Monday, July 01, 2019

Corazón de madre


[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb el 01.07.2019]

Luna de miel es un concepto que al menos en el suroeste europeo empieza a sonar trasnochado. Ni qué decir tiene que lo de contraer matrimonio no es algo que preocupe a muchas parejas. Y ya, lo de que sea eclesiástico…

A expensas de que me tilden de idealista trasnochado, tras pasar por la vicaría, mi compañera de vida sugirió la posibilidad de que disfrutáramos de nuestra luna de miel en Filipinas. Cabe reseñar que su espíritu aventurero es considerablemente inferior al mío, por no decir casi inexistente, y que lo de pasar veintitrés horas entre aviones y aeropuertos – de ida y de vuelta -no es algo que le atraiga particularmente. Su sugerencia era un acto de inmensa generosidad y amor hacia mí: desde mediados del siglo XIX, en Filipinas se fueron hilando y tejiendo las vidas de mis abuelos, mis padres, mis cuatro hermanas y mi hermano. La mía había comenzado en las antípodas centroamericanas, en San José, Costa Rica, y nunca había estado en el archipiélago del sureste asiático. De esa lista de migrantes y criollos quedamos tres: Carmen (80), Vicky (79) y yo (58). Las mayores y el benjamín. Detrás de nosotros están nuestras hijas e hijos y los de Miren, hermana que dejó este mundo en 2013. Esa fue la última vez que nos habíamos visto los tres, cuando fuimos a despedirla. El total de descendientes directos inmediatos de la siguiente generación de esta saga es 15. Aquí me detengo, porque la lista continúa…


 Archivo: Ama, Carmen y Vicky (1940); Ama y yo (1962)

Aunque mucha gente veía nuestro viaje como una aventura exótica, para mí - para los dos - era la previsión de una inmersión emocional en un pasado del que conocía retazos de relatos e historias y en el que sentía que tenía que entrar casi de puntillas. Al mismo tiempo, el presente de cada miembro de mi familia era el que era. Y entrábamos de cabeza y a ciegas en él... también de puntillas.

Nada más llegar a Manila el calor, la humedad y el olor de la exuberante vegetación que lo rodea todo, me transportaron allí. Respiraba lenta y profundamente… No quería cerrar los ojos, sino dejar que se movieran inquietos buscando imágenes, queriendo abarcar y absorber cuanto estuviera a su alcance… Quería experimentar lo que todos ellos y ellas sintieron en su piel, respiraron en sus pulmones, vieron con sus ojos.

Dedicamos tres días a recorrer la ciudad y el sur de la isla. El quinto viajábamos a Cebú. Al día siguiente era el cumpleaños de Vicky. Por las noticias que nos habían llegado, tras una sucesión de ictus leves que limitaban un altísimo porcentaje de su movilidad y comunicación, parecía que algún tipo de demencia también empezaba implacable a hacerse presente. ¿Podría reconocernos?


 Archivo: Vicky, Aran y yo (2019)

Le habían dicho que había una sorpresa para ella, pero no cuál. Estaban terminando de arreglarla. Las enfermeras y sus dos nietos pequeños revoloteaban por la habitación dificultándole la vista de lo que había al otro lado de la puerta abierta… Al vernos entrar alguien le preguntó:
-  Ula, ¿sabes quiénes son?
- ¡Claro! ¡Mi hermano Juan Carlos y mi hermana Arantza! – contestó casi indignada…

Pasamos juntos gran parte de la mañana cantando canciones de Los Panchos, Habaneras, alguna bilbainada… Compartimos miradas sostenidas, cómplices, sin muchas palabras… Cogidos de la mano. Besos, risas, caricias, alguna lágrima, abrazos…

Al día siguiente, tras su fiesta de cumpleaños, al retirarse a descansar, nos acercamos para despedirnos. Salíamos de madrugada.
- ¿Cuándo vuelves? – preguntó.
- ¡Pronto…! – respondí.
- ¿Cuándo es pronto? – dijo.
- ¡Pronto! – repetí mientras cogía su mano…

Y empezó a cantar alto y claro:
Siempre que te pregunto
Que cuándo, cómo y dónde
Tú siempre me respondes
Quizás, quizás, quizás.

Después, juntos, entonamos My Way… La besamos y le deseamos buenas noches.

Habíamos previsto que Carmen, en ese momento en Davao, se hubiera sumado a esta celebración. Sería la primera vez, y quizás última, que los tres estuviéramos juntos en Filipinas. Por motivos de salud no podía viajar, por lo que decidimos cambiar el itinerario previsto, retrasamos dos días nuestra llegada a Negros y el séptimo día volamos a Mindanao.


 Archivo: Carmen y yo (2019)

Como pasa en muchas familias, antes de que la salud de Vicky se deteriorara irreversiblemente, habían dejado de hablarse. Carmen nos esperaba casi a pie de pista en el pequeño aeropuerto de la capital de la isla. Fuimos los tres hasta un apartamento que Antón - su hijo - tiene allí. Solamente estaríamos dos días que fueron más hogareños que turísticos. ¿Y eso qué importaba? Íbamos para estar con ella. Charlamos, vimos fotos, le contamos lo que vivimos en Cebú. Reímos, nos abrazamos y besamos, oímos música, cocinamos, fuimos de compras… Sacamos fotos.

Nos contó anécdotas de  cuando ella y Miren habían ido al internado a Madrid en los años 50. De cuando nuestra madre se fue de Filipinas; de nuestro hermano Chito y de Vicky… Y de Mayita, la pequeña que murió a consecuencia de una leucemia en 1956. Nos escuchamos y nos hablamos desde el corazón, sin juicios ni reproches, sin opiniones, sin consejos…

A sus ochenta años está estupenda. Incluso maneja con soltura su Mac y su móvil (WhatsApp, Messenger, Facebook, Spotify…) además de múltiples gadgets… Está delicada del corazón y tienen que operarla… Cuatro de sus hijos viven en los Estados Unidos. En cuanto consiga arreglar los papeles del quinto se quiere ir para allá.

- Por lo que me decís, Vicky ya no es la Vicky de siempre… Creo que debería ir a verla… - reflexionó en voz alta mientras recogíamos los platos de la última cena juntos...

- ¡Parece mentira cómo os parecéis – y eso que solo sois hermanos por parte de madre -, sin haber convivido nunca! – me decía Arantza mientras preparábamos el equipaje para el día siguiente.

Más tarde hubo más episodios emocionantes en Silay, en la casa de mi abuelo  y en Las Ruinas, en Talisay. Pero durante todo el viaje pude sentir el latido del corazón de nuestra madre que nos hacía querernos y reconocernos familia. Cómo el círculo de la vida nos reunía en lo esencial, en el amor. Los tres la habíamos perdido, en distintos momentos y por diferentes motivos, siendo adolescentes. Ellas con 17 y 16, respectivamente. Yo tenía 15. Sin embargo nos crió y educó la misma mujer que  dejó su profunda huella en los tres. Nos amó con la misma intensidad. Un amor que va más allá del tiempo y el espacio… Un amor que no puede morir.

Gracias a mi sobrino Antón, menor de los seis hijos de Carmen, quien no solo organizó cada uno de nuestros movimientos durante nuestra estancia, se adaptó a todos nuestros cambios y abrió las puertas de su casa para nosotros, sino que hizo de magnífico cicerone en gran parte de ellos. Gracias también a mi sobrina Maite, hija única de Vicky, que nos acogió en su casa, organizó la fiesta de cumpleaños de su madre y nos acompañó en la rápida pero profunda visita a Cebú. A Dña. Ching Hizon Jalandoni, por abrirnos las puertas  de la que fuera la casa de Alejandro Ametxazurra, mi abuelo. Y a Helge Lockner, focolarino sueco en Tagaytay, que nos acompañó cuando visitamos el Centro Mariápolis del Movimiento de los Focolares.

Gracias Arantza por hacerlo realidad…

Gracias ama

Por si alguien tiene interés en conocer más detalles de nuestro viaje, Arantza ha redactado el Diario de una experiencia directa al corazón (1 de2) y (2 de2).

Tuesday, May 28, 2019

Cloto, Láquesis y Átropos

[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb el 28.05.2019]

Paul Thumann: The three fates

Las moiras griegas - Cloto, Láquesis y Átropos - personificaban el destino. La creencia de la época era que se presentaban ante el recién nacido para determinar el curso que tomaría su vida. Su oficio era hilar, y el material con el que trabajaban eran los hilos de la vida de los mortales. Cloto, con la rueca y el huso, lo hilaba. Láquesis, medía y determinaba su longitud y Átropos era quien lo cortaba finalmente, eligiendo tanto el cuándo cuanto el cómo.

Años más tarde, los romanos denominaron parcas – Nona, Décima y Morta – a sus tres homólogas regidoras del sino de los seres humanos: nacimiento, vida y muerte, pero a diferencia de aquéllas, éstas, además, lo escribían de forma imborrable en una pared de bronce, usaban lana para la línea principal y entretejían en ella filamentos de oro o lana negra determinando así los momentos alegres o tristes de cada cual.

Muerte (wpid)
La tanatofobia es algo relativamente reciente y básicamente inherente a la sociedad occidental que, aferrada a la presunta omnipotencia de la razón y el conocimiento científico, se resiste a aceptar que una de las pocas certezas irrefutables es  que, tarde o temprano, la muerte llega, la vida acaba. Y mientras tanto  prefiere ocultarla, pretender que no existe, convertirla en tabú, utilizar todo lujo de eufemismos para referirse a ella evitando nombrarla (la parca, daños colaterales, víctimas, bajas, dormir el sueño eterno, pasar a mejor vida, hacer el último viaje…) o incluso trivializarla quitándole dramatismo mediante series, películas o videojuegos violentos y sangrientos. Vida y muerte son realidades inexorablemente inseparables y cuando pretendemos escindir la cara de la cruz de esta moneda, nos enfrentamos, entre otras, a dos consecuencias: la desesperación y el olvido. En nuestra cultura nos cuesta aceptar la muerte de alguien a quien queremos , y tras la pérdida, se pone en marcha un mecanismo de borrado o emborronamiento paulatino de la memoria para huir de esa sensación de malestar. (Recomiendo la lectura de Sobre la vida, la muerte y el duelo ¡Carpe Diem! y otras entradas de la Dra. Arantza Echaniz Barrondo en torno a este tema).

Aun siendo occidental, la cultura mexicana ha mantenido la tradición ancestral prehispánica de honrar a sus muertos. No se trata de una rememoración lúgubre, sino de una auténtica fiesta en la que quienes ahora recuerdan y ofrendan a los suyos, no olvidan que mañana serán quienes protagonicen esta celebración. 

Desfile del Día de Muertos, México
Llama la atención cómo la cultura cristiana, mayoritaria en occidente, no ha conseguido infundir esa relación sana y natural entre vida y muerte, dejándose arrastrar por el pesimismo existencial.

Hace unos meses caí en la cuenta de que, aunque están presentes el día de su aniversario, en cierta medida mis muertos estaban muy ausentes de mi memoria y empecé por hacer mentalmente una lista: Amaia, Conchita, Pedro Juan, Miren, Chito, Mayita, Fernando, Giulio, Lluís, Ricardo, Antonio, José Miguel, Antonio, Fernando, Milagros, Dionisio…

A base de recitarla diariamente, se han ido incorporando Alejandro, Carmen, Enrique, Emma, Piling, Purichu, Donald, Cecilio, Petra, María, Jesús Mari, Felipe, María Luisa, Virginia, Iñaki, Ramoni, Jesús y Marisa.

Es curioso que una práctica que lleva poco menos de un minuto reviva tantas experiencias y dé tanta paz. Hoy es la primera vez que redacto estos nombres. ¡Vaya por todas y todos…!

Cuando no hay nadie en el mundo de los vivos que te recuerde desapareces de este mundo. (Coco)


Friday, May 03, 2019

Consonancia y resonancia

Foto: J.C.D.Ametxazurra. San Luis de los Franceses, Sevilla.

[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb el 03.05.2019]

Hicimos el viaje en tren. Eran algo menos de 900 los kilómetros a recorrer y decidimos que ese era el medio de transporte que mejor aunaba la calidad del viaje y su coste. Tampoco teníamos ninguna prisa. Sí la tuvimos mientras corríamos a la estación para no perderlo. El traqueteo del trolley, volando literalmente sobre la acera, resonaba en todas y cada una de las fachadas de las vacías calles de la recién estrenada mañana sabatina. Mientras tanto, acelerábamos el paso saltándonos algún semáforo y dando algún resoplido – al menos yo. Nos sentamos en nuestros asientos tras acomodar los bultos y en menos de un minuto el convoy se puso en marcha. Dormimos, disfrutamos del paisaje, charlamos, leímos, trasteamos varias veces con nuestros teléfonos inteligentes – cada uno con el suyo -, paseamos por el vagón alguna que otra vez, reímos casi a escondidas cuando algo (o alguien) nos llamaba la atención o nos hacíamos algún comentario ingenioso y socarrón… ¡Somos así de simples! Nos gusta disfrutar de las pequeñas cosas y de nuestra compañía.

Entre trayectos y transbordos, después de nueve horas y media, allí estaba Cristóbal en la estación de Santa Justa con su espléndida sonrisa y su abrazo delicado. Nos llevó a su casa que desde ese momento fue la nuestra. Para desentumecer un poco las piernas, nos invitó a dar un paseo.

Fuimos pueblo arriba, despacio, hasta que de pronto apareció una loma arbolada y verde y, a sus pies, una cañada. Corría una brisa para mí desconocida por esas latitudes, fuerte a veces, cuando repentinamente una nube de palomas de colores pasó junto a nosotros. Eran palomos que perseguían a una paloma que, al posarse en una rama de la copa de uno de los árboles del cerro, hacía que todos detuvieran el vuelo en seco para teñir ramas leñosas y hojas verdes de mil colores… Cuando volvía la paloma a alzar el vuelo, tras ella salía un tumulto multicolor que al cabo de unos minutos de subidas, bajadas y vuelos rasantes, colonizaba un nuevo árbol siempre escudriñados por sus palomeros.

Las gigantes chumberas, con verdes brotes sobre los oscuros y aparentemente secos brazos fantasmagóricos, recuperándose de una larga enfermedad, cercaban el campo e indicaban el camino de la cima del cerro de Santa Brígida, desde donde majestuosa se veía descansar la ciudad que en otros tiempos fue puerto de mar (a 80 km de él) y por donde pasaron turdetanos, tartesios, fenicios, cartagineses, romanos, vándalos, suevos, visigodos, cristianos, musulmanes y judíos… Todo lo que veíamos en 360º estaba lleno de historia, de historias que Cristóbal iba desgranando con igual pasión que comedimiento.


Foto: A. Echaniz. Dehesa de Abajo, Sevilla.
La mañana siguiente nos llevó hasta la Dehesa de Abajo, circundada por unos inmensos, casi infinitos, arrozales. No recordábamos tanta belleza junta: árboles, plantas, flores, aves de distintas, muchas, familias y, sobre todo, cigüeñas... Tras degustar un delicioso arroz con pato en la Venta El Cruce quisimos acompañar a Cristóbal a visitar a Juan, su padre.

Juan esperaba charlando con un amigo nuestra llegada en la cafetería de la residencia del barrio de Triana donde vive desde hace once años. En cuanto llegamos, pidió disculpas a su acompañante, se incorporó y, apoyado en su andador, nos condujo a un salón donde pudiéramos estar más tranquilos. Hombre de mirada transparente, mente lúcida y discurso picaruelo y juguetón, nos contó con todo lujo de detalles su visita a Bilbao como viajante años atrás, la pensión donde se alojaba en el Casco Viejo… Antes de despedirnos, mientras nos acompañaba hasta la puerta recordó: Eskerrik asko! ¿Se dice así, verdad? ¡En Bilbau!

Reímos los cuatro como niños.


Foto: A.Echaniz. Parque de María Luisa, Sevilla.
Una visita rápida a Triana mientras nos acercábamos al parque de María Luisa, contiguo a la Plaza de España. En una de las escaleras de acceso al edificio principal de la exposición Iberoamericana de 1929, un cantaor rasgaba los acordes de su guitarra mientras acompañaban su voz y a cierta distancia, dos bailaoras hacían las delicias de unos turistas japoneses. 


Jesús nos esperaba el lunes por la mañana en la esquina de Adriano con Antonia Díaz para visitar el Alcázar. Granadino de origen, no hay en Sevilla mejor guía y consejero. Callejeando nos contaba detalles, y nos enseñaba rincones, que pocos conocen como él. Al día siguiente nos llevó por la Catedral y la víspera de nuestra partida desde la Macarena, junto a la Muralla, hasta la Plaza de la Encarnación pasando por San Luis de los Franceses y el Mercado de Feria, donde no podíamos no probar los chicharrones. En la Plaza de la Encarnación o de las setas (Metropol Parasol), volamos sobre Sevilla literalmente desde el Mirador. Bajo nuestros pies, en lo que hubiera sido un parking urbano, el Antiquarium acoge una inmensa exposición de ruinas romanas.

Foto: A. Echaniz. Anfiteatro, Itálica, Sevilla.
Foto: J.C.D.Ametxazurra. Venus, Itálica, Sevilla.
Ruinas también las que encontramos en Itálica: la ciudad diseñada para el descanso y disfrute de los ricos romanos, sin ningún tipo de privación.

El miércoles cambió el tiempo. Bajó el termómetro, llovió y estaba ventoso. Mañana de descanso. Por la tarde, callejeamos solos por el Barrio de Santa Cruz, sin perdernos.

Cada noche, nuestros amigos habían organizado la agenda para cenar: el lunes en casa de Cecilia y Alberto, el martes en casa de Toni y su comunidad, el miércoles en el trianero restaurante Blanca Paloma y el jueves en casa de María José y Jesús. Se unieron en distintos momentos David, Miguel, Nacho, Serapio, Fabio, Paco, Isabel, Rocío, una de las hijas de Jesús y María José, y los cuatro hijos de Cecilia y Alberto. José Andrés tuvo que estar junto a su padre, delicado de salud esos días.

Esa tarde, volvimos a Triana para despedirnos de Juan, que, cuando llegamos a la residencia, jugaba al dominó con tres compañeros. Presenciamos los últimos momentos de la partida. El jugador de su izquierda dudaba si podía poner alguna de sus dos fichas, a lo que Juan le dijo: ¡No puedes! Volvió a repetírselo con algo de impaciencia y, cuando finalmente pasó, Juan colocando su última ficha dijo: ¡Cierro!
- No saben jugar al dominó. Son ponedores de fichas… Nos decía mientras nos acercábamos al salón del primer día.
¿Dónde hay que firmar para estar así a los 99?

Foto: A. Echaniz. San Luis de los Franceses, Sevilla.
El viernes Toni cambió su turno de trabajo para poder recogernos y llevarnos a la estación por la mañana.

De vuelta, en el transbordo madrileño, Javier se dio un salto desde Las Matas hasta Chamartín para compartir una hora con nosotros, además de un café…

La inmensa mayoría de los nombres mencionados en este escrito pertenece a personas que hace unos cuarenta años que nos conocemos. No podemos menos que darles a todas y cada una de ellas un gracias de corazón.

Hogar no es un lugar con paredes ricamente decoradas, ni bellos muebles en ambientes acogedores. Ni siquiera platos calientes de suculentos manjares. Son corazones que, vibrando, hacen resonar los corazones cercanos; viviendo, dan y reciben vida.
No atesoréis para vosotros tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen y donde los ladrones abren boquetes y los roban. Haceos tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que los roen, ni ladrones que abren boquetes y roban. Porque donde está tu tesoro, allí estará tu corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; pero si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Si, pues, la luz que hay en ti está oscura, ¡cuánta será la oscuridad! (Mt. 6, 19-23)

Monday, April 08, 2019

No es solo cuestión de cinco


[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb el 08.04.2019]

En poco más de un mes, y en dos ocasiones distintas, podremos ejercer nuestro derecho a elegir a quienes nos representarán en las instituciones políticas, primero las estatales y, posteriormente, las europeas, municipales y autonómicas o forales - según los territorios.

Para las elecciones generales – de ámbito estatal -, tras examinar que se han cumplido los requisitos formales y que los partidos extraparlamentarios han presentado los avales necesarios, las juntas electorales han proclamado un total de 1.174 listas: 579 candidaturas al Congreso y 595 al Senado (B.O.E. Nº 79 de 02/04/2019). (Ver más en 20 minutos Las juntas electorales proclaman 1.174 listas al Congreso y al Senado y anulan 48).


En Euskadi se presentan trece partidos, de los que once lo hacen en los tres territorios históricos y de los dos restantes, uno lo hace en Bizkaia y el otro en Gipuzkoa, respectivamente.

Extrapolando al ámbito estatal, podríamos decir que cinco son los partidos que se presentan en todas las circunscripciones, esto es, un total aproximado de 260 listas (50 provincias más Ceuta y Melilla). 260 de las 579 presentadas para el Congreso de los Diputados.

No debemos menospreciar que según los datos que ofrece el CIS, un buen número de españoles, más del 15% en el último barómetro, considera que los políticos en general, los partidos y la política son el principal problema que existe actualmente en España. (Astrid Barrio, Listas electorales, sociedad y partidos). Cabe matizar, sin embargo, que esta apreciación pudiera referirse a los partidos con mayor repercusión mediática, es decir, aquellos que podríamos encuadrar en esos cinco de ámbito nacional, más alguno de ámbito autonómico o local, pero deja fuera a muchos otros que nunca han podido demostrar – por falta de representación – si podrían haberlo hecho mejor que aquellos.

El tedio que provoca la política en nuestra sociedad beneficia a los partidos más poderosos y juega en contra de la propia ciudadanía que lo padece. ¿Podría ser una trampa perfectamente orquestada?

En cuanto a si emito mi voto en blanco, nulo o practico la abstención, recomiendo la lectura del siguiente enlace: Voto en blanco, nulo y abstención, ¿a quién beneficia cada uno?



Votar es un derecho y, como todo derecho, presupone un deber, una obligación cívica.

De forma gráfica, enlazo aquí un ilustrativo vídeo titulado Votar no vale huevo https://youtu.be/mO51n2Ha6fc


Friday, March 22, 2019

Voces proféticas

Foto: Prophecy, Spirit and the Dreamtime: The Last Frontier by Jay Weidner

[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb el 22.03.2019]

Debo reconocer que hay cosas que atraen mi atención como si de un imán se tratase: la filosofía, el arte, la telogía, los movimientos sociales… No puedo evitarlo. En el último año de forma especial. Y mis lecturas, observaciones y reflexiones me evocan una y otra vez un mismo concepto: las profecías.

La profecía, u oráculo, ha estado siempre vinculada a lo sobrenatural, a la inspiración divina, permitiendo a quienes la manifiestan – los oráculos o profetas - predecir o conocer el futuro, aunque, por extensión hoy se aplica también al juicio o conjetura que se forma de algo por las señales que se observan en ello. Esto es, inferencia o deducción basada en la observación lógica.

No sé cuánto de inspiración divina u observación, de ambas a partes iguales o de cada una por separado, caracterizaría a las personas a las que me referiré hoy aquí.

Los imaginarios colectivos, sus mitos y símbolos, fuertemente arraigados en el subconsciente de la población, condicionan y distorsionan la percepción de la realidad. Igualmente - y en esto cuanto más tiempo se hayan mantenido vigentes peor -,  sus interpretaciones y derivadas por parte de expertos, estudiosos, intérpretes de la verdad, etc. consolidarán aquellos mitos o símbolos definidos, deformados, adaptados o acondicionados. De este modo, de forma inconsciente, consideraremos como normal lo que para otras sociedades o culturas resulte chocante o inaceptable y, por el contrario, rechazaremos por principio todo lo que de ellas no se ajuste a nuestros patrones.

The virtuous woman, Harmonia Rosales

La artista estadounidense afrocubana Harmonia Rosales confronta magistralmente a través de la pintura el legado cultural secular que ha determinado muchos aspectos del imaginario colectivo de la sociedad occidental, predominante, por no decir casi exclusivamente, caucásico y androcéntrico. Versionando a los clásicos mediante una propuesta decidida y atrevida, ofrece una visión diferente, no antagónica, de parte de nuestra mitología y simbología, y abre las puertas al acercamiento profundo a una realidad esencialmente idéntica pero con una mirada distinta, desde una nueva perspectiva. En sus palabras,

The visual narratives of the “masters” depicting a White heaven and the idealized subordinated woman lay at the foundation of our mediated reality of social order and a power hierarchy.  (La narrativa visual de los “maestros” representando un paraíso Blanco y la idealizada mujer subordinada yacen en los cimientos de nuestra realidad mediatizada de orden social y una jerarquía de poder).


The creation of God, Harmonia Rosales
Para los católicos no son los mejores momentos. Las noticias de los últimos años y los escándalos denunciados ponen de manifiesto un serio problema que debe afrontarse de forma inmediata con valentía, serenidad y decisión. Pero no es el único.

El Concilio Vaticano II (1962-1965), vigesimoprimero y último hasta la fecha de la Iglesia Católica en sus 2019 años de historia, supuso un salto cualitativo de hondo calado que redimensionaría sus 1961 años previos y la reconfiguraría para afrontar el tercer milenio. Han pasado 54 años y, aunque se ha avanzado en muchos aspectos, todavía queda pendiente un largo trecho por recorrer.

Cuatro años después de su conclusión, en diciembre de 1969, un joven teólogo alemán dio por radio cinco conferencias en torno a la fe y el futuro: tres por la bávara Bayerische Rundfunk,  una por la Hessische Rundfunk (Radio de Hesse) y la última, en febrero de1970, por Radio Vaticano. Estas cinco conferencias han sido recogidas en un pequeño libro de poco más de cien páginas (cuya lectura recomiendo encarecidamente). En el último capítulo (¿Bajo qué aspecto se presentará la iglesia en el año 2000?), el teólogo sacerdote vaticinaba a finales de la década de los sesenta:

(…) de la crisis de hoy surgirá mañana una Iglesia que habrá perdido mucho. Se hará pequeña,  tendrá que empezar todo desde el principio. Ya no podrá llenar muchos de los edificios construidos en una coyuntura más favorable. Perderá adeptos, y con ellos muchos de sus privilegios en la sociedad. Se presentará, de un modo mucho más intenso que hasta ahora, como la comunidad de la libre voluntad, a la que sólo se puede acceder a través de una decisión. Como pequeña comunidad, reclamará con mucha más fuerza la iniciativa de cada uno de sus miembros. Ciertamente conocerá también nuevas formas ministeriales y ordenará sacerdotes a cristianos probados que sigan ejerciendo su profesión: en muchas comunidades más pequeñas y en grupos sociales homogéneos la pastoral se ejercerá normalmente de este modo (…)Será una Iglesia interiorizada, que no suspira por su mandato político y no flirtea con la izquierda ni con la derecha. Le resultará muy difícil. (…) La hará pobre, la convertirá en una Iglesia de los pequeños. El proceso resultará aún más difícil porque habrá que eliminar tanto la estrechez de miras sectarias como la voluntariedad envalentonada. Se puede prever que todo esto requerirá tiempo. El proceso será largo y laborioso (…)

El autor de estas líneas era el entonces joven sacerdote y teólogo Joseph Ratzinger, años después Benedicto XVI.

Recientemente, el cardenal Gianfranco Ravasi, Presidente del Consejo Pontificio para la Cultura, aboga por la mujer en el seno de la iglesia. En su equipo cuenta con un Consejo Asesor de 35 mujeres de diferentes tradiciones religiosas y condiciones de vida (profesoras universitarias, madres, musulmanas, judías, ateas, diseñadoras de modas y periodistas). Además de no ver con malos ojos el acceso de la mujer al diaconado (estado previo al sacerdocio), considera que su Consejo "podría ser un modelo" para otros organismos vaticanos. Pero eso, siempre y cuando se les dé un poder real, evitando que estén allí por mera "cosmética".

En agosto de 2018, una joven sueca de 15 años, GretaThunberg, decide motu proprio iniciar una batalla contra el cambio climático. Comienza por protestas semanales, ella sola, cada viernes ausentándose de la escuela y plantándose frente al parlamento sueco, se ha convertido en símbolo del movimiento por la justicia climática y ha generado una reacción en cadena en muchos países europeos. En su intervención en la cumbre de la ONU sobre el cambio climático (COP24) en Katowice el pasado diciembre no le tembló la voz a la hora de echar en cara a los políticos que la escuchaban su pasividad y falta de compromiso real. Ha sido nominada para el Nobel de la Paz 2019.

Cuatro voces que auguran profundos y fundamentales cambios. Habrá más…

Intervención de Greta Thunberg en la COP24 en Katowice, Polonia: 
(https://youtu.be/wYr3DNWcFO0)



Friday, February 15, 2019

Una sencilla historia


[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb el 15.02.2019]


Esta es la historia de dos jóvenes que no se conocieron. Él tenía veintisiete años. Ella veinte. Aunque vivían en la misma ciudad, nunca se habían visto. Ni estudiaron en el mismo colegio, ni compartieron amigos, ni sabían de sus gustos y aficiones… Sin embargo, de niños, sin saberlo ninguno de los dos, habían sido casi vecinos.

Él se quedó huérfano a los 15, y a los 17 tuvo que ponerse a trabajar para pagar sus estudios, su casa, su comida… No fueron años fáciles. Afortunadamente, encontró buenos amigos y amigas que estuvieron a su lado y lo adoptaron, arropándolo y apoyándolo en su camino.

Ella se había criado con sus tíos. No tenían hijos. Él era un buen médico, y decidió cuidar de ella al haber nacido con una delicada enfermedad que requería cuidados constantes. Creció con él y su mujer, superó la enfermedad y, durante los fines de semana y las vacaciones, convivía con sus hermanas y sus padres.

Más allá de las circunstancias, los dos habían crecido suficientemente felices y recordaban con mucho cariño y admiración los primeros años de sus respectivas vidas. Junto a esto, tenían algo más en común: ambos habían sido formados por sus familias en los mismos valores y principios, con los mismos objetivos, y ambos llegaron a la adolescencia como jóvenes convencidos, comprometidos y entregados a distintas causas por las que luchaban con sinceridad y dedicación.

Seis años después, él ya tenía dos hijos – un niño y una niña. Ella se vestía de blanco. Habían decidido sus caminos y, siguiendo sus convicciones, habían decidido hacer realidad su sueño: formar cada uno su propia familia. En estas aventuras embarcaron, mientras seguían desarrollando sus carreras académicas y profesionales y, podríamos decir, que con éxito.

Pasaron dieciséis años más para ella hasta que su sueño se rompió en mil pedazos. El de él quedó hecho añicos un año más tarde. A esas alturas, ella ya tenía dos hijos y él era padre de un muchachote y de tres niñas. Los dos sabían que ahora tocaba seguir adelante intentando no perder el norte y asumiendo que, por encima de todo, tenían que estar de pie para sus hijos.


Aconteció que los dos trabajaban en la misma empresa. Por esas casualidades de la vida, un día llegaron finalmente a conocerse sin buscarlo, casi sin querer... Han compartido mucha vida en los últimos seis años… En enero decidieron unir sus vidas para siempre en el mes de marzo. ¡Felicidades y suerte! Os lo merecéis…




Monday, January 21, 2019

Disonancias

Foto dreamstime.
[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb el 21.01.2019]


Algunas veces, quizás más de las que pensamos - al menos a mí me pasa -, las circunstancias de la vida, nuestra educación, nuestra profesión, nuestras creencias y conocimientos, nuestras tendencias y razonamientos, nuestra familia y círculo de amistades, la salud, el género, nuestras costumbres y nuestro propio carácter nos hacen afrontar algunos episodios vitales concretos pensado que somos capaces de superar cualquier cosa o, por el contrario, sumiéndonos en un cierto desánimo: nos venimos arriba o nos venimos abajo. Cómo los resolvamos y cuánto tiempo estemos en una u otra posición dependerán de la gravedad, duración, intensidad e implicación emocional del episodio en cuestión e, inexorable y curiosamente, de todos y cada uno de los factores mencionados al comienzo de este párrafo. Como dijo Ortega y Gasset, yo soy yo y mi circunstancia.

Además de estos episodios vitales concretos, diremos que especiales, si hemos llegado hoy hasta aquí es porque hemos ido viviendo cada fase de nuestra vida - cada año, mes, semana, día, hora, minuto y segundo - y con mayor o menor éxito hemos sabido y podido sobrevivir.

Así de feliz, alegre, satisfecho y seguro de mí mismo y de mis capacidades para la supervivencia estaba yo, hasta que hace unos días recibí un informe de unas pruebas psicotécnicas que realicé recientemente en el que se me decía, entre otras cosas muy positivas – por desgracia acabamos fijándonos siempre casi exclusivamente en aquello que no nos gusta, que nos baja la puntuación o que no queremos que nos digan -, que tenía que
ganar en autoconfianza y autoestima, aprendiendo estrategias de resolución de conflictos y de comunicación adecuadas para ser más asertivo, con objeto de aprender a gestionar y resolver los conflictos en las relaciones afectivas y controlar la necesidad de aprobación por parte de los demás y así intentar evitar situaciones de abuso hacia mi persona y vías de escape inadecuadas, con objeto de establecer vínculos afectivos duraderos y sanos.

Echando la vista atrás y recapacitando sobre estas últimas palabras, he caído en la cuenta de que ciertamente ha habido experiencias vividas que han sido particularmente conflictivas y dolorosas, de larga duración y que, si bien he salido de ellas porque hoy estoy aquí escribiendo, los daños colaterales durante y después de su paso podrían haberme pasado desapercibidos, y no solo, sino que las estrategias de resolución de las mismas quizás no hayan sido las más adecuadas, prolongando innecesariamente en el tiempo los efectos negativos y condicionando mi conducta incluso a día de hoy.

Tras tomar la decisión de poner manos a la obra para afrontar este nuevo reto de aprendizaje, he comenzado a buscar documentación, para profundizar en este tema, y a poner en práctica algunas técnicas básicas para intentar automatizar mi comunicación asertiva. Obviamente, a la mayor brevedad buscaré también la colaboración de alguna persona experta con la que contrastar tanto la búsqueda como la puesta en práctica, no vaya a ser que el remedio con el intento de autoterapia resulte peor que la enfermedad

¿Quién no ha oído hablar de la asertividad? Ahora bien, ¿sabemos qué es? Es más, ¿somos capaces de ser asertivos de forma proactiva, consciente y operativa? Me temo, y ojalá me equivocara, que la respuesta no es muy halagüeña. Basta ver un rato – mejor corto que largo – alguna tertulia televisiva o escuchar durante menos tiempo todavía algún debate o discurso político… O más cerca de nosotros: las discusiones con nuestra pareja, hijas o hijos, amistades, familiares, vecinos, responsables laborales, colegas, amistades, etc.

Nos han hecho creer que ser asertivo consiste en defender lo que pienso, empezar a decir que no y exigir que me respeten. Pero, ¿refleja esto una verdadera comunicación asertiva?

Experimentamos que defender nuestros derechos con firmeza nos hace sentir que hacemos que se respeten nuestras  opiniones y convicciones, nos da seguridad en nosotros/as mismas/os, pero muchas veces, confrontados con las exigencias de quienes nos rodean, acabamos tirando la toalla y claudicamos adoptando una actitud pasiva, incoherente e incómoda que, tarde o temprano, cuando ya no podemos más acabará haciéndonos estallar.

El diccionario de la Real Academia de la Lengua nos dice que disonancia, del latín dissonantia, es bien un sonido desagradable, o la falta de la conformidad o proporción que naturalmente debe tener algo o, en música, un acorde no consonante, esto es, no armónico. En cualquier caso, algo que no encaja, que llama la atención por distanciarse de lo esperado y que puede ser desagradable.

Foto dreamstime.
Leon Festinger en los años cincuenta del siglo XX propone su teoría de la disonancia cognitiva refiriéndose a esos momentos o situaciones en los que tenemos la sensación de no actuar coherentemente con relación a nuestras creencias, ideas, conocimientos o pensamientos y que se manifiesta a través de sentimientos de incomodidad y de conflicto interno que instintivamente buscamos resolver. Y en muchos casos, resolvemos claudicando.

La comunicación asertiva consiste en afrontar estas disonancias sin olvidar que nuestros derechos terminan donde comienzan los de las demás personas, esto es, de forma empática y, como afirmó el Dr. Marshall B. Rosenberg, no violenta, reconociendo que detrás de cada uno de nuestros actos hay una necesidad no satisfecha (Pau F. Navarro, Desarrolla Tu Comunicación Asertiva: Guía Paso a Paso).

De momento, la técnica que estoy intentando aplicar es la que, como fruto de la lectura, he denominado obsenepe. Es una regla mnemotécnica para recordar los cuatro elementos que componen una fórmula para ejercitar la comunicación asertiva:

Ob: Observar sin juzgar. De la manera más objetiva posible sin evaluar.
Se: Identificar cómo me siento, qué me hace sentir lo que observo.
Ne: Identificar mi(s) necesidad(es) no satisfecha(s), esto es, qué es lo que me hace sentir así.
Pe: Formular una petición clara. Expresar claramente lo que se quiere o espera de los demás.

Ejemplos de comunicación asertiva (Navarro, Op. Cit.)
Si unimos las 4 etapas de la comunicación asertiva quedaría algo así:
1- Observación: Cuando veo/oigo [tu observación]
2- Sentimiento: Siento que [tu sentimiento]
3- Necesitad: Porque necesito [tu necesidad no satisfecha]
4- Petición: ¿Podrías/Te importaría hacer [algo concreto]?

Imagínate que quieres pedirle a un compañero de trabajo que deje de presentar los proyectos en equipo como si él fuera el único responsable. Sí, un día puedes perder la paciencia y decirle “¡Estoy harto de que nunca me reconozcas nada!”. O también puedes usar este esquema asertivo y decir:Las dos últimas veces que has presentado el proyecto no has mencionado mis aportaciones (tu observación) y eso me desconcierta (tu sentimiento) porque me gustaría que se reconociera mi trabajo (tu necesidad). ¿Te importaría mencionar de qué forma yo también he colaborado la próxima vez que lo presentes? (tu petición) 

Ahora supón que tu pareja se pasa varias horas al día viendo series en la televisión y lleváis meses sin hacer algo juntos. Puedes decirle: “Está claro que ya no te importo porque nunca salimos juntos”O usar la comunicación asertiva y decirlo así:Llevamos varios meses sin salir a hacer algo juntos (la observación) y eso me entristece (tu sentimiento) porque me gustaría sentir que me quieres (tu necesidad). ¿Podemos salir este sábado a cenar a nuestro restaurante favorito? (tu petición) A menudo no será necesario que menciones todos los componentes del proceso porque ya quedarán claros, pero al principio es buena idea que te acostumbres para no dar pie a otras interpretaciones.

Tras varios días ejercitándome con el obsenepe he de reconocer que mi percepción de la realidad circundante se ha enriquecido, que me siento más relajado, que percibo que mi actitud de diálogo con las demás personas se va modificando  poco a poco y que he descubierto a un interlocutor al que casi no prestaba ninguna atención y con el que necesitaba poner en práctica mi asertividad: yo mismo. Pero como toda técnica, hay que seguir practicando.