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Tuesday, June 27, 2023

Escuchar, escuchar, escuchar y acompañar

 

Foto de Sasha Freemind en Unsplash

[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de EiTB el 26.06.2023. Este Blog fue cerrado el 01/07/2024]

Tendría 18 años. Estaba en Madrid, en el balcón de un quinto piso en casa de unos amigos. Apoyado en la barandilla mirando el tráfico pasar por el Paseo de las Delicias, de repente sentí claramente en mi cabeza “¿por qué no te tiras?”. Di un paso atrás hasta que mi espalda chocó con la pared, me quedé lo más cerca que pude de ella y en cuanto pude entré en la habitación bastante asustado. 

Unos veinte años más tarde por trabajo viajaba muchísimo. Cuando me senté en mi asiento, junto a la ventanilla del avión, tras abrocharme el cinturón pensé “¿y si se cae el avión? ¡Por fin podré descansar!” Este pensamiento me persiguió durante varios años... 

Estos dos episodios de mi vida coincidieron con situaciones complejas que se alargaron en el tiempo.

El primero, con la pérdida de mi madre dos meses antes de cumplir yo los 16 y la desaparición de mi lado de mi padre un año más tarde. Tras estos dos hechos, además de quedarme sin mi familia más directa siendo un adolescente, tuve que ocuparme personalmente de mi vida —casa, ropa, alimentación, estudios, etc.— y lo que materialmente eso significaba: conseguir los ingresos necesarios para hacer frente a los gastos correspondientes. 

El segundo, con el comienzo del desmoronamiento de lo que para mí había sido mi proyecto de vida —pérdida de una hija recién nacida y desintegración familiar con una ruptura matrimonial y dos hijas pequeñas y un hijo adolescente—, junto a una estresante situación laboral trufada de sentimientos de victimización y abuso laboral, así como de fracaso personal y profesional.

Técnicamente, los episodios descritos al principio son ideas o pensamientos y deseos de muerte que constituyen parte de la primera fase de la ideación suicida. 

Las situaciones vitales coincidentes con la manifestación de estas ideas o deseos de muerte abarcan completamente a la persona en todo su contexto vital (personal, familiar, educativo, laboral, social, biológico, psicológico…). 

Y mantenidas en el tiempo van hundiéndola en un pozo que le hace percibirse como una carga para sí misma y quienes le rodean, aislada de e incomprendida por su entorno, sin salida y sin posibilidad de que nadie la ayude y con la visión de un futuro muy negro, sin posibilidad de cambios, desesperanzador.

En aquellos momentos tuve la suerte de poder compartir estas experiencias con personas que me escucharon y estuvieron a mi lado. Que tras este delicado y sincero acompañamiento me pusieron en contacto con personas expertas que me ayudaron a aprender a aceptar mi fragilidad y a enfrentar las situaciones que la vida me ponía delante. Siempre les estaré agradecido (Foto de Jan Canty en Unsplash).

Todo ser humano, a lo largo de su vida, tendrá que enfrentar situaciones complejas que deberá aprender a manejar. Todo ser humano puede ser también esencial y fundamental para hacer más fácil este aprendizaje en quienes estén a su lado. 

Nota: Esta reflexión-confesión personal es fruto de mi participación el pasado 20 de mayo en la interesantísima charla-coloquio organizada por el Movimiento de los Focolares en Bilbao y que impartía Íñigo Samaniego Oviedo, un buen amigo y experimentado psicólogo clínico, con el título “Del tabú a la acción: hablemos del suicidio”. El objetivo de la sesión era acercar a quienes asistíamos a una realidad delicada, pero de una forma sencilla y clara al tiempo que científica. Quien quiera profundizar en lo tratado en esta sesión puede consultar el siguiente enlace. 

Referencias

Focolares, Movimiento de los. (2023, 8 de junio). Del tabú a la acción: hablemos del suicidio https://focolaresbilbao.wordpress.com/2023/06/08/del-tabu-a-la-accion-hablemos-del-suicidio/

Recursos de ayuda
Teléfonos
Línea de atención a la conducta suicida: 024
Emergencias: 112
Teléfono de la esperanza: 944 10 09 44

Web
Aidatu (Asociación Vasca de Suicidología): https://aidatu.org/
Programa para la prevención del suicidio: https://www.prevensuic.org

[Adaptación publicada en Prevenir el SuicidioCiudad Nueva, octubre 2023, p.13.] 

Monday, February 13, 2023

Madurez

 

Foto de leah hetteberg en Unsplash

 [He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de EiTB el 13.02.2023. Este Blog fue cerrado el 01/07/2024]

Según el Diccionario de la lengua española, en sus segunda y tercera acepciones, madurez es el “período de la vida en que se ha alcanzado la plenitud vital y aún no se ha llegado a la vejez” y el “buen juicio o prudencia, sensatez”. En el primer significado, “condición o estado de maduro”, nos redirige a este último concepto, maduro, ra, al que, en relación con la persona, lo define como el de alguien: “que ha alcanzado un estado de desarrollo adecuado para su utilización, funcionamiento o empleo”, “que ha alcanzado la capacidad mental propia de una persona adulta” o “que ha dejado de ser joven, pero no ha llegado a la vejez”.

Observando estas definiciones, parecería que la madurez se alcanza con los años, antes de llegar a la vejez y después de ser joven, cuando la persona se hace adulta, por el puro paso del tiempo. Y esto ocurre, al parecer, entre los 25 y los 60 años. Por otra parte, desde el punto de vista biológico, como en la mayoría de las especies, la madurez es un estado que se alcanza cuando el desarrollo físico y sexual está completo.

Visto y vivido lo sucedido desde los noventa con el cambio de milenio y particularmente en estos últimos quince años, de 2008 a 2023, tengo la impresión de que los conceptos manejados en los párrafos anteriores resultan difusos, laxos y hasta obsoletos en gran medida. ¿Qué es la “plenitud vital”? ¿Qué es “ser una persona adulta”? ¿Cuándo llegamos a “la vejez”? ¿Coincide nuestra evolución cerebral y conductual con las tradicionales fases temporales de niñez, adolescencia, juventud, madurez y vejez?

Con relación a los dos primeros periodos, y citando el estudio realizado en la Kansas State University, Holley Korbey aborda este tema enfatizando la percepción del alumnado universitario frente a cuestiones como el afrontamiento del conflicto y el manejo del estrés, la ansiedad y la depresión.

 «...cada vez hay más pruebas de que los problemas de la "edad adulta" y la salud mental de los universitarios pueden tener su origen, al menos en parte, en la infancia moderna. Las investigaciones demuestran que los jóvenes carecen de resiliencia emocional e independencia en comparación con las generaciones anteriores. El problema ha ido creciendo paralelamente al aumento de las tasas de ansiedad y depresión, quizá exacerbado por la pandemia de la COVID-19, y ha hecho que las universidades se esfuercen por ayudar y adaptarse.

“Algunos padres han estado criando a sus hijos de forma diferente, tienen ese valor del éxito a toda costa", afirma Dori Hutchinson, directora ejecutiva del Centro de Rehabilitación Psiquiátrica de la Universidad de Boston. "Me gusta describirlo como que algunos niños crecen con retraso en su desarrollo, los jóvenes de 18 años de hoy son como los de 12 de hace una década. Tienen muy poca tolerancia al conflicto y al malestar, y la COVID acaba de ponerlo en evidencia”» (Traducido de Korbey, 2022).

En las franjas temporales siguientes, encontramos a jóvenes de 30 años que no han abandonado el hogar familiar, y en sus cuarenta a madres y padres —bi o monoparentales— esperando bebés o criando niños y niñas pequeños.


Foto de Mario Purisic en Unsplash

Asimismo, son muchas las personas de entre 45 y 55 años que experimentan incertidumbre en o pérdida de sus trabajos y/o pasan por rupturas sentimentales. Situaciones que les obligan a situarse nuevamente ante una crisis, la de una segunda pubertad, que les coloca otra vez, pero mucho más tarde, en el momento de decidir cómo vivir hasta llegar a la vejez tras la pérdida de todo, o de gran parte, de lo construido hasta ese momento. Algunas de ellas reviven literalmente su época de púberes.

«... (no tiene por qué pasarle a todo el mundo) se les activa un malestar y una inquietud que puede llevar a rupturas de costumbres, hábitats e incluso lazos familiares y de pareja intentando volver a encontrar sensaciones perdidas. Pueden recurrir a fantasías de omnipotencia, idealización y control obsesivo característicos de otras épocas.

Dicho en cristiano, comienzan a vestirse como jovencitos recién salidos del "insti", asumen conductas arriesgadas, se vuelven rebeldes, quieren cambiar de vida o simplemente de físico por lo que se apuntan a la lista de espera de los centros de estética o al gimnasio exprés» (Serrano-Rosa, 2019).

Llegando a la jubilación (en torno a los 65), hoy en día nadie se siente viejo o vieja —anciana o anciano— todavía.

Las personas adolescentes estadounidenses mencionadas al principio mostraban retrasos en su maduración por falta de la adquisición de la resiliencia emocional e independencia en su infancia. Tras el breve recorrido presentado aquí hasta la jubilación, ¿podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que quienes estamos en las fases siguientes de nuestro desarrollo vital estamos (o somos) maduros? Además de esas dos capacidades o condiciones vitales —resiliencia e independencia—, ¿dónde quedan la proactividad, la empatía, la solidaridad, el pensamiento crítico, la conducta razonable, la aceptación de críticas y expresión de las nuestras de forma asertiva, la aceptación responsable de las consecuencias de nuestros actos y decisiones, etc.?

Aceptar sin temor el final de una etapa y el comienzo de otra, y prepararnos bien para encarar el nuevo camino que se nos abre, nos ayudará a reflexionar sin prisas sobre las decisiones a tomar. Nunca es tarde para comenzar este entrenamiento o para reforzar el que traíamos en nuestro acervo. Tener más o menos años, no basta para alcanzar la madurez.

Para reflexionar sobre algunos puntos de este tema, me permito recomendar las entradas de Arantza Echaniz: Sobre la resiliencia y ¡Tropezar no es malo! ¡Y caer no es peor!


Bibliografía

Diccionario de la lengua española. Madurez. RAE. Recuperado de https://dle.rae.es/madurez

Diccionario de la lengua española. Maduro, ra. RAE. Recuperado de https://dle.rae.es/maduro

Echaniz Barrondo, Arantza (2023, 6 de febrero). Sobre la resiliencia. Recuperado de http://echanizbarrondo.blogspot.com/2023/02/sobre-la-resiliencia.html

Echaniz Barrondo, Arantza (2018, 7 de mayo). ¡Tropezar no es malo! ¡Y caer no es peor! Recuperado de https://echanizbarrondo.blogspot.com/2018/05/tropezar-no-es-malo-y-caer-no-es-peor.html

Enciclopedia Concepto. Madurez. Editorial Etecé. Recuperado de https://concepto.de/madurez/

Ruiz Mitjana, Laura (2022, 25 de diciembre). Los adolescentes de 18 años de hoy son como los de 12 años de hace una década: tienen menos resiliencia emocional e independencia. Bebés y más. Recuperado de https://www.bebesymas.com/ser-padres/adolescentes-18-anos-hoy-como-12-anos-hace-decada-tienen-resiliencia-emocional-e-independencia

Korbey, Holly (2022, 20 de diciembre). Young adults are struggling with their mental health. Is more childhood independence the answer? Recuperado de https://www.kqed.org/mindshift/60624/young-adults-are-struggling-with-their-mental-health-is-more-childhood-independence-the-answer

Serrano-Rosa, Isabel (2019, 26 de diciembre). Crisis de la mediana edad: volver a la adolescencia a los 50 años. El Mundo. Recuperado de https://www.elmundo.es/vida-sana/mente/2019/12/26/5e009b76fc6c83c8578b459d.html


[Adaptación publicada en Ciudad Nueva, marzo 2023, pp.36, 37.]  CN 202303 De Edad en Edad de JC Duque Ametxazurra

Tuesday, May 17, 2022

No a la inversa

 

Photo by Boston Public Library on Unsplash

[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de EiTB el 17.05.2022. Este Blog fue cerrado el 01/07/2024]

Nos informa el Diccionario de la Real Academia de que comunicar, además de provenir del latín communicare, presenta once acepciones de las que cinco de las seis primeras hacen referencia a acciones que implican compartir, informar, transmitir o consultar entre congéneres de la especie homo sapiens.

Todo ese proceso de comunicación requiere alguien que emita, alguien que reciba, un mensaje, un canal ­—medio por el cual se transmite—, un código y un contexto. Entre los distintos medios artificiales —el natural es el aire— encontramos los audiovisuales, los radiofónicos, los impresos y los digitales. Y entre los tipos de comunicación tenemos principalmente la verbal —oral o escrita—, la no verbal —lenguaje corporal— y la gráfica.

No es necesario hacer hincapié en la influencia que la publicidad ha tenido y tiene sobre las decisiones de compra y consumo de la población, por no mencionar, además, las múltiples evidencias de manipulación informativa que venimos padeciendo y de las que hemos sido conscientes muy recientemente, amén de las adicciones tecnológicas desarrolladas y diagnosticadas en las últimas décadas.

Resulta paradójico que herramientas que fueron ideadas para el acercamiento y la comunicación de y entre personas, mediante su uso malintencionado e interesado lleguen a convertirse en sutiles armas de manipulación, aislamiento e incomunicación.

Photo by Erik Lucatero on Unsplash

Pero, ¿todo el enemigo se halla oculto tras el anonimato de las redes sociales o de las campañas publicitarias?

— ¡Perdona! Es un momentito...

— ¡Dame un segundo!

— ¡Es urgente!

— ¡Ya termino!

— ¡Voy, voy, voy...!

Estas u otras expresiones similares son las que nos dicen —o decimos—, cada vez más frecuentemente, mientras estamos con alguien en nuestro tiempo libre, tomando un café, en una comida, dando un paseo, viajando en un tren, autobús o avión, sentados en la sala de nuestra casa o en un parque y llevamos “cosido” en nuestra mano un teléfono inteligente que, como un niño caprichoso y maleducado, reclama constantemente nuestra atención. No nos damos cuenta, pero en muchas ocasiones dejamos con la palabra en la boca a quien está con nosotros y, tras nuestra “desconexión” no recordamos cuál era el tema de conversación o ni tan siquiera quién estaba hablando.

Cuando esto se produce, inconscientemente entramos en dos procesos. Uno de actitud multitarea e hipervigilancia personal obsesiva, respondiendo mensajes que se encadenan con otros mensajes, pasando por la revisión de mis otras redes sociales “por si hay algo”, etc. y un segundo de ninguneo para con la/s persona/s que nos acompaña/n: no son tan urgentes ni importantes como lo que tenemos que ver, oír, leer y/o contestar mediante nuestros smartphones y, consecuentemente, la/s ignoramos.

Este fenómeno ha generado un neologismo que lo describe: ningufonear (acrónimo de ningunear y telefonear. Adaptación del inglés phubbing  —de phone y snubbing— con igual significado). Descrito ya como fenómeno social por algunas investigaciones realizadas entre 2012 y 2016, lo definen como una conducta que responde a una adicción a internet y su uso desmesurado comparable a la ludopatía (Macedo, s.f.).

Al producirse cada vez con mayor frecuencia en nuestros entornos sociales, la asumimos como normal y aceptable en nuestras relaciones interpersonales. Como seres sociales que somos, reaccionamos con reciprocidad: unas veces soy ignorado por ti y otras soy yo quien te ignora. Finalmente, terminamos por ignoramos simultánea y recíprocamente. Esta normalidad y aceptación no nos permiten percibir cómo se va minando nuestra autoestima y aumentando nuestra insatisfacción.

Photo by McKaela Taylor on Unsplash

Y de nuestros ambientes sociales vamos trasladándola a nuestros entornos más íntimos: nuestras relaciones familiares o de pareja.  Sin apenas darnos cuenta, el número de conflictos provocados por la falta de atención debida a las interrupciones generadas por el phubbing acaban mermando gravemente las relaciones, afectan a la calidad de vida y crean un entorno propicio para la aparición de síntomas depresivos.

Si en algún momento percibimos que estamos ningufoneando a alguien, o que estamos siendo ningufoneados, quizás sería ese el momento de replantearnos cómo gestionamos nuestro autocontrol, qué uso estamos haciendo de nuestro teléfono y cuánto valoramos nuestras relaciones. No se trata de abandonar el uso de las nuevas tecnologías, sino de ponerlas en su sitio: al servicio de la humanidad. No a la inversa.

Bibliografía

FundeuRAE (2016, 11 de agosto).  Phubbing puede traducirse como ningufonear. Recuperado de https://www.fundeu.es/recomendacion/phubbing-puede-traducirse-como-ningufonear/

 Macedo, Joaquín (2016, 29 de septiembre) ¿​Qué es el “Phubbing” y cómo afecta a nuestras relaciones? Recuperado de https://psicologiaymente.com/social/phubbing


[Adaptación publicada en ComunicaciónCiudad Nueva, junio 2022, p.38. Publicada en el Blog de Ciutat Nova el 11/07/2022 (Català Castellano).]

Monday, July 05, 2021

Soledad, ¿cuál es la respuesta?


 Photo by Tijs van Leur on Unsplash

[He publicado esta entrada en la revista Ciudad Nueva, Emocional, Julio/Agosto 2021, p.11]

Julio de 2019. Una noticia nos descoloca: Se compran amigos y abrazos: la epidemia de soledad en EE UU ya es un negocio[1]. En el paraíso del capitalismo varios emprendedores detectan un nicho de mercado y reaccionan. 7 ó 21 dólares por caminar con alguien, 20 por tocarse sin intenciones sexuales, fiestas de abrazos, sillas vacías en la esquina de una calle para hablar con desconocidos, alquiler de amigos… Un sinfín de clientes se suscribe. ¡Están solos y muchas son las personas que sufren de soledad crónica!

Diciembre, mismo año: la pandemia. Además del duelo por la pérdida de familiares o amistades, una de las secuelas que nos está dejando es el sufrimiento por la separación física. Motivado por estas situaciones, no son pocas las personas que han caído en estados depresivos o han desarrollado algún tipo de trastorno relacional, por no hablar de la agudización de trastornos preexistentes.

Separación, aislamiento, toma de conciencia de nuestra impotencia, vulnerabilidad y fragilidad - ante un enemigo invisible -, duelo, trastornos emocionales, tristeza, angustia… son términos utilizados para definir un sentimiento inherente al ser humano: la soledad.

Según Dafne Cataluña, del Instituto Europeo de Psicología Positiva[2], son cinco los tipos de soledad: existencial, emocional, positiva, transitoria y crónica. Con Erich Fromm podemos intuir que todos ellos no son más que la manifestación de que el ser humano está dotado de razón, es vida consciente de sí misma (…), de sus semejantes, de su pasado y de las posibilidades de su futuro. Esa conciencia (…) como una entidad separada, (…) de su breve lapso de vida, del hecho de que nace sin que intervenga su voluntad y ha de morir contra su voluntad, de que morirá antes que los que ama, o éstos antes que él, (…) de su soledad y su «separatidad» (o estado de separación [T]), de su desvalidez frente a las fuerzas de la naturaleza y de la sociedad, todo ello hace de su existencia separada y desunida una insoportable prisión. Se volvería loco si no pudiera liberarse de su prisión y extender la mano para unirse (…) con los demás hombres, con el mundo exterior.[3]

Fromm va más allá y formula que la salida de esta prisión, la solución madura al problema de la existencia, es el amor, pero un amor entendido como arte - y ningún artista nace aprendido -. Este aprendizaje requiere disciplina (práctica diaria – o frecuente – de forma consciente), concentración en el instrumento (la otra persona), paciencia (lleva tiempo aprender) y preocupación por dominar el arte (querer aprender).

El distanciamiento preventivo nos ha hecho caer en la cuenta de lo importante que es un abrazo, un beso, un apretón de manos, estar juntos, vernos las caras… Cuando termine la pandemia ¿habremos aprendido algo?



[1] Laborde, Antonia (2019, 29 de julio) Se compran amigos y abrazos: la epidemia de soledad en EE UU ya es un negocio. El País, Sociedad. Recuperado de https://elpais.com/sociedad/2019/07/29/actualidad/1564417043_013460.html

[2] Cataluña, Dafne (2020, 21 de febrero). Tipos de soledad. Recuperado de https://www.iepp.es/tipos-de-soledad/

[3] Fromm, Erich (1980). El arte de amar. Ediciones Paidós Ibérica, S.A., Barcelona. 18-19.


Friday, April 02, 2021

La punta del iceberg



[He publicado esta entrada en la revista Ciudad Nueva, abril 2021, pág. 11]

Las violentas protestas por la detención del rapero Pablo Hasél, o las provocadas por el mantenimiento o incremento de las restricciones derivadas de la Covid-19 en varios países europeos, o el asalto al Capitolio en Washington, han provocado indignación, por un lado, y comprensión y respaldo, por otro. Actos similares se llevan sucediendo por todo el mundo – con menos repercusión mediática en el occidente capitalista – desde hace ya demasiado tiempo.

En un reciente artículo, Juan Pagola reflexiona sobre el posible origen de esta violencia a la que se refiere como impulsiva y desenfrenada y que define como la punta de un iceberg, cuyo detonante en muchos casos es anecdótico, una historia particular, un encontronazo nefasto o una pequeña chispa que prende la hoguera (…). Es un fenómeno de carácter multifactorial. Pero en el que se evidencia un profundo malestar y desasosiego. Las causas hay que buscarlas en los índices de paro juvenil, en el despliegue de un ocio desmedido que pretende escapar de una realidad agobiante, en la incapacidad de esta juventud para alumbrar un futuro con proyectos estables de vida, en la soledad a la hora de encontrar apoyos en una sociedad que se preocupa por lo suyo, en la desconfianza en unas instituciones que no están mirando a la ciudadanía sino a sí mismas… Como señala Innerarity (Pandemocracia, 2020), esta crisis «nos encuentra con un sistema político infradotado de capacidad estratégica, demasiado competitivo, volcado en el corto plazo, oportunista y con escasa disposición a aprender» (Pagola, 2021).

Si recogemos todos estos elementos aparentemente inconexos, nos encontramos con un caldo de cultivo idóneo para el desarrollo de populismos, cuya piedra angular es la confrontación entre el pueblo real y su corrupta élite dirigente – sea del signo que sea. Allá por 2002, Chiara Lubich puso el dedo en la llaga de la causa fundamental del origen de muchos de estos conflictos:

Nos encontramos en un período que puede definirse como el de después del 11 de septiembre. Si analizamos este fenómeno, nos damos cuenta de que tiene numerosas causas, pero hay una que es fundamental: el desequilibrio entre países pobres y ricos. Ahí está precisamente el desafío. Hace falta que hagamos algo. No basta la diplomacia, la acción política. Este problema no se resolverá con la guerra. Para solucionarlo hay que descubrir la solidaridad universal, reconocernos como hermanos (Zenit, 2002).

Esta nueva categoría política, la fraternidad, nos cuestiona como seres humanos y nos confronta con nuestra responsabilidad personal y colectiva. No es algo que únicamente se estudia, se medita o sobre lo que se reflexiona. Presupone un cambio de actitud y una concreción individual y grupal. 

Bibliografía

Innerarity, Daniel (2020). Pandemocracia: una filosofia de la crisis del coronavirus. Barcelona: Galaxia Gutenberg, pág. 53

Pagola, Juan (2021, 20 de febrero). ¿Dónde está el germen de esta violencia? Recuperado de: http://solasean.com/blog/donde-esta-el-germen-de-esta-violencia/ 

Zenit (2002, 15 de diciembre). Entrevista: Chiara Lubich: La fraternidad, única respuesta eficaz al terrorismo. Recuperado de: https://es.zenit.org/articles/chiara-lubich-la-fraternidad-unica-respuesta-eficaz-al-terrorismo/ 
 
 

Friday, June 05, 2020

¿Farolillos?


[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de EiTB el 05/06/2020. Este Blog fue cerrado el 01/07/2024]

Lamento utilizar esta expresión, pero hoy no tengo nada para farolillos... Llevamos, al menos en Euskadi, al igual que en el resto del Reino de España, más o menos paralizados desde el 14 de marzo de 2020. Ochentaitantos días... Hace unos pocos, Arantza, mi mujer,  me preguntaba: ¿de qué vas a hablar en tu post?

- Creo que esta vez va a ser algo intimista... - respondí.

Sencillamente por constatar que soy - eso intento - una persona corriente... Una más...

En otras ocasiones ya he dicho que pienso que el miedo no es buen consejero. Sin embargo, debo reconocer que lo he sentido. ¡Sí! Y sigo sintiéndolo... A finales de mayo llegué a los 59 [cuarenta y todos en euskara, lengua generosa en la que, hasta los sesenta, uno sigue teniendo cuarentaitantos... Berrogeita hemeretzi (cuarenta y diecinueve). Una ilusión cognitiva]. El miedo a lo desconocido, a lo invisible, es tan irracional como esa ilusión. ¿Y qué más invisible y desconocido que un virus? ¿Qué puede hacernos más vulnerables e indefensos que un peligro microscópico que no sabemos cómo combatir? Sentir el frío filo de nuestra fragilidad...

He sentido vergüenza, mucha vergüenza. Por el uso torticero que algunas y algunos políticos han hecho de las víctimas, por querer desviar nuestra atención enfangándose en extemporáneas, innecesarias y vomitivas discusiones fuera de lugar y de tono... ¡Señorías: su electorado, hoy, no tiene nada para farolillos...!

Vergüenza también por la irresponsabilidad de unos pocos conciudadanos que menosprecian con sus actitudes y acciones tantos esfuerzos de profesionales y del resto de la ciudadanía por salir de esta, poniéndonos nuevamente en riesgo a todas y a todos... ¿No os dais cuenta, idiotas, de que no tenemos nada para farolillos...?

He sentido dolor y rabia por tantas y tantos que siguen bajo la lluvia de los bombardeos, teniendo que abandonar hogares y tierras, por quienes no tienen nada que llevarse a la boca, por los recluidos en campos de refugiados de por vida, por quienes siguen sufriendo enfermedades que por muy poco podrían ser erradicadas... Y ahora, además, les cae encima esta pandemia... Más cerca de nosotros, por quienes han perdido a los suyos por la enfermedad y por quienes han perdido su trabajo. ¿Puede alguien pensar que tengan algo para farolillos?

En medio del miedo, descubro que soy una persona más que afortunada: hasta el momento, he esquivado al bicho y mantenido mi trabajo, al igual que todas mis personas más cercanas...

En medio de la vergüenza, descubro que yo, cada una, cada uno, somos imprescindibles en la asunción de responsabilidades y en la obligación de seguir adelante a pesar de los parásitos - psicópatas integrados como los denomina el Dr. Iñaki Piñuel - depredadores intraespecie...

En medio del dolor y la rabia, descubro también que yo, cada una, cada uno, podemos, por poco que sea, hacer algo.


Si has llegado hasta aquí, además de darte las gracias, querida lectora, querido lector, puedo inferir que tenemos mucho en común...

Permíteme una confidencia. Hace unos días, escuchaba a dos periodistas de referencia, Javier del Pino y Juan José Millás, en un programa de radio con mucha repercusión mediática, interpelados por el mensaje respetuoso y educadamente formulado de un oyente, en el que les planteaba que él había hecho su parte actualizando y desempolvando sus creencias y prácticas religiosas y les invitaba a hacer lo propio con las suyas, más bien opuestas. Ellos reconocían públicamente que les había hecho reflexionar en cuanto a que, ciertamente, tendrían que revisar y actualizar su ateísmo (o agnosticismo), quizás anclado en un pasado lejano y desfasado.

Durante el confinamiento se ha criticado, al menos en este país, a la Iglesia (Católica) por su aparente ausencia, por su silencio en estos meses. Como cristiano católico practicante, he de confesar que yo también, como el oyente citado, he intentado renovar y actualizar  mi religiosidad y mi visión respecto de la economía, mi implicación real y efectiva, según mis posibilidades, para corresponsabilizarme en la reducción de la pobreza, de la igualdad de géneros y de la aceptación de opiniones - y opciones - distintas a las mías, de la espiritualidad colectiva e individual y sus variedades, de la ecología, el cuidado y respeto por el único planeta que ahora tenemos y en el que vivimos, del concepto de sociedad, belleza, arte... De la lucha por la paz. De qué se considera veraz y qué puede ser mentira intencionada y de incrementar, mediante el estudio y la lectura plurales, el acercamiento a mi objetividad subjetiva informada, abierta al contraste y al diálogo respetuoso con otras objetividades subjetivas informadas... De aprender a hacer uso de los medios de comunicación y de las redes sociales para intentar transmitir positividad y rigor en mis opiniones, pensando más en el juntos/as todas y todos que en el Virgencita que me quede como estoy, ¡que ganen los míos!... Me consta que muchas otras personas correligionarias han hecho, están haciendo, este mismo camino y se han puesto manos a la obra para hacer realidad la regla de oro: haz a los demás lo que te gustaría que te hicieran a ti. Quizás no seamos, lamentablemente, todas y todos. La Iglesia no es solamente su jerarquía. Y lo es solamente si sus miembros están junto a ella. Y todo esto, muchas veces, en silencio y sin descanso.

En silencio y sin descanso, como tantas otras personas fieles de otras confesiones o con creencias no religiosas, preocupadas por - e implicadas en - la economía y la erradicación de la pobreza, la inclusión, la igualdad, la paz, la interioridad, el respeto por la naturaleza, el arte, la cultura, la diversidad, la tolerancia, la verdad, el diálogo respetuoso, la positividad, coherencia e integridad de los medios de transmisión de la información, la conciencia de que o vamos juntas o no podremos salir de esto...

Si los fines son los mismos, ¿no sería más sensato ir de la mano en la misma dirección, con independencia de los motivos que impulsen nuestros pasos?

Será importante que no olvidemos que en este momento, más que nunca en la historia, el futuro depende de cada una, de cada uno... ¡Y esas personas somos tú y yo! Y esta vez no podemos dejarlo para otro momento...

[Adaptación publicada en Hablando de...Ciudad Nueva, diciembre 2020, p.28]