelli:


Creo que el universo tiene su manera de devolver el equilibrio a las cosas según sus propias leyes, cuando estas se ven alteradas (...)

En una era en la que el cambio climático está llegando a niveles preocupantes por los desastres naturales que se están sucediendo, a China en primer lugar y a otros tantos países a continuación, se les obliga al bloqueo; la economía se colapsa, pero la contaminación baja de manera considerable (...)

En un momento histórico en el que ciertas políticas e ideologías discriminatorias, con fuertes reclamos a un pasado vergonzoso, están resurgiendo en todo el mundo, aparece un virus que nos hace experimentar que, en un abrir y cerrar de ojos, podemos convertirnos en los discriminados, aquellos a los que no se les permite cruzar la frontera, aquellos que transmiten enfermedades (...)

En una sociedad que se basa en la productividad y el consumo, en la que todos corremos 14 horas al día persiguiendo no se sabe muy bien qué, sin descanso, sin pausa, de repente se nos impone un parón forzado. Quietecitos, en casa, día tras día (...)

En una época en la que la crianza de los hijos, por razones mayores, se delega a menudo a otras figuras e instituciones, el Coronavirus obliga a cerrar escuelas y nos fuerza a buscar soluciones alternativas, a volver a poner a papá y mamá junto a los propios hijos. Nos obliga a volver a ser familia.

En una dimensión en la que las relaciones interpersonales, la comunicación, la socialización, se realiza en el (no)espacio virtual, de las redes sociales, dándonos la falsa ilusión de cercanía, este virus nos quita la verdadera cercanía, la real: que nadie se toque, se bese, se abrace, todo se debe de hacer a distancia, en la frialdad de la ausencia de contacto (...)

En una fase social en la que pensar en uno mismo se ha vuelto la norma, este virus nos manda un mensaje claro: la única manera de salir de esta es hacer piña, hacer resurgir en nosotros el sentimiento de ayuda al prójimo, de pertenencia a un colectivo, de ser parte de algo mayor sobre lo que ser responsables y que ello a su vez se responsabilice para con nosotros. La corresponsabilidad: sentir que de tus acciones depende la suerte de los que te rodean, y que tú dependes de ellos.

Dejemos de buscar culpables o de preguntarnos por qué ha pasado esto, y empecemos a pensar qué podemos aprender de (ello) (...)

Por su parte, Vela nos plantea 12 cosas que tendremos que repensar cuando esta crisis pase: nuestros conceptos de sociedad, ciencia, noticias falsas, profesionales, medios de comunicación, economía, valores, tecnología, educación, burocracia, respondabilidad social PERSONAL...




Estamos todavía en la segunda fase de este evento Cisne Negro: su tremendo impacto. Nos queda pendiente la explicación a posteriori...

Esperemos haber aprendido, como humanidad, algo esta vez...

Nota del 18/05/2020:
Desde el punto de vista estrictamente económico, los analistas no acaban de ponerse de acuerdo en calificar la crisis actual como un evento cisne negro, entre otras razones porque induce a la resignación y en consecuencia eludimos buscar responsabilidades. Elvira García, experta en economía del comportamiento, explica por qué la pandemia de COVID-19 no cumple los requisitos: «En 2017 la Estrategia de Seguridad Nacional de España contemplaba las pandemias como “desafíos que se prevén”, sumado a una lista donde aparecen otros tan conocidos como los movimientos migratorios, la vulnerabilidad energética o el cambio climático. ¿Algunos de estos los catalogaríamos como sucesos imposibles de prever?» (www.merca2.es). Avisos desde luego no nos han faltado. Pero además el propio Taleb dudaría en ver aquí un cisne negro. Ya en 2007 escribió: «Veo riesgo de que un virus agudo muy extraño se propague por todo el planeta». Pero dejemos que los economistas se pongan de acuerdo. Les va a llevar su tiempo. Ahora bien, si nos fijamos en las repercusiones sociales de esta pandemia, probablemente la mayoría de la gente verá en esto no ya un cisne, sino un avestruz negro (no sé si hay un ave más grande). Y entonces es cuando vienen al caso las reflexiones de Francesca Morelli o las de Alfredo Vela Zancada. (Gracias a Josep Bofill y Javier Rubio por sus aportaciones para esta nota).

Bibliografía de referencia

Duque Ametxazurra, Juan Carlos (2020, 28 de febrero). Algo no me cuadra... Recuperado de: http://blogs.eitb.eus/inteligenciaemocional/2020/02/28/algo-no-me-cuadra

Merca2.es (2020, 31 de marzo). Por qué el coronavirus no es un Cisne Negro según Nicholas Taleb. Recuperado de: https://www.merca2.es/por-que-el-coronavirus-no-es-un-cisne-negro-segun-nicholas-taleb/

Morelli, Francesca (2020, 7 de marzo). Recuperado de: https://www.facebook.com/IlBlogDellaPsicologa/posts/2490728477923163?__tn__=K-R (Italiano)

Taleb, Nassim Nicholas (2010). El Cisne Negro. El impacto de lo altamente improbable. Ediciones Paidós Ibérica S.A. Pp. 5 y 6.

Vela Zancada, Alfredo (2020, 17 de marzo). 12 cosas que tendremos que repensar para cuando pasemos la emergencia sanitaria del #Coronavirus #infografía. Recuperado de: https://ticsyformacion.com/2020/03/17/12-cosas-que-tendremos-que-repensar-para-cuando-pasemos-la-emergencia-sanitaria-del-coronavirus-infografia/