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Wednesday, January 08, 2025

Cuídame

 

Imagen de Tung Lam en Pixabay

[Esta entrada ha sido publicada en la revista LAR #4 Invierno 2024, sección Melodías, p. 8, y en la web el 20 de diciembre de 2024. Castellano Català]

El primer signo de civilización

Cuando nos sentimos fuertes, con salud, en un entorno seguro y rodeados de personas que nos inspiran confianza a menudo olvidamos lo frágiles que somos. Este olvido, además, es inversamente proporcional a nuestra edad. Podemos encontrarnos con nuestra vulnerabilidad de forma inesperada. Una catástrofe natural, un accidente, una enfermedad, la súbita muerte de alguna persona cercana, la pérdida del trabajo, para demasiadas personas la guerra..., o plácidamente cuando poco a poco nos acercamos al final de nuestro camino. ¿Habrá alguien que no necesite cuidados en algún momento de su vida?

La antropóloga estadounidense Margaret Mead consideraba que el primer signo de civilización en una cultura antigua fue cuando se descubrió un fémur fracturado que apareció sanado. En el reino animal, si te rompes una pierna, mueres. No puedes buscar comida o agua ni huir del peligro, siendo presa fácil para los animales salvajes. Y ningún animal con una extremidad motriz rota sobrevive lo suficiente para que el hueso se suelde por sí solo. De modo que un fémur roto curado evidencia que alguien se quedó con quien se lo rompió, y le vendó e inmovilizó la fractura. Es decir, lo cuidó.

Cuidar es algo inherente al ser humano. E implica acercamiento, comunicación, es decir escucha y entendimiento de las necesidades más allá de las palabras, atención a los gestos, actitudes y silencios. No impone, sino que acompaña y asiste en lo físico, en lo emocional, espiritual y social.

La carga del cuidado no profesional, por tanto ni remunerado ni reconocido, todavía recae principalmente en las mujeres y las niñas, mostrando una distribución de responsabilidades nada equitativa y que, además, vulnera sus derechos humanos. Y en el ámbito profesional se mantiene este desequilibrio numérico...

Todo parece indicar que en los últimos años está habiendo un notable incremento de la concienciación y de la participación ciudadana en cuestiones relacionadas con el cuidado. De personas, el medio ambiente, la economía sostenible, nuestra propia supervivencia, la reacción ante catástrofes... Aunque las noticias se obstinan en mostrar únicamente los aspectos negativos del lado más oscuro de nuestro planeta, me viene en mente lo que le contestó Jesús al maestro de la ley tras contarle el episodio del samaritano: “¿Cuál de estos tres te parece que ha sido prójimo del que cayó en manos de los bandidos?». Él dijo: «El que practicó la misericordia con él». Jesús le dijo: «Anda y haz tú lo mismo». (Lc 10:36-37)

Tema musical:

Pedro Guerra, Jorge Drexler: Cuídame (Directo Libertad 8)


Monday, July 15, 2024

Sinfonía

Imagen de Vilius Kukanauskas en Pixabay

[Esta entrada ha sido publicada en la revista LAR #2 Verano 2024, sección Melodías, p. 8, y en la web el 12 de julio de 2024. Castellano / Català]

Algunas veces, la música que nos resuena dentro es mucho más que una canción. Últimamente la percibo próxima a una sinfonía. En tono menor.

Primer movimiento. Allegro energico, ma non troppo

Desde febrero de 2022 y octubre de 2023, tambores de guerra suenan cerca. Y estos no son los únicos que redoblan. Se hace difícil, por no decir imposible, recordar algún periodo histórico sin guerras. Al menos en los últimos diez mil años. Del mismo modo, hace mucho tiempo que no resulta nada sencillo encontrarles algún sentido más allá de la codicia, el odio o la intolerancia de un grupo humano contra otro. Y, particularmente desde 1914, con un grado de crudeza, crueldad, destrucción y aberración inhumanas y escalofriantes, progresivamente corregidas y aumentadas, nunca antes conocidas.

Segundo movimiento. Andante Moderato

Hay personas muy especiales en nuestra vida. Y si además compartes con ellas proyectos entusiasmantes y novedosos, el viaje se convierte en una maravillosa y placentera aventura.  Personas a quienes sientes intensamente en el corazón, en la mente, en la existencia. Tan dentro que cuando les diagnostican una extraña dolencia, con pronóstico tan incierto que casi nadie se atreve a formularlo, sientes que se te hiela la sangre. Él entra ahora en una dura batalla. Tú continúas tu día a día, sí, pero la vida se hace pesada, la mente no deja de dar vueltas y el corazón duele al latir.

Tercer movimiento. Scherzo

Una amiga cercana, con quien en la adolescencia compartiste fiestas, sueños, proyectos y viajes. Recibes una llamada. Tuvo una recaída de su enfermedad y una crisis repentina. Acaban de sedarla. Horas después, ese mismo día, no vuelve a despertar. Sensación de impotencia. Tuvo que irse y no pudimos despedirnos...

Cuarto movimiento. Finale. Allegro moderato — Allegro energico

Algunas veces, notas graves, ritmos lentos y solemnes, colores oscuros, entornos fríos y nebulosos son los que nos envuelven y ralentizan dificultando el día a día. La vida continúa y, pese a las pesadas sombras, se puede seguir deseando la paz intentando construirla; seguir deseando lo mejor para el amigo que ahora lucha, intentando estar ahí, a su lado; seguir deseando consuelo para quienes perdieron una hermana, una madre, una amiga e intentando no olvidar cómo vivir con quienes nos rodean...

 

Tema musical:

Erik Satie, Alexandre Tharaud. Gnossienne: No. 1


 



Friday, December 15, 2023

Señora: yo merezco, porque tú eres mi dama, yo merezco vivir


 [He publicado esta entrevista en la revista digital Deusto Alumni Time el 15.12.2023]

Nos inspiramos en los versos de Mahmud Darwish para titular esta entrevista con Hithem Abdulhaleem Lubbadeh, doctor en Psicología por la Universidad de Deusto.

Solidarizadas/os con tu pueblo, ¿cómo vive esta tragedia —crónica de una espeluznante aberración anunciada— el pueblo palestino lejos de su tierra?

Hablo diariamente con mi familia y con mis amigos palestinos sobre esta situación tan apocalíptica que estamos atravesando como pueblo. Hablamos para compartir información y los pareceres que manejamos, pero también para buscar consuelo, conexión y aliento. En todas las conversaciones se deja entrever un torbellino de emociones, de tristeza, angustia, incertidumbre y rabia. Creo que el sentimiento que más notoriamente resuena es el horror y la indefensión, alimentados por una injusticia sistémica y el silencio ensordecedor de la comunidad internacional.

Las imágenes que nos llegan desde Gaza retratan una de las peores calamidades vividas en las últimas décadas. Más de 20 mil víctimas civiles palestinas, entre ellas más de 10 mil niñas y niños, además de 50 mil personas heridas y mutiladas, pintando todo ello una escena sombría de la magnitud del sufrimiento. Casi dos millones de gazatíes (el 80% de la población total) se vieron obligados a desplazarse y a dirigirse a la zona sur de la franja, en busca de un refugio seguro que no existe, ya que los ataques israelíes se han extendido hasta allí también. Ahora se encuentran hacinados en grandes campos de concentración, sin agua y sin recursos básicos, anunciando una espantosa crisis humanitaria. 

El aluvión de bombas israelíes cae sin cesar de forma indiscriminada y feroz, causando víctimas entre el personal sanitario, los periodistas y los trabajadores humanitarios de la ONU. Hasta los bebés prematuros en las incubadoras no se han salvado. El nivel de asolación y devastación es inimaginable: todas las zonas urbanas, infraestructuras y hospitales reducidos a escombros; ambulancias, escuelas, mezquitas e iglesias de gran valor arquitectónico e histórico convertidos en cenizas.

Ante esta tesitura desgarradora, se han estancado nuestras vidas. Se está gestando un nuevo trauma en nuestra memoria colectiva, que se añade a otros tantos que llevamos acumulando desde 1948. La particularidad de esta situación es que el pueblo palestino parece estar atrapado en un ciclo interminable de crisis. La diferencia entre aquellos que han sufrido un estrés postráumatico y los palestinos, es que estos últimos apenas tienen tiempo para asomarse a la fase post-traumática, para la sanación y la reconstrucción, sino que se hallan inmersos en una sucesión constante de experiencias extremas. Es una crónica penosa que va a dejar una profunda herida no solo en nuestra alma, sino también en la conciencia de la comunidad internacional.

Los habitantes de Palestina no son exclusivamente musulmanes. Aunque mayoritarios, también hay mujeres y hombres que profesan el cristianismo, el judaísmo, otras religiones y, también, personas con creencias no religiosas. Otro tanto sucede en el lado israelí. También, salvo extremistas radicales, existen muchos espacios de convivencia y diálogo interreligioso, incluso familias fruto de matrimonios mixtos. Si la inmensa mayoría de la población puede convivir en paz, ¿qué consideras que dirige los discursos del odio por ambas partes del conflicto?

Efectivamente, Palestina es un crisol de identidades. Tenemos muchos ejemplos de paz y de unidad entre los diferentes componentes culturales que configuran la identidad palestina, especialmente entre musulmanes y cristianos. Podemos presumir de un modelo de convivencia exitoso, que también está abierto a la población judía, pero que lamentablemente se ha visto diezmado tras la creación del estado israelí en 1948.

El discurso político y cultural de los palestinos es meramente anticolonialista. Defiende su derecho a la libertad y a la autodeterminación, enfocándose en la justicia y la resistencia legítima, sin enredarse en las miradas despectivas hacia ninguna comunidad en particular. Los discursos intolerantes de grupos como el ISIS, por ejemplo, no tienen cabida en la sociedad palestina. De hecho, hubo un intento de infiltración dentro de Gaza y Cisjordania, pero fue abortado y encontró una respuesta de rechazo muy firme y unánime a nivel político y social.

Las raíces del conflicto en Oriente Próximo residen en dos hechos principales, que son el telón de fondo que nutre el discurso del odio. Por una parte, está la ocupación israelí del territorio palestino y, por otra, la tradición cultural y religiosa que da soporte ideológico a esta ocupación. A mi entender, este puede considerarse como una causa estructural que orienta el conflicto y que no hace más que perpetuarlo.

Se sabe que la narrativa israelí se basa mayoritariamente en pretextos teológicos y en un nacionalismo extremadamente radical, parafraseando al ex decano de la facultad de teología de la Universidad de Deusto, Rafael Aguirre.

A lo largo de los años, se ha articulado una mentalidad sionista arraigada en la idea de la exclusividad territorial y obcecada en erigir murallas que separan a las diferentes poblaciones. No quiero ser pesimista, pero los que ostentan esta visión aún no están preparados para visualizar al palestino como identidad soberana o como un sujeto legítimo que tiene derecho a la existencia en su tierra.

Muchas voces israelíes críticas con Netanyahu y su Gobierno llevan años denunciando el galopante deterioro social en Israel tras el asesinato de Isaac Rabin en 1995 a manos de un extremista judío —Yigal Amir— contrario a la paz refrendada entre Palestina e Israel (Acuerdos de Oslo, 13/09/1993, entre Israel —Rabin— y la OLP —Arafat—). Desde entonces, se ha producido un debilitamiento tanto de los moderados palestinos como de los israelíes y un fortalecimiento de los fanatismos en ambos lados, haciendo que la narrativa política se haya mantenido inamovible. ¿Crees que será posible algún día encontrar interlocutores de talla que trabajen con un real deseo de construir la paz en Tierra Santa?

Es cierto, como reconocimiento a sus esfuerzos por el diálogo, a Rabin y a Arafat se les otorgó el Premio Nobel de la Paz y el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. El primero fue asesinado por un extremista judío y el segundo vivió la última etapa de su vida cercado y confinado en su residencia de Ramallah, bajo arresto domiciliario decretado por Ariel Sharón, ex jefe del gobierno israelí.

Creo que tiene que haber otros interlocutores de renombre capaces de sentarse en la mesa de las negociaciones y buscar una paz justa y duradera en Tierra Santa, si bien en estos momentos de tempestad me resulta difícil poder visualizarlos. 

La sociedad palestina en general y sus representantes en particular (políticos, académicos, escritores, poetas, etc.) han demostrado que, a pesar de la adversidad que afrontan, tienen un compromiso notable a favor de la paz y del diálogo. De hecho, tras los Acuerdos de Oslo de 1993, Palestina reconoció el estado israelí, pero este último no lo ha hecho. Los palestinos sostienen que su lucha por la libertad debe llevarse a cabo con el fin de suprimir la conculcación de los derechos humanos y crear un estado independiente, no como una expresión de animadversión hacia el judaísmo como religión.

Hay voces disidentes que emergen cada vez más dentro de la comunidad judía, que cuestionan el estado israelí y su política de segregación racial. Desafortunadamente estas figuras no ostentan gran poder político, pero son activistas, periodistas e intelectuales respetables y nada desdeñables.

El papel de la comunidad internacional y la sociedad civil es crucial en este sentido. Su intervención y acción pueden desempeñar un papel significativo y poner fin a la espiral de violencia. El desafío radica en nuestra capacidad de desmantelar las estructuras y las visiones que sostienen la ocupación y el conflicto. Creo que este es el objetivo que tenemos que alcanzar en estos momentos.

Se suele hablar de la solución basada en “dos estados” como fórmula única para la paz en la zona. No puedo evitar expresar mis dudas al respecto. La mentalidad sionista que está en el poder, de la que hablé anteriormente, no puede contemplar ni concebir esta fórmula, dado que choca diametralmente con su visión exclusivista y colonialista. Creo que la alternativa más adecuada sería, me atrevo a decir, un estado único palestino, soberano, democrático, pluricultural y de derecho, en el que se garantiza la libertad de culto y se respetan los vínculos históricos y espirituales que tienen todas las comunidades con esta tierra, la comunidad judía inclusive. Un estado que asegura la estabilidad regional y mantenga una relación de cooperación y de diálogo sincero y productivo con Europa. Esta es una propuesta audaz, pero creo que es digna de ser tomada en consideración.

Demasiados intereses —mayoritariamente económicos y geoestratégicos— mueven los hilos de los conflictos armados. Palestina no es una excepción. Se maquillan con tintes histórico-religiosos y envuelven a las poblaciones afectadas en complicadas telarañas afectivas, identitarias y espirituales. ¿Cómo podemos identificar, denunciar y protegernos de estas manipulaciones?

Vivimos en una época de mucha incertidumbre, de crisis a gran escala, de confusión identitaria, de discriminaciones, etc. Todo ello aumenta nuestra vulnerabilidad ante los discursos exacerbados y propagandísticos. De hecho, estamos siendo sometidos y sometidas a una campaña hostil de desinformación, que requiere fortalecer nuestra capacidad de discernimiento y diversificar nuestras fuentes.

Creo que las estrategias de identificar las manipulaciones y de protegernos de ellas consisten en dos elementos cruciales: primero tenemos que desarrollar un conocimiento específico sobre el contexto histórico en el que surgen los conflictos, como el palestino-israelí. Segundo, desarrollar el pensamiento crítico. Es esencial verificar y revisar constantemente la credibilidad de las fuentes que consumimos. La credibilidad para mí consiste demostrar coherencia entre lo que uno dice y lo que realmente hace. Todo ello nos ayudará para enriquecer nuestras perspectivas y no caer en las interpretaciones sesgadas.

¿Qué recomendarías a las y los Alumni de la Universidad de Deusto para acercarse de forma crítica a estas situaciones incomprensibles y tratar de contribuir a la consecución de la defensa de los derechos humanos, la promoción de la justicia y el diálogo cultural e interreligioso?

Lo que está aconteciendo en Gaza pone a prueba nuestra capacidad colectiva de defender los ideales y los valores en los que creemos. La inacción y la pasividad ante este drama pone en riesgo todo el sistema de principios éticos que hemos elaborado como sociedad. Es un imperativo ético convertir nuestros discursos sobre los derechos humanos en hechos concretos. En caso contrario, todo será una retórica hueca.

Gracias Hithem por compartir tus reflexiones con Deusto Alumni Time. Para terminar, deseando que la paz se consiga cuanto antes, ¿algo que quieras añadir?

Quería agradecer a Deusto Alumni Time, a sus gestoras y gestores, por dar voz y espacio a nuestros puntos de vista.

Desear Felices Fiestas Navideñas a todas y todos. Esperemos que las próximas se celebren en Belén y Gaza en paz, justicia y fraternidad.


Fotografías: Archivo personal de Hithem Abdulhaleem, y encabezado, extraída de poesiaarabe.com

Wednesday, October 06, 2021

Segunda oportunidad

 

 Foto de Motoki Tonn en Unsplash

[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de EiTB el 06.10.2021. Este Blog fue cerrado el 01/07/2024]

Los japoneses inventaron a mediados del siglo XV el arte kintsugi (o kintsukuroi), consistente en aplicar generosamente una pasta de resina – fruto de la mezcla de barniz de resina con polvo de oro, plata o platino – en las zonas fisuradas o fracturadas de piezas de cerámica no con el ánimo de restaurarlas a su forma original, sino de repararlas ensalzando la belleza de sus cicatrices. El resultado final no es la pieza original tal como era, sino esa misma pieza rota, recompuesta y embellecida por el metal precioso.

Todas y todos, tarde o temprano, acabamos rompiéndonos: enfermedad, traición, infidelidad, abandono, rechazo, separación, odio, acoso, abuso, fracaso, desastres naturales, guerra, muerte... Cada una de estas causas, por mencionar algunas porque más haberlas haylas, y sus respectivas consecuencias pueden hacer añicos por dentro y por fuera la preciosa y delicada vasija que somos. Y para estas fracturas no hay kintsugi. Más aún si quien las produce es un victimario que nos convierte en víctimas.

Recientemente he visto la película Maixabel, estrenada el pasado 24 de septiembre, dirigida por Icíar Bollaín y protagonizada por Blanca Portillo, Luis Tosar, Urko Olazabal y María Cerezuela, en los principales papeles, y galardonada con el Premio Cine Vasco en el Zinemaldia de San Sebastián. En ella se refleja el proceso interior de Maixabel Lasa (viuda de una víctima mortal de ETA – Juan María Jáuregui - y convertida ella también en víctima) cuando dos de los victimarios piden encontrarse cara a cara con ella. Superando las dudas y el inmenso dolor que le provocan estos encuentros, finalmente accede[1].

Obviando la excelente factura de la cinta, he de reconocer que en muchas ocasiones no pude contener las lágrimas. Haber vivido cuarenta años en la Euskadi que refleja el film hace que broten muchas emociones muy intensas.

 Como afirma Joan-Carles Mèlich Sangrà,

Somos finitos porque heredamos una tradición, una gramática, esto es, un conjunto de signos, símbolos, valores, actitudes, ritos, mitos... que configuran, sin querer, la imagen que tenemos del mundo, de los demás y de nosotros mismos. No es posible, precisamente porque somos finitos, construirnos o crearnos a voluntad, sino solo «desde y en» la gramática que hemos heredado y que nunca podremos abandonar (al menos del todo)[2].

Zambullirse en el drama real reflejado en esos 115 minutos cinematográficos permite palpar los procesos existenciales de las personas reales representadas y ser testigo de su desarrollo y evolución individual. Constatar que el diálogo, el respeto interpersonal, la profunda reflexión, la revisión de la gramática individual son posibles, es una bocanada de aire fresco para una sociedad aún herida. Hace soñar que para algunas fracturas sí existe algo parecido al kintsugi. Pero como todo arte requiere disciplina, concentración, paciencia y preocupación por dominarlo.

 Quiero que Maixabel Lasa sea quien termine estas líneas:

El perdón es una palabra que para mí tiene muchísimas connotaciones religiosas. Y yo no soy religiosa, soy agnóstica. Yo creo que dar una segunda oportunidad a una persona quiere decir lo que quiere decir, ni más ni menos. Yo se la quiero dar a quienes han solicitado estar conmigo y han hecho un recorrido personal. Puede haber alguien que no lo entienda y que lo disfrace diciendo que cómo he podido perdonar. Pero esto es algo mayor que eso y queda entre ellos y yo[3].


[1] Filmaffinity (2021, 24 de septiembre). Maixabel. Recuperado de: https://www.filmaffinity.com/es/film375190.html

[2] Mèlich Sangrà, Joan-Carles (2012). Paradojas (Una nota sobre el perdón y la finitud). Ars Brevis, Barcelona. P. 123. Recuperado de: https://ddd.uab.cat/pub/artpub/2012/196670/arsbre_a2012n18p122.pdf

[3] Zas Marcos, Mónica (2021, 27 de septiembre). Maixabel Lasa, víctima de ETA: "Perdonar tiene una connotación religiosa y yo soy agnóstica". elDiario, Entrevista. Recuperado el 28/09/2021 de https://www.eldiario.es/cultura/maixabel-lasa-victima-eta-perdonar-agnostica_1_8341694.html

Monday, August 09, 2021

La edad...


 Foto[1]: Cada día...

[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de EiTB el 09/08/2021 y en el Blog de Ciutat Nova el 25/10/2021 (Català - Castellano). El Blog de EiTB fue cerrado el 01/07/2024]

Aunque Quote Investigator[2] revela otras fuentes, se le atribuye a John Lennon la frase la vida es eso que pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes.

Cuando ya son muchas las hojas caídas de otros tantos calendarios, disfrutando de un merecido descanso estivo – espero -, el parón me ayuda a hacer dos viajes: uno físico, alejándome de la realidad cotidiana – ejercicio más que necesario, si es posible – y otro hacia adentro – si uno quiere -.

En este último una primera parada es el agradecimiento. Estoy aquí y ahora gracias a muchas personas y circunstancias. Sigo siendo importante - ¡perdón por la petulancia! Al menos, algo relevante - para algunas de ellas, entre éstas tú lectora, tú lector, por seguir mis palabras al viento -. Creo que también lo fui para otras que desgraciadamente ya no están a mi lado, o que dejaron de estarlo porque ellas o yo así lo decidimos. A todas ellas, ¡gracias por hacerme sentir así! – o por hacer que me lo crea -, ¡por hacerme ser quien soy!

Una segunda escala es pedir disculpas. Seguro que serán muchos – demasiados – los errores cometidos. Unos, quiero creer, inintencionados. Otros, puro fruto de la desidia o la debilidad… Por ignorancia, arrogancia, prepotencia o mil carencias que jamás seré capaz de identificar, reconocer… Errores pasados, presentes y futuros. Algunos tan arraigados, que seguirán ahí sin que ni siquiera pueda verlos... Creo humildemente que nunca he pretendido cometer ninguno con la aviesa intención de hacer daño a nadie... Aun así, ¡perdón por unos y otros!

La tercera estación es tomar conciencia del presente. El ser humano (...) nace sin que intervenga su voluntad y ha de morir contra su voluntad (...), morirá antes que los que ama, o éstos antes que él (...)[3]. Mirando los calendarios caídos, en mi caso, resulta más que evidente que los que queden por consumirse serán ya considerablemente menos que aquellos. ¡Y todos rebosantes de tantos momentos presentes...! Presente que, al fin y al cabo, es lo único que tengo. El pasado, aunque lo recuerde, ya se fue... El futuro, por mucho que lo planifique, nunca sabré si llegará y, si lo hace, seguramente diferirá mucho de cómo lo imaginé... ¡La realidad nunca dejará de sorprenderme! Parece ser la esencia de, según muchas y muchos expertos de - y en - la vida, física y espiritual, eso que nos pasa mientras gastamos el tiempo planeando lo que desconocemos si algún día será.

La conclusión es que querría dedicar cada presente que me quede a vivirlo sin prisa, haciendo que el tiempo dure, mirando a los ojos a quien esté a mi lado, zambulléndome en su presente y compartiéndolo con delicadeza, acogiendo ese misterio, ese tesoro, ese universo, como me gustaría que lo hicieran conmigo... O estando solo, prestando atención a mi entorno y hacer lo mismo con él...

En la serena noche de La vall d’Aro[4] miro hacia arriba, a las estrellas titilantes incrustadas en la ingrávida y oscura cúpula teñida hoy por nubecillas gris blanquecino, y siento calma... Por un momento se me ha pasado por la cabeza que desearía que mi alma tuviese la misma edad que la edad del cielo...



[2] Quote Investigator (2012, 6 de mayo). Life is What Happens To You While You’re Busy Making Other Plans. Recuperado de: https://quoteinvestigator.com/2012/05/06/other-plans/

[3] Fromm, Erich (1980). El arte de amar. Ediciones Paidós Ibérica, S.A., Barcelona. 19.

 


Jorge Drexler - La edad del cielo https://youtu.be/wcASVErTfzw

 

La edad del cielo
Jorge Drexler

No somos más
Que una gota de luz
Una estrella fugaz
Una chispa, tan sólo
En la edad del cielo

No somos lo
Que quisiéramos ser
Solo un breve latir
En un silencio antiguo
Con la edad del cielo

Calma
Todo está en calma
Deja que el beso dure
Deja que el tiempo cure
Deja que el alma
Tenga la misma edad
Que la edad del cielo

No somos más
Que un puñado de mar
Una broma de Dios
Un capricho del Sol
Del jardín del cielo

No damos pie
Entre tanto tic tac
Entre tanto Big Bang
Sólo un grano de sal
En el mar del cielo

Calma
Todo está en calma
Deja que el beso dure
Deja que el tiempo cure
Deja que el alma
Tenga la misma edad
Que la edad del cielo

Fuente: LyricFind

Autores de la canción: Jorge Abner Drexler / Jorge Abner Drexler Prada
Letra de La edad del cielo © Warner Chappell Music, Inc

Monday, July 05, 2021

Soledad, ¿cuál es la respuesta?


 Photo by Tijs van Leur on Unsplash

[He publicado esta entrada en la revista Ciudad Nueva, Emocional, Julio/Agosto 2021, p.11]

Julio de 2019. Una noticia nos descoloca: Se compran amigos y abrazos: la epidemia de soledad en EE UU ya es un negocio[1]. En el paraíso del capitalismo varios emprendedores detectan un nicho de mercado y reaccionan. 7 ó 21 dólares por caminar con alguien, 20 por tocarse sin intenciones sexuales, fiestas de abrazos, sillas vacías en la esquina de una calle para hablar con desconocidos, alquiler de amigos… Un sinfín de clientes se suscribe. ¡Están solos y muchas son las personas que sufren de soledad crónica!

Diciembre, mismo año: la pandemia. Además del duelo por la pérdida de familiares o amistades, una de las secuelas que nos está dejando es el sufrimiento por la separación física. Motivado por estas situaciones, no son pocas las personas que han caído en estados depresivos o han desarrollado algún tipo de trastorno relacional, por no hablar de la agudización de trastornos preexistentes.

Separación, aislamiento, toma de conciencia de nuestra impotencia, vulnerabilidad y fragilidad - ante un enemigo invisible -, duelo, trastornos emocionales, tristeza, angustia… son términos utilizados para definir un sentimiento inherente al ser humano: la soledad.

Según Dafne Cataluña, del Instituto Europeo de Psicología Positiva[2], son cinco los tipos de soledad: existencial, emocional, positiva, transitoria y crónica. Con Erich Fromm podemos intuir que todos ellos no son más que la manifestación de que el ser humano está dotado de razón, es vida consciente de sí misma (…), de sus semejantes, de su pasado y de las posibilidades de su futuro. Esa conciencia (…) como una entidad separada, (…) de su breve lapso de vida, del hecho de que nace sin que intervenga su voluntad y ha de morir contra su voluntad, de que morirá antes que los que ama, o éstos antes que él, (…) de su soledad y su «separatidad» (o estado de separación [T]), de su desvalidez frente a las fuerzas de la naturaleza y de la sociedad, todo ello hace de su existencia separada y desunida una insoportable prisión. Se volvería loco si no pudiera liberarse de su prisión y extender la mano para unirse (…) con los demás hombres, con el mundo exterior.[3]

Fromm va más allá y formula que la salida de esta prisión, la solución madura al problema de la existencia, es el amor, pero un amor entendido como arte - y ningún artista nace aprendido -. Este aprendizaje requiere disciplina (práctica diaria – o frecuente – de forma consciente), concentración en el instrumento (la otra persona), paciencia (lleva tiempo aprender) y preocupación por dominar el arte (querer aprender).

El distanciamiento preventivo nos ha hecho caer en la cuenta de lo importante que es un abrazo, un beso, un apretón de manos, estar juntos, vernos las caras… Cuando termine la pandemia ¿habremos aprendido algo?



[1] Laborde, Antonia (2019, 29 de julio) Se compran amigos y abrazos: la epidemia de soledad en EE UU ya es un negocio. El País, Sociedad. Recuperado de https://elpais.com/sociedad/2019/07/29/actualidad/1564417043_013460.html

[2] Cataluña, Dafne (2020, 21 de febrero). Tipos de soledad. Recuperado de https://www.iepp.es/tipos-de-soledad/

[3] Fromm, Erich (1980). El arte de amar. Ediciones Paidós Ibérica, S.A., Barcelona. 18-19.


Monday, June 28, 2021

Talleres ESPERE

 


[He publicado esta entrada en la revista digital Alumni Time, el 21/06/2021 (Castellano / Euskara)]

Un proceso para sanar, transformar, restaurar y recuperar 

"La mirada que tiene la ESPERE de la salud mental, se refiere no sólo a un individuo sano (en tanto ausencia de trauma) sino de un individuo con relaciones que contribuyan a la generación de equidad, justicia, cuidado, compasión, empatía y validación permanente. Los procesos de perdón y reconciliación tienen efectos directos en la mejora del bienestar psicológico y físico"

La Fundación Para la Reconciliación, instituida en 2003 por Leonel Narváez Gómez, Sacerdote Católico Misionero de La Consolata, es una entidad colombiana sin ánimo de lucro que desarrolla y aplica pedagogías para promover la Cultura Ciudadana del Cuidado, el Perdón y la Reconciliación. Facilitan procesos de prevención, transformación pacífica de conflictos, superación de las violencias y fortalecimiento de la cohesión social contribuyendo a la construcción de una paz sostenible. Uno de los cuatro programas creados por esta Fundación son las Escuelas de Perdón y Reconciliación (ES.PE.RE.).

Estas Escuelas son un proceso pedagógico vivencial y lúdico para sanar las heridas, transformar la memoria ingrata, generar prácticas restaurativas y brindar herramientas para recuperar la confianza¹. Han llegado a más de 2 millones de personas en 22 países, recibiendo distintos reconocimientos, entre ellos el Premio Unesco de Educación para la Paz en 2006.

Las personas a las que se dirigen son todas aquellas que buscan sanar sus heridas de la vida cotidiana: exclusiones, humillaciones, bullying, riñas, problemas intrafamiliares, algún tipo de abuso o violencia, etc.

En 2018 inician su andadura en Euskadi de la mano de Manu Arrue SJ, responsable de Paz y Reconciliación de la Diócesis de Bilbao (2015 – 2018) y líder del proyecto de Perdón y Reconciliación del Centro Loyola, del Santuario de Loyola, con el objetivo de acompañar procesos que ayuden a sanar las heridas y el sufrimiento generados por los distintos tipos de violencia y la vulneración de los derechos humanos en nuestro país².

Manu Arrue SJ, Responsable del proyecto de Perdón y Reconciliación del Centro Loyola, del Santuario de Loyola.

Tras la pandemia, ¿cuál es tu opinión respecto de la necesidad de retomar los procesos de reconciliación?

Por testimonios que he escuchado, en algunos casos, se han tensado las relaciones, sobre todo las familiares y laborales. Y merecen un proceso de perdón que acabe en reconciliación. Y para otro grupo de personas, también ha sido la ocasión de entrar dentro de sí mismas y darse cuenta de algunas rabias que no les dejan vivir y de algunas personas con las que debían haber hecho las paces o de otras con las que están a tiempo de hacerlas.

¿Cuál es la metodología de los talleres ESPERE?

Es una metodología activa. Aprender haciendo. Son once módulos. En cada uno de ellos en primer lugar comenzamos haciendo un espacio seguro con alguna dinámica de confianza, después trabajamos una situación personalmente, y según el contenido, lo compartimos en grupos de tres personas, quedando muy clara la confidencialidad, y la escucha. A continuación, hacemos alguna lectura que ayude a poner palabras a lo vivido y un momento de clarificación. Terminamos con un cierre del módulo mediante un gesto, un símbolo, un escrito, y un pequeño recordatorio de la sesión. 

Presentamos a continuación el testimonio de dos Alumni de la Universidad de Deusto, miembros del equipo ESPERE de Bilbao.

Txema Auzmendi SJ, Lic. Filosofía (Prom. 75) por la Universidad de Deusto

¿Qué te impulsó a participar en los talleres ESPERE?

La extraordinaria experiencia que viví en Lima fue la que me impulsó a «entrar» en ESPERE. Vivimos la experiencia en Lima un grupo de personas que habíamos viajado allí desde Cuba. Fue preciosa. Y al volver a Cuba, pusimos en marcha los talleres ESPERE en varias ciudades: La Habana, Santiago... Tuvo lugar hace 6-7 años. Desgraciadamente, desconozco si el grupo sigue y se mantiene en activo.

¿Qué señalarías como más relevante de la experiencia vivida hasta ahora con el equipo de ESPERE?

Diría que la sed de venganza, el causar dolor a quien te lo ha causado puede cambiar y quien ha vivido algo así entra en una «nueva» vida: el sufrimiento y el dolor permanecen, pero no como antes, puesto que he hecho las paces conmigo mismo, al igual que con la persona que me creaba ese odio y sed de venganza.

¿Cuáles son tus expectativas de futuro respecto del Perdón y la Reconciliación en Euskadi?

Creo que existe una gran necesidad de ello, pero ¿cómo y dónde se puede realizar una presentación de lo que ESPERE ofrece? ¿Cómo y dónde se puede invitar a quienes necesitan vivir una experiencia similar, a quienes viven esclavos del odio y de hacer el mal a otros? Si no hay, si no tenemos oportunidad de hacer publicidad de ESPERE en TV o en radio, es difícil acercarse a las personas que necesitarían hacerlo. Ese es, a mi juicio, el mayor obstáculo para ofrecer ESPERE a la gente y no sé cómo superar esa dificultad. Tampoco creo que haya posibilidad de hacer una oferta más restringida o más corta, puesto que darse cuenta de la necesidad de perdón y de la bondad de darlo no son temas baladíes. Necesitan tiempo, ya que son en su mayoría procesos bastante largos y complicados.

Arantza Echaniz, Lic. Economía y Dirección de Empresas (Prom. 91); Dra. en la misma disciplina (Prom. 01) por la Universidad de Deusto

¿Qué te impulsó a participar en los talleres ESPERE?

Conozco a Manu Arrue, sj hace muchos años, desde mi época de estudiante en el campus de San Sebastián. Recibí una invitación suya a participar en un taller de fin de semana, dinamizado por dos personas del equipo ESPERE de Perú, cuyo título me cautivó. Creo firmemente en el poder sanador del perdón y en la necesidad de reconciliación. Además, se presentaba como un taller vivencial en el que cada persona trabajaríamos una herida personal, que no tenía que ser ni muy reciente ni muy ‘sangrante’. Al finalizar el taller nos propuso formar parte de un equipo cuyo objetivo sería trabajar la metodología ESPERE en nuestro entorno y no lo dudé.

¿Qué señalarías como más relevante de la experiencia vivida hasta ahora con el equipo de ESPERE?

Creo que hemos formado un equipo diverso, comprometido e ilusionado. Además, recibimos una formación online de la Universidad Ruiz de Montoya (Perú) que fue muy interesante y nos ayudó a profundizar. Desde entonces nos hemos reunido periódicamente para seguir formándonos, adaptar la metodología y desarrollar los talleres que vamos a impartir. Por desgracia, la pandemia ha hecho que no hayamos podido impartir muchos de ellos.

¿Cuáles son tus expectativas de futuro respecto del Perdón y la Reconciliación en Euskadi?

Creo que en Euskadi tenemos un pasado bastante reciente en el que ha habido mucho dolor, muchas heridas que han marcado nuestra sociedad. Afortunadamente, se ha avanzado mucho y hay diversas iniciativas que van en el camino de la sanación de esas heridas. La metodología ESPERE puede ayudar en ese camino; lo mismo que puede ayudar a cualquier persona que quiera hacer un trabajo personal de superación del sufrimiento generado por cualquier tipo de violencia o vulneración de derechos.

¹ Escuelas de Perdón y Reconciliación (ESPERE). Recuperado el 17/05/2021 de http://fundacionparalareconciliacion.org/escuelas-de-perdon-y-reconciliacion-espere/

² Perdón y Reconciliación. Recuperado el 17/05/2021 de https://loyola.global/es/noticias/142511-perdon-y-reconciliacion

Foto encabezado de Jakrawut Ouiseng en Unsplash.

Monday, June 21, 2021

Ignatius 500

 


[He publicado esta entrada en la revista digital Alumni Time, Es Noticia,  el 21/06/2021 (Castellano / Euskara)]

500 años de la conversión de San Ignacio de Loyola

20 de mayo de 1521. La fortaleza de la ciudadela pamplonica estaba sitiada por los franceses. El alcaide, analizada la situación, decide entregarla. Un aguerrido caballero vasco de 26 años le convence de lo contrario y, finalmente, aunque los otros caballeros no están del todo persuadidos, hacen frente al enemigo y continúan con la defensa. Tras un buen rato de batalla, un cañonazo galo acierta de pleno en la pierna derecha del vasco hiriéndole también la otra. Producida esta baja la fortaleza se rinde. El tozudo guerrero vasco es Iñigo de Loyola (Iñigo cambiará su nombre a Ignacio entre 1537 y 1542).

El herido es bien atendido por los vencedores y, después de casi dos semanas en Pamplona, lo trasladan hasta su casa natal: la casa solar de Loyola, cerca de Azpeitia. Una vez allí, atendidas sus heridas, su salud se deteriora peligrosa y rápidamente, temiendo todos por su vida. Ya desahuciado el 28 de junio por la mañana, a media noche y de forma repentina comienza su recuperación.

Joven de raíces enlazadas con la nobleza guipuzcoana y vizcaína, dado a las vanidades del mundo que principalmente se deleitaba en ejercicio de armas con un grande y vano deseo de ganar honra¹, con un pasado más bien relajado y licencioso y amante de las novelas de caballerías, durante su convalecencia, no pudiendo tenerse en pie, pide a los suyos sus lecturas favoritas para pasar el tiempo. No habiendo tales libros en la casa, le dieron un Vita Christi y un libro de la vida de los santos en romance.

Empezó a aficionarse a las historias que en ellos se narraban, aunque sus pensamientos iban alternándose entre lo que acababa de leer y su vida pasada. Sobre todo, una que tenía tanto poseído su corazón, que se estaba luego en pensar en ella dos y tres y cuatro horas sin sentirlo, imaginando lo que había de hacer en servicio de una señora, los medios que tomaría para poder ir a la tierra donde ella estaba, los motes, las palabras que le diría, los hechos de armas que haría en su servicio. Y estaba con esto tan envanecido, que no miraba cuán imposible era poderlo alcanzar; porque la señora no era de vulgar nobleza: no condesa, ni duquesa, mas era su estado más alto que ninguno destas.

En estos ejercicios de introspección fue percibiendo que mientras pensaba en lo mundano, se deleitaba mucho; mas cuando después de cansado lo dejaba, hallábase seco y descontento. Por el contrario, reflexionando sobre la vida de Jesús y la de los santos, no solamente se consolaba cuando estaba en los tales pensamientos, mas aun después de dejado, quedaba contento y alegre… No solo, sino que, además, crecía en él el deseo de vivir como ellos.

Una noche, estando despierto, vio claramente una imagen de nuestra Señora con el santo Niño Jesús, con cuya vista por espacio notable recibió consolación muy excesiva, y quedó con tanto asco de toda la vida pasada, y especialmente de cosas de carne, que le parecía habérsele quitado del ánima todas las especies que antes tenía en ella pintadas.


Son estos los primeros renglones del libro de la historia de la Compañía de Jesús que este año conmemora el quinto centenario de la conversión de su fundador. Del 20 de mayo de 2021 hasta el 31 de julio de 2022 se celebra el segundo Año Jubilar Ignaciano con el objetivo de potenciar el Camino Ignaciano como instrumento de encuentro con Dios y de crecimiento personal.

Con el deseo de hacernos descubrir que la Ignaciana es una espiritualidad para la renovación del mundo, tanto la Universidad de Deusto como la Provincia de España de la Compañía de Jesús han preparado programas y actividades en los que podemos participar y que pueden consultarse a través de los enlaces:

Universidad de Deusto: https://www.deusto.es/cs/Satellite/estudios/es/ignaciano
Provincia de España: https://ignatius500.org/es/
Internacional: https://ignatius500.global/

El P. General de la Compañía de Jesús, Arturo Sosa SJ, nos convoca en este Año Ignaciano a seguir su lema, Ver nuevas todas las cosas en Cristo, para alcanzar nuestra propia conversión que nos oriente la vida a Dios y al prójimo, porque Dios nos convoca a salir al mundo junto con otros.

¹ Los textos en cursiva se corresponden con citas de la edición de Josep María Rambla Blanch SJ de la obra El Peregrino: Autobiografía de Ignacio de Loyola, Ediciones Mensajero, Bilbao 2016,17-22 [N.A. J.C.D.A.].


Francisco José Ruiz Pérez SJ, delegado del Vicerrector de Comunidad Universitaria y Agenda 2030 para la celebración del Año Ignaciano en la Universidad de Deusto, nos transmite su reflexión.

El Año Ignaciano coincide con un momento especialmente crítico del mundo contemporáneo. Todo indica que la pandemia vírica que aún estamos cruzando es señal evidente de que nos abocamos a una transformación de dimensiones inciertas. Las cosas no pueden seguir siendo iguales a como las dejamos antes de haber experimentado la Covid-19. La enfermedad tiene la forma de una herida global y mortífera, cuyo dolor nos está haciendo comprender una humanidad nueva. En el aire se respira la urgencia de que demos saltos de consciencia, pero para que sean finalmente auténticos saltos de conciencia.

El Año Ignaciano puede ser un grano de arena en la ambientación y la inspiración de un cambio como el que imaginamos. La Compañía de Jesús entresaca de la biografía de su fundador, san Ignacio de Loyola, aquel momento tan decisivo de su vida en que se sumerge en una frustración sin precedentes. Si la Iglesia reconoce santidad en él, es por el salto cualitativo de consciencia y conciencia que protagoniza en ese trance. También fue una herida, de guerra esta vez, la que activa un proceso personal de transformación.

En realidad, aquella conversión es prototipo de otras que sucederán después, individuales y colectivas. Por eso, nos interesa tanto recordarla. Quien fuera un convencido de las lógicas del poder y la fuerza pasó a ser un testigo de lo contrario, de la otra lógica que san Ignacio vio en la existencia de Jesús de Nazaret. De hecho, su sueño colectivo se llamará “Compañía de Jesús”. No hay otros liderazgos más válidos, ni otras visiones de futuro más plausibles, ni otras estrategias mejores de resolución de conflictos.

¿Y si nuestro mundo pospandémico se detuviera en sus heridas, renunciara a evadirse de su responsabilidad en ellas, se pusiera a pergeñar una agenda de cambio que afrontara la fragilidad amenazada del planeta y proyectara soluciones colectivas y fraternas? Eso fue lo que hizo san Ignacio en su proporción, en sus circunstancias y en su contexto. Y, por eso, celebramos el Año Ignaciano: para que aquella dinámica continúe y no se detenga.


Wednesday, April 21, 2021

Montaña rusa

 

 Foto: Frenjamin Benklin en Unsplash

[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de EiTB el 21/04/2021. Este Blog fue cerrado el 01/07/2024]

¿Quién no ha subido voluntariamente a una montaña rusa en toda su vida? Sentimientos de pavor y atracción repartidos a partes iguales nos han movido – al menos la primera vez – a introducirnos en un pequeño carrito con barras y arneses de sujeción en el asiento, montado sobre unos rieles que seguirían trayectos diseñados de forma casi imposible y cuyo movimiento violentaría hasta límites insospechados las leyes físicas del tiempo, la gravedad, la velocidad, la energía potencial y la cinética… ¡Y, además, pagando por ello!

Creo que somos muchas las personas que decidimos hace tiempo evitar en lo posible este tipo de experiencia denominada atracción y que se encuentra en ferias ambulantes y parques temáticos varios.

En ocasiones, fuera de esos entornos artificiales, nos encontramos con que nuestra vida, o la de personas cercanas a nosotros, de forma inesperada y repentina, sin comerlo ni beberlo, es llevada en volandas e introducida en un carrito invisible, este sin barras ni arneses de seguridad:

A mi ama (Maite) le operaron de la mano el día 17 de marzo. El 19 empezó con síntomas: fiebre y algo de tos. Pensamos que se había resfriado en la operación (…) Vino a mi casa el día 21 y el 23 dio positivo (Covid-19). Yo di positivo el 24. Mi hijo dio negativo en la primera y positivo en la segunda, el día 1 de abril.  (…) A mi marido, que está en su casa con su hija, le sucedió lo mismo que a mi hijo. Afortunadamente su hija dio negativo (…) Mi ama ingresó en el hospital el día 26. Está en la UCI (…) Mi hermana (…) también dio positivo. Y eso que 18 días antes le habían puesto la vacuna. (Echaniz, 2021).

Lamentablemente, el 17 de abril, de madrugada, tras 22 días en la UCI, entre momentos de esperanza y preocupación, Maite nos dejó.

El marido de la cita soy yo y, tras el positivo del 30 de marzo – ya llevaba confinado desde el 25 -, tuve que ser ingresado con neumonía el 7 de abril. El día 10 pude regresar a casa…

Completamente asintomático en todo momento, salvo dos días en los que tuve unas décimas de fiebre, en 17 días adelgacé 7 kg, había perdido el apetito completamente, sufrí leves alucinaciones, cada vez era menos capaz de hablar con nadie, la saturación de oxígeno en sangre rondaba el 86% el día que me ingresaron… Y todo esto sin percibir ni experimentar en ningún momento ni fiebre, ni tos, ni mocos, ni dolores musculares, ni dificultades respiratorias, ni anosmia, ni ageusia… Lo único que sentía era que me encontraba como si me hubiera pasado un tren por encima.

En menos de un mes, la vida de nuestra familia, cada una de nuestras vidas, ha cambiado completamente en un abrir y cerrar de ojos.

Personalmente, a toro pasado, he podido constatar mi vulnerabilidad y mi fragilidad, la profunda sensación de impotencia para poder hacer nada. La total pérdida de control sobre mí y mi entorno. Experimentar que poco a poco, sin apenas darme cuenta, mi cuerpo se iba apagando lentamente.

Con igual intensidad siento una inmensa gratitud: por poder seguir y estar aquí, por mi hija Maialen, quien a sus 21 años fue enfermera, cocinera, amiga y compañera durante el confinamiento y quien en soledad iba constatando el deterioro. Por mi mujer, Arantza, infatigable e insustituible ángel custodio. Por el equipo sanitario que, con profesionalidad, delicadeza, cariño e inmensa humanidad me atendió en todo momento. Por el apoyo, tanto a mí como a mi familia, de los equipos de familiares y amigos - esa red de seguridad emocional que te hace sentir más que afortunado, multimillonario, por tenerlos. Por el Carisma de la Unidad, que me ha ayudado a recordar en los momentos de lucidez que podía ofrecer lo que estaba viviendo por tantas y tantos, cercanos y lejanos, y que aún enfermo eso es algo que se puede hacer.

Creo haber aprendido algo en este último mes y espero no olvidarlo. Cuando pasa todo, te das cuenta de que en un pispás estás y dejas de estar… Las cosas no siempre salen como queremos o esperamos y hay que asumirlo: es parte de la vida. Sin perder la esperanza, pero siendo realistas. Seguir juntos adelante sin olvidar que todas y todos nos necesitamos recíprocamente.

NOTA: recomiendo la lectura de Los colores son más vívidos. (Echaniz, 2021)

Bibliografía

Echaniz Barrondo, Arantza (2021, 12 de abril) Los colores son más vívidos. Recuperado de: https://blogs.eitb.eus/inteligenciaemocional/2021/04/12/los-colores-son-mas-vividos/

Ventura, Dalia (2019, 22 de diciembre).  La montaña rusa, el aterrador legado que nos dejó Catalina la Grande. BBC News Mundo. Recuperado de: https://www.bbc.com/mundo/noticias-50842384