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Tuesday, April 21, 2026

El bus del cole

 


Imagen de Dernsteiner en Pixabay

[Esta entrada ha sido publicada en la revista LAR #8 Invierno 2025, sección Melodías, p. 8, y en la web el 18 de diciembre de 2025. Castellano Català]

De niño mis padres solían repetirme una frase que no he olvidado: “recuerda que tus derechos terminan exactamente donde empiezan los de las demás personas”.

Con cierta frecuencia, camino a mi trabajo, suelo pasar por una acera más bien estrecha —no llega a los dos metros de ancho— en la que un servicio privado de autobús recoge a niñas y niños de infantil y primaria de un colegio. Las y los pequeños esperan junto a padres, madres y demás acompañantes mayores de edad, situados más o menos cerca de la fachada de los edificios. Un día, cuando pasaba por en medio de esta multitud que ya ocupaba casi toda la acera, llegó el autobús. De repente se produjo una estampida hacia sus puertas y quienes estábamos de paso por ahí, aprovechando un espacio a modo de pequeño pasillo todavía no ocupado, tuvimos que esquivar tanto a criaturas como a acompañantes que se abalanzaban desordenadamente sobre nosotros. Un padre que llevaba a su niño hacia el vehículo se puso cariñoso, paró en seco y se inclinó para darle un beso de despedida. Lo que pasa es que lo hizo en el pasillito libre por el que circulábamos los transeúntes y en el momento en que yo ya no podía esquivarlo, chocando contra él. Se dio media vuelta, me miró airado y me dijo "¿a qué tanta prisa?". "La acera es para todos" contesté medio desconcertado, medio enfadado, mirándole fijamente mientras intentaba seguir andando. Él también se quedó mirándome. Tras dejar al niño, retrocedió hasta la pared del edificio cercano mientras levantaba el antebrazo derecho, haciendo girar su mano con los dedos extendidos y rígidos, algo flexionados, desafiante, como diciendo con cierto desprecio "¡vete ya!". Su actitud me hizo sentir como alguien que hubiera profanado una propiedad sagrada y privada sin derecho a pedir algo de educación y civismo tratándose, además, de un espacio público.

Me vinieron a la cabeza las múltiples violaciones de los derechos humanos más básicos que aún se producen en nuestra realidad vital, local y universal, y las actitudes de algunas personas que se erigen en dueñas y señoras de quienes no son como ellas.

«El que es fiel en lo poco, también en lo mucho es fiel; el que es injusto en lo poco, también en lo mucho es injusto» (Lc 16, 10). Mis derechos terminan donde empiezan los de las demás.

 Seguí caminando hacia mi trabajo sin volver la vista atrás.

Tema musical:

Carlos Baute: Intenta respetar


Monday, July 21, 2025

De jefaturas y liderazgos

 

Foto de Rineshkumar Ghirao en Unsplash

[Esta entrada ha sido publicada en la revista LAR #6 Verano 2025, sección Melodías, p. 8, y en la web el 23 de junio de 2025. Castellano Català]

¿Qué líderes queremos?

Hace ya un tiempo que oímos expresiones como “el líder del equipo”, “la líder del partido” o “la lideresa, o el líder, del país” en referencia al capitán de una agrupación deportiva, la presidenta o secretaria general de una organización política o la persona que ocupa la máxima posición en el gobierno de una nación. Otro tanto encontramos en la denominación como líder o lideresa que se da a diferentes niveles y en múltiples sectores a quienes ocupan un puesto de mando, esto es, una jefatura.

Estos ejemplos ponen en evidencia más un deseo que una realidad. Contratar, elegir, nombrar o poner a alguien al frente, al mando de algo, en el mejor de los casos, presupone que es la persona más preparada y capacitada para tomar las riendas de lo que haya que hacer. Después tendrá que demostrarlo. Llamarla líder no le confiere automáticamente ninguna cualidad extra. Si esta persona tiene que dirigir lo que sea, además de ser profesionalmente buena a título individual, tendrá que aprender o mejorar, desarrollar y demostrar otro tipo de habilidades.

El Dalái Lama[1], tras años de relación con líderes de gobiernos, empresas y otras organizaciones, subraya que estas personas “tienen un fuerte impacto en la vida de las personas y en cómo se desarrolla el mundo”. Y reconociendo el deseo de felicidad de la humanidad, promueve la reinstalación de “un compromiso con la unidad de la humanidad y el altruismo hacia nuestros hermanos y hermanas. (...) Las personas a menudo no se dan cuenta de que la bondad, la compasión y el amor son factores que contribuyen a nuestra supervivencia”.

Hace más de dos mil años, dos discípulos de Jesús discutían por ocupar un puesto relevante en la jerarquía de su reino. Los demás, al enterarse, se enfadan. Él los reúne y les dice:

«Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida...»[2].

Seguir a un “líder” bailando bobaliconamente está bien como divertimento. Poco más...

 

Tema musical:

Sol Habana: Follow the leader 



[1] El Dalái Lama sobre por qué los líderes deben ser conscientes, altruistas y compasivos. https://bit.ly/3RsuOcU

[2] Mt 20, 20-28. https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/nuevo-testamento-mateo/

Wednesday, January 08, 2025

Cuídame

 

Imagen de Tung Lam en Pixabay

[Esta entrada ha sido publicada en la revista LAR #4 Invierno 2024, sección Melodías, p. 8, y en la web el 20 de diciembre de 2024. Castellano Català]

El primer signo de civilización

Cuando nos sentimos fuertes, con salud, en un entorno seguro y rodeados de personas que nos inspiran confianza a menudo olvidamos lo frágiles que somos. Este olvido, además, es inversamente proporcional a nuestra edad. Podemos encontrarnos con nuestra vulnerabilidad de forma inesperada. Una catástrofe natural, un accidente, una enfermedad, la súbita muerte de alguna persona cercana, la pérdida del trabajo, para demasiadas personas la guerra..., o plácidamente cuando poco a poco nos acercamos al final de nuestro camino. ¿Habrá alguien que no necesite cuidados en algún momento de su vida?

La antropóloga estadounidense Margaret Mead consideraba que el primer signo de civilización en una cultura antigua fue cuando se descubrió un fémur fracturado que apareció sanado. En el reino animal, si te rompes una pierna, mueres. No puedes buscar comida o agua ni huir del peligro, siendo presa fácil para los animales salvajes. Y ningún animal con una extremidad motriz rota sobrevive lo suficiente para que el hueso se suelde por sí solo. De modo que un fémur roto curado evidencia que alguien se quedó con quien se lo rompió, y le vendó e inmovilizó la fractura. Es decir, lo cuidó.

Cuidar es algo inherente al ser humano. E implica acercamiento, comunicación, es decir escucha y entendimiento de las necesidades más allá de las palabras, atención a los gestos, actitudes y silencios. No impone, sino que acompaña y asiste en lo físico, en lo emocional, espiritual y social.

La carga del cuidado no profesional, por tanto ni remunerado ni reconocido, todavía recae principalmente en las mujeres y las niñas, mostrando una distribución de responsabilidades nada equitativa y que, además, vulnera sus derechos humanos. Y en el ámbito profesional se mantiene este desequilibrio numérico...

Todo parece indicar que en los últimos años está habiendo un notable incremento de la concienciación y de la participación ciudadana en cuestiones relacionadas con el cuidado. De personas, el medio ambiente, la economía sostenible, nuestra propia supervivencia, la reacción ante catástrofes... Aunque las noticias se obstinan en mostrar únicamente los aspectos negativos del lado más oscuro de nuestro planeta, me viene en mente lo que le contestó Jesús al maestro de la ley tras contarle el episodio del samaritano: “¿Cuál de estos tres te parece que ha sido prójimo del que cayó en manos de los bandidos?». Él dijo: «El que practicó la misericordia con él». Jesús le dijo: «Anda y haz tú lo mismo». (Lc 10:36-37)

Tema musical:

Pedro Guerra, Jorge Drexler: Cuídame (Directo Libertad 8)


Monday, July 15, 2024

Sinfonía

Imagen de Vilius Kukanauskas en Pixabay

[Esta entrada ha sido publicada en la revista LAR #2 Verano 2024, sección Melodías, p. 8, y en la web el 12 de julio de 2024. Castellano / Català]

Algunas veces, la música que nos resuena dentro es mucho más que una canción. Últimamente la percibo próxima a una sinfonía. En tono menor.

Primer movimiento. Allegro energico, ma non troppo

Desde febrero de 2022 y octubre de 2023, tambores de guerra suenan cerca. Y estos no son los únicos que redoblan. Se hace difícil, por no decir imposible, recordar algún periodo histórico sin guerras. Al menos en los últimos diez mil años. Del mismo modo, hace mucho tiempo que no resulta nada sencillo encontrarles algún sentido más allá de la codicia, el odio o la intolerancia de un grupo humano contra otro. Y, particularmente desde 1914, con un grado de crudeza, crueldad, destrucción y aberración inhumanas y escalofriantes, progresivamente corregidas y aumentadas, nunca antes conocidas.

Segundo movimiento. Andante Moderato

Hay personas muy especiales en nuestra vida. Y si además compartes con ellas proyectos entusiasmantes y novedosos, el viaje se convierte en una maravillosa y placentera aventura.  Personas a quienes sientes intensamente en el corazón, en la mente, en la existencia. Tan dentro que cuando les diagnostican una extraña dolencia, con pronóstico tan incierto que casi nadie se atreve a formularlo, sientes que se te hiela la sangre. Él entra ahora en una dura batalla. Tú continúas tu día a día, sí, pero la vida se hace pesada, la mente no deja de dar vueltas y el corazón duele al latir.

Tercer movimiento. Scherzo

Una amiga cercana, con quien en la adolescencia compartiste fiestas, sueños, proyectos y viajes. Recibes una llamada. Tuvo una recaída de su enfermedad y una crisis repentina. Acaban de sedarla. Horas después, ese mismo día, no vuelve a despertar. Sensación de impotencia. Tuvo que irse y no pudimos despedirnos...

Cuarto movimiento. Finale. Allegro moderato — Allegro energico

Algunas veces, notas graves, ritmos lentos y solemnes, colores oscuros, entornos fríos y nebulosos son los que nos envuelven y ralentizan dificultando el día a día. La vida continúa y, pese a las pesadas sombras, se puede seguir deseando la paz intentando construirla; seguir deseando lo mejor para el amigo que ahora lucha, intentando estar ahí, a su lado; seguir deseando consuelo para quienes perdieron una hermana, una madre, una amiga e intentando no olvidar cómo vivir con quienes nos rodean...

 

Tema musical:

Erik Satie, Alexandre Tharaud. Gnossienne: No. 1


 



Tuesday, June 27, 2023

Escuchar, escuchar, escuchar y acompañar

 

Foto de Sasha Freemind en Unsplash

[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de EiTB el 26.06.2023. Este Blog fue cerrado el 01/07/2024]

Tendría 18 años. Estaba en Madrid, en el balcón de un quinto piso en casa de unos amigos. Apoyado en la barandilla mirando el tráfico pasar por el Paseo de las Delicias, de repente sentí claramente en mi cabeza “¿por qué no te tiras?”. Di un paso atrás hasta que mi espalda chocó con la pared, me quedé lo más cerca que pude de ella y en cuanto pude entré en la habitación bastante asustado. 

Unos veinte años más tarde por trabajo viajaba muchísimo. Cuando me senté en mi asiento, junto a la ventanilla del avión, tras abrocharme el cinturón pensé “¿y si se cae el avión? ¡Por fin podré descansar!” Este pensamiento me persiguió durante varios años... 

Estos dos episodios de mi vida coincidieron con situaciones complejas que se alargaron en el tiempo.

El primero, con la pérdida de mi madre dos meses antes de cumplir yo los 16 y la desaparición de mi lado de mi padre un año más tarde. Tras estos dos hechos, además de quedarme sin mi familia más directa siendo un adolescente, tuve que ocuparme personalmente de mi vida —casa, ropa, alimentación, estudios, etc.— y lo que materialmente eso significaba: conseguir los ingresos necesarios para hacer frente a los gastos correspondientes. 

El segundo, con el comienzo del desmoronamiento de lo que para mí había sido mi proyecto de vida —pérdida de una hija recién nacida y desintegración familiar con una ruptura matrimonial y dos hijas pequeñas y un hijo adolescente—, junto a una estresante situación laboral trufada de sentimientos de victimización y abuso laboral, así como de fracaso personal y profesional.

Técnicamente, los episodios descritos al principio son ideas o pensamientos y deseos de muerte que constituyen parte de la primera fase de la ideación suicida. 

Las situaciones vitales coincidentes con la manifestación de estas ideas o deseos de muerte abarcan completamente a la persona en todo su contexto vital (personal, familiar, educativo, laboral, social, biológico, psicológico…). 

Y mantenidas en el tiempo van hundiéndola en un pozo que le hace percibirse como una carga para sí misma y quienes le rodean, aislada de e incomprendida por su entorno, sin salida y sin posibilidad de que nadie la ayude y con la visión de un futuro muy negro, sin posibilidad de cambios, desesperanzador.

En aquellos momentos tuve la suerte de poder compartir estas experiencias con personas que me escucharon y estuvieron a mi lado. Que tras este delicado y sincero acompañamiento me pusieron en contacto con personas expertas que me ayudaron a aprender a aceptar mi fragilidad y a enfrentar las situaciones que la vida me ponía delante. Siempre les estaré agradecido (Foto de Jan Canty en Unsplash).

Todo ser humano, a lo largo de su vida, tendrá que enfrentar situaciones complejas que deberá aprender a manejar. Todo ser humano puede ser también esencial y fundamental para hacer más fácil este aprendizaje en quienes estén a su lado. 

Nota: Esta reflexión-confesión personal es fruto de mi participación el pasado 20 de mayo en la interesantísima charla-coloquio organizada por el Movimiento de los Focolares en Bilbao y que impartía Íñigo Samaniego Oviedo, un buen amigo y experimentado psicólogo clínico, con el título “Del tabú a la acción: hablemos del suicidio”. El objetivo de la sesión era acercar a quienes asistíamos a una realidad delicada, pero de una forma sencilla y clara al tiempo que científica. Quien quiera profundizar en lo tratado en esta sesión puede consultar el siguiente enlace. 

Referencias

Focolares, Movimiento de los. (2023, 8 de junio). Del tabú a la acción: hablemos del suicidio https://focolaresbilbao.wordpress.com/2023/06/08/del-tabu-a-la-accion-hablemos-del-suicidio/

Recursos de ayuda
Teléfonos
Línea de atención a la conducta suicida: 024
Emergencias: 112
Teléfono de la esperanza: 944 10 09 44

Web
Aidatu (Asociación Vasca de Suicidología): https://aidatu.org/
Programa para la prevención del suicidio: https://www.prevensuic.org

[Adaptación publicada en Prevenir el SuicidioCiudad Nueva, octubre 2023, p.13.] 

Monday, February 13, 2023

Madurez

 

Foto de leah hetteberg en Unsplash

 [He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de EiTB el 13.02.2023. Este Blog fue cerrado el 01/07/2024]

Según el Diccionario de la lengua española, en sus segunda y tercera acepciones, madurez es el “período de la vida en que se ha alcanzado la plenitud vital y aún no se ha llegado a la vejez” y el “buen juicio o prudencia, sensatez”. En el primer significado, “condición o estado de maduro”, nos redirige a este último concepto, maduro, ra, al que, en relación con la persona, lo define como el de alguien: “que ha alcanzado un estado de desarrollo adecuado para su utilización, funcionamiento o empleo”, “que ha alcanzado la capacidad mental propia de una persona adulta” o “que ha dejado de ser joven, pero no ha llegado a la vejez”.

Observando estas definiciones, parecería que la madurez se alcanza con los años, antes de llegar a la vejez y después de ser joven, cuando la persona se hace adulta, por el puro paso del tiempo. Y esto ocurre, al parecer, entre los 25 y los 60 años. Por otra parte, desde el punto de vista biológico, como en la mayoría de las especies, la madurez es un estado que se alcanza cuando el desarrollo físico y sexual está completo.

Visto y vivido lo sucedido desde los noventa con el cambio de milenio y particularmente en estos últimos quince años, de 2008 a 2023, tengo la impresión de que los conceptos manejados en los párrafos anteriores resultan difusos, laxos y hasta obsoletos en gran medida. ¿Qué es la “plenitud vital”? ¿Qué es “ser una persona adulta”? ¿Cuándo llegamos a “la vejez”? ¿Coincide nuestra evolución cerebral y conductual con las tradicionales fases temporales de niñez, adolescencia, juventud, madurez y vejez?

Con relación a los dos primeros periodos, y citando el estudio realizado en la Kansas State University, Holley Korbey aborda este tema enfatizando la percepción del alumnado universitario frente a cuestiones como el afrontamiento del conflicto y el manejo del estrés, la ansiedad y la depresión.

 «...cada vez hay más pruebas de que los problemas de la "edad adulta" y la salud mental de los universitarios pueden tener su origen, al menos en parte, en la infancia moderna. Las investigaciones demuestran que los jóvenes carecen de resiliencia emocional e independencia en comparación con las generaciones anteriores. El problema ha ido creciendo paralelamente al aumento de las tasas de ansiedad y depresión, quizá exacerbado por la pandemia de la COVID-19, y ha hecho que las universidades se esfuercen por ayudar y adaptarse.

“Algunos padres han estado criando a sus hijos de forma diferente, tienen ese valor del éxito a toda costa", afirma Dori Hutchinson, directora ejecutiva del Centro de Rehabilitación Psiquiátrica de la Universidad de Boston. "Me gusta describirlo como que algunos niños crecen con retraso en su desarrollo, los jóvenes de 18 años de hoy son como los de 12 de hace una década. Tienen muy poca tolerancia al conflicto y al malestar, y la COVID acaba de ponerlo en evidencia”» (Traducido de Korbey, 2022).

En las franjas temporales siguientes, encontramos a jóvenes de 30 años que no han abandonado el hogar familiar, y en sus cuarenta a madres y padres —bi o monoparentales— esperando bebés o criando niños y niñas pequeños.


Foto de Mario Purisic en Unsplash

Asimismo, son muchas las personas de entre 45 y 55 años que experimentan incertidumbre en o pérdida de sus trabajos y/o pasan por rupturas sentimentales. Situaciones que les obligan a situarse nuevamente ante una crisis, la de una segunda pubertad, que les coloca otra vez, pero mucho más tarde, en el momento de decidir cómo vivir hasta llegar a la vejez tras la pérdida de todo, o de gran parte, de lo construido hasta ese momento. Algunas de ellas reviven literalmente su época de púberes.

«... (no tiene por qué pasarle a todo el mundo) se les activa un malestar y una inquietud que puede llevar a rupturas de costumbres, hábitats e incluso lazos familiares y de pareja intentando volver a encontrar sensaciones perdidas. Pueden recurrir a fantasías de omnipotencia, idealización y control obsesivo característicos de otras épocas.

Dicho en cristiano, comienzan a vestirse como jovencitos recién salidos del "insti", asumen conductas arriesgadas, se vuelven rebeldes, quieren cambiar de vida o simplemente de físico por lo que se apuntan a la lista de espera de los centros de estética o al gimnasio exprés» (Serrano-Rosa, 2019).

Llegando a la jubilación (en torno a los 65), hoy en día nadie se siente viejo o vieja —anciana o anciano— todavía.

Las personas adolescentes estadounidenses mencionadas al principio mostraban retrasos en su maduración por falta de la adquisición de la resiliencia emocional e independencia en su infancia. Tras el breve recorrido presentado aquí hasta la jubilación, ¿podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que quienes estamos en las fases siguientes de nuestro desarrollo vital estamos (o somos) maduros? Además de esas dos capacidades o condiciones vitales —resiliencia e independencia—, ¿dónde quedan la proactividad, la empatía, la solidaridad, el pensamiento crítico, la conducta razonable, la aceptación de críticas y expresión de las nuestras de forma asertiva, la aceptación responsable de las consecuencias de nuestros actos y decisiones, etc.?

Aceptar sin temor el final de una etapa y el comienzo de otra, y prepararnos bien para encarar el nuevo camino que se nos abre, nos ayudará a reflexionar sin prisas sobre las decisiones a tomar. Nunca es tarde para comenzar este entrenamiento o para reforzar el que traíamos en nuestro acervo. Tener más o menos años, no basta para alcanzar la madurez.

Para reflexionar sobre algunos puntos de este tema, me permito recomendar las entradas de Arantza Echaniz: Sobre la resiliencia y ¡Tropezar no es malo! ¡Y caer no es peor!


Bibliografía

Diccionario de la lengua española. Madurez. RAE. Recuperado de https://dle.rae.es/madurez

Diccionario de la lengua española. Maduro, ra. RAE. Recuperado de https://dle.rae.es/maduro

Echaniz Barrondo, Arantza (2023, 6 de febrero). Sobre la resiliencia. Recuperado de http://echanizbarrondo.blogspot.com/2023/02/sobre-la-resiliencia.html

Echaniz Barrondo, Arantza (2018, 7 de mayo). ¡Tropezar no es malo! ¡Y caer no es peor! Recuperado de https://echanizbarrondo.blogspot.com/2018/05/tropezar-no-es-malo-y-caer-no-es-peor.html

Enciclopedia Concepto. Madurez. Editorial Etecé. Recuperado de https://concepto.de/madurez/

Ruiz Mitjana, Laura (2022, 25 de diciembre). Los adolescentes de 18 años de hoy son como los de 12 años de hace una década: tienen menos resiliencia emocional e independencia. Bebés y más. Recuperado de https://www.bebesymas.com/ser-padres/adolescentes-18-anos-hoy-como-12-anos-hace-decada-tienen-resiliencia-emocional-e-independencia

Korbey, Holly (2022, 20 de diciembre). Young adults are struggling with their mental health. Is more childhood independence the answer? Recuperado de https://www.kqed.org/mindshift/60624/young-adults-are-struggling-with-their-mental-health-is-more-childhood-independence-the-answer

Serrano-Rosa, Isabel (2019, 26 de diciembre). Crisis de la mediana edad: volver a la adolescencia a los 50 años. El Mundo. Recuperado de https://www.elmundo.es/vida-sana/mente/2019/12/26/5e009b76fc6c83c8578b459d.html


[Adaptación publicada en Ciudad Nueva, marzo 2023, pp.36, 37.]  CN 202303 De Edad en Edad de JC Duque Ametxazurra

Tuesday, May 17, 2022

No a la inversa

 

Photo by Boston Public Library on Unsplash

[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de EiTB el 17.05.2022. Este Blog fue cerrado el 01/07/2024]

Nos informa el Diccionario de la Real Academia de que comunicar, además de provenir del latín communicare, presenta once acepciones de las que cinco de las seis primeras hacen referencia a acciones que implican compartir, informar, transmitir o consultar entre congéneres de la especie homo sapiens.

Todo ese proceso de comunicación requiere alguien que emita, alguien que reciba, un mensaje, un canal ­—medio por el cual se transmite—, un código y un contexto. Entre los distintos medios artificiales —el natural es el aire— encontramos los audiovisuales, los radiofónicos, los impresos y los digitales. Y entre los tipos de comunicación tenemos principalmente la verbal —oral o escrita—, la no verbal —lenguaje corporal— y la gráfica.

No es necesario hacer hincapié en la influencia que la publicidad ha tenido y tiene sobre las decisiones de compra y consumo de la población, por no mencionar, además, las múltiples evidencias de manipulación informativa que venimos padeciendo y de las que hemos sido conscientes muy recientemente, amén de las adicciones tecnológicas desarrolladas y diagnosticadas en las últimas décadas.

Resulta paradójico que herramientas que fueron ideadas para el acercamiento y la comunicación de y entre personas, mediante su uso malintencionado e interesado lleguen a convertirse en sutiles armas de manipulación, aislamiento e incomunicación.

Photo by Erik Lucatero on Unsplash

Pero, ¿todo el enemigo se halla oculto tras el anonimato de las redes sociales o de las campañas publicitarias?

— ¡Perdona! Es un momentito...

— ¡Dame un segundo!

— ¡Es urgente!

— ¡Ya termino!

— ¡Voy, voy, voy...!

Estas u otras expresiones similares son las que nos dicen —o decimos—, cada vez más frecuentemente, mientras estamos con alguien en nuestro tiempo libre, tomando un café, en una comida, dando un paseo, viajando en un tren, autobús o avión, sentados en la sala de nuestra casa o en un parque y llevamos “cosido” en nuestra mano un teléfono inteligente que, como un niño caprichoso y maleducado, reclama constantemente nuestra atención. No nos damos cuenta, pero en muchas ocasiones dejamos con la palabra en la boca a quien está con nosotros y, tras nuestra “desconexión” no recordamos cuál era el tema de conversación o ni tan siquiera quién estaba hablando.

Cuando esto se produce, inconscientemente entramos en dos procesos. Uno de actitud multitarea e hipervigilancia personal obsesiva, respondiendo mensajes que se encadenan con otros mensajes, pasando por la revisión de mis otras redes sociales “por si hay algo”, etc. y un segundo de ninguneo para con la/s persona/s que nos acompaña/n: no son tan urgentes ni importantes como lo que tenemos que ver, oír, leer y/o contestar mediante nuestros smartphones y, consecuentemente, la/s ignoramos.

Este fenómeno ha generado un neologismo que lo describe: ningufonear (acrónimo de ningunear y telefonear. Adaptación del inglés phubbing  —de phone y snubbing— con igual significado). Descrito ya como fenómeno social por algunas investigaciones realizadas entre 2012 y 2016, lo definen como una conducta que responde a una adicción a internet y su uso desmesurado comparable a la ludopatía (Macedo, s.f.).

Al producirse cada vez con mayor frecuencia en nuestros entornos sociales, la asumimos como normal y aceptable en nuestras relaciones interpersonales. Como seres sociales que somos, reaccionamos con reciprocidad: unas veces soy ignorado por ti y otras soy yo quien te ignora. Finalmente, terminamos por ignoramos simultánea y recíprocamente. Esta normalidad y aceptación no nos permiten percibir cómo se va minando nuestra autoestima y aumentando nuestra insatisfacción.

Photo by McKaela Taylor on Unsplash

Y de nuestros ambientes sociales vamos trasladándola a nuestros entornos más íntimos: nuestras relaciones familiares o de pareja.  Sin apenas darnos cuenta, el número de conflictos provocados por la falta de atención debida a las interrupciones generadas por el phubbing acaban mermando gravemente las relaciones, afectan a la calidad de vida y crean un entorno propicio para la aparición de síntomas depresivos.

Si en algún momento percibimos que estamos ningufoneando a alguien, o que estamos siendo ningufoneados, quizás sería ese el momento de replantearnos cómo gestionamos nuestro autocontrol, qué uso estamos haciendo de nuestro teléfono y cuánto valoramos nuestras relaciones. No se trata de abandonar el uso de las nuevas tecnologías, sino de ponerlas en su sitio: al servicio de la humanidad. No a la inversa.

Bibliografía

FundeuRAE (2016, 11 de agosto).  Phubbing puede traducirse como ningufonear. Recuperado de https://www.fundeu.es/recomendacion/phubbing-puede-traducirse-como-ningufonear/

 Macedo, Joaquín (2016, 29 de septiembre) ¿​Qué es el “Phubbing” y cómo afecta a nuestras relaciones? Recuperado de https://psicologiaymente.com/social/phubbing


[Adaptación publicada en ComunicaciónCiudad Nueva, junio 2022, p.38. Publicada en el Blog de Ciutat Nova el 11/07/2022 (Català Castellano).]

Monday, August 09, 2021

La edad...


 Foto[1]: Cada día...

[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de EiTB el 09/08/2021 y en el Blog de Ciutat Nova el 25/10/2021 (Català - Castellano). El Blog de EiTB fue cerrado el 01/07/2024]

Aunque Quote Investigator[2] revela otras fuentes, se le atribuye a John Lennon la frase la vida es eso que pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes.

Cuando ya son muchas las hojas caídas de otros tantos calendarios, disfrutando de un merecido descanso estivo – espero -, el parón me ayuda a hacer dos viajes: uno físico, alejándome de la realidad cotidiana – ejercicio más que necesario, si es posible – y otro hacia adentro – si uno quiere -.

En este último una primera parada es el agradecimiento. Estoy aquí y ahora gracias a muchas personas y circunstancias. Sigo siendo importante - ¡perdón por la petulancia! Al menos, algo relevante - para algunas de ellas, entre éstas tú lectora, tú lector, por seguir mis palabras al viento -. Creo que también lo fui para otras que desgraciadamente ya no están a mi lado, o que dejaron de estarlo porque ellas o yo así lo decidimos. A todas ellas, ¡gracias por hacerme sentir así! – o por hacer que me lo crea -, ¡por hacerme ser quien soy!

Una segunda escala es pedir disculpas. Seguro que serán muchos – demasiados – los errores cometidos. Unos, quiero creer, inintencionados. Otros, puro fruto de la desidia o la debilidad… Por ignorancia, arrogancia, prepotencia o mil carencias que jamás seré capaz de identificar, reconocer… Errores pasados, presentes y futuros. Algunos tan arraigados, que seguirán ahí sin que ni siquiera pueda verlos... Creo humildemente que nunca he pretendido cometer ninguno con la aviesa intención de hacer daño a nadie... Aun así, ¡perdón por unos y otros!

La tercera estación es tomar conciencia del presente. El ser humano (...) nace sin que intervenga su voluntad y ha de morir contra su voluntad (...), morirá antes que los que ama, o éstos antes que él (...)[3]. Mirando los calendarios caídos, en mi caso, resulta más que evidente que los que queden por consumirse serán ya considerablemente menos que aquellos. ¡Y todos rebosantes de tantos momentos presentes...! Presente que, al fin y al cabo, es lo único que tengo. El pasado, aunque lo recuerde, ya se fue... El futuro, por mucho que lo planifique, nunca sabré si llegará y, si lo hace, seguramente diferirá mucho de cómo lo imaginé... ¡La realidad nunca dejará de sorprenderme! Parece ser la esencia de, según muchas y muchos expertos de - y en - la vida, física y espiritual, eso que nos pasa mientras gastamos el tiempo planeando lo que desconocemos si algún día será.

La conclusión es que querría dedicar cada presente que me quede a vivirlo sin prisa, haciendo que el tiempo dure, mirando a los ojos a quien esté a mi lado, zambulléndome en su presente y compartiéndolo con delicadeza, acogiendo ese misterio, ese tesoro, ese universo, como me gustaría que lo hicieran conmigo... O estando solo, prestando atención a mi entorno y hacer lo mismo con él...

En la serena noche de La vall d’Aro[4] miro hacia arriba, a las estrellas titilantes incrustadas en la ingrávida y oscura cúpula teñida hoy por nubecillas gris blanquecino, y siento calma... Por un momento se me ha pasado por la cabeza que desearía que mi alma tuviese la misma edad que la edad del cielo...



[2] Quote Investigator (2012, 6 de mayo). Life is What Happens To You While You’re Busy Making Other Plans. Recuperado de: https://quoteinvestigator.com/2012/05/06/other-plans/

[3] Fromm, Erich (1980). El arte de amar. Ediciones Paidós Ibérica, S.A., Barcelona. 19.

 


Jorge Drexler - La edad del cielo https://youtu.be/wcASVErTfzw

 

La edad del cielo
Jorge Drexler

No somos más
Que una gota de luz
Una estrella fugaz
Una chispa, tan sólo
En la edad del cielo

No somos lo
Que quisiéramos ser
Solo un breve latir
En un silencio antiguo
Con la edad del cielo

Calma
Todo está en calma
Deja que el beso dure
Deja que el tiempo cure
Deja que el alma
Tenga la misma edad
Que la edad del cielo

No somos más
Que un puñado de mar
Una broma de Dios
Un capricho del Sol
Del jardín del cielo

No damos pie
Entre tanto tic tac
Entre tanto Big Bang
Sólo un grano de sal
En el mar del cielo

Calma
Todo está en calma
Deja que el beso dure
Deja que el tiempo cure
Deja que el alma
Tenga la misma edad
Que la edad del cielo

Fuente: LyricFind

Autores de la canción: Jorge Abner Drexler / Jorge Abner Drexler Prada
Letra de La edad del cielo © Warner Chappell Music, Inc

Monday, July 05, 2021

Soledad, ¿cuál es la respuesta?


 Photo by Tijs van Leur on Unsplash

[He publicado esta entrada en la revista Ciudad Nueva, Emocional, Julio/Agosto 2021, p.11]

Julio de 2019. Una noticia nos descoloca: Se compran amigos y abrazos: la epidemia de soledad en EE UU ya es un negocio[1]. En el paraíso del capitalismo varios emprendedores detectan un nicho de mercado y reaccionan. 7 ó 21 dólares por caminar con alguien, 20 por tocarse sin intenciones sexuales, fiestas de abrazos, sillas vacías en la esquina de una calle para hablar con desconocidos, alquiler de amigos… Un sinfín de clientes se suscribe. ¡Están solos y muchas son las personas que sufren de soledad crónica!

Diciembre, mismo año: la pandemia. Además del duelo por la pérdida de familiares o amistades, una de las secuelas que nos está dejando es el sufrimiento por la separación física. Motivado por estas situaciones, no son pocas las personas que han caído en estados depresivos o han desarrollado algún tipo de trastorno relacional, por no hablar de la agudización de trastornos preexistentes.

Separación, aislamiento, toma de conciencia de nuestra impotencia, vulnerabilidad y fragilidad - ante un enemigo invisible -, duelo, trastornos emocionales, tristeza, angustia… son términos utilizados para definir un sentimiento inherente al ser humano: la soledad.

Según Dafne Cataluña, del Instituto Europeo de Psicología Positiva[2], son cinco los tipos de soledad: existencial, emocional, positiva, transitoria y crónica. Con Erich Fromm podemos intuir que todos ellos no son más que la manifestación de que el ser humano está dotado de razón, es vida consciente de sí misma (…), de sus semejantes, de su pasado y de las posibilidades de su futuro. Esa conciencia (…) como una entidad separada, (…) de su breve lapso de vida, del hecho de que nace sin que intervenga su voluntad y ha de morir contra su voluntad, de que morirá antes que los que ama, o éstos antes que él, (…) de su soledad y su «separatidad» (o estado de separación [T]), de su desvalidez frente a las fuerzas de la naturaleza y de la sociedad, todo ello hace de su existencia separada y desunida una insoportable prisión. Se volvería loco si no pudiera liberarse de su prisión y extender la mano para unirse (…) con los demás hombres, con el mundo exterior.[3]

Fromm va más allá y formula que la salida de esta prisión, la solución madura al problema de la existencia, es el amor, pero un amor entendido como arte - y ningún artista nace aprendido -. Este aprendizaje requiere disciplina (práctica diaria – o frecuente – de forma consciente), concentración en el instrumento (la otra persona), paciencia (lleva tiempo aprender) y preocupación por dominar el arte (querer aprender).

El distanciamiento preventivo nos ha hecho caer en la cuenta de lo importante que es un abrazo, un beso, un apretón de manos, estar juntos, vernos las caras… Cuando termine la pandemia ¿habremos aprendido algo?



[1] Laborde, Antonia (2019, 29 de julio) Se compran amigos y abrazos: la epidemia de soledad en EE UU ya es un negocio. El País, Sociedad. Recuperado de https://elpais.com/sociedad/2019/07/29/actualidad/1564417043_013460.html

[2] Cataluña, Dafne (2020, 21 de febrero). Tipos de soledad. Recuperado de https://www.iepp.es/tipos-de-soledad/

[3] Fromm, Erich (1980). El arte de amar. Ediciones Paidós Ibérica, S.A., Barcelona. 18-19.