Friday, September 16, 2022

¡Qué mundo tan maravilloso!

 

Foto de NathanDumlao en Unsplash

[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de EiTB el 16.09.2022]

Cuando comenzó el mes de agosto estaba convencido de que el verano me iba a permitir deshacerme de una pegajosa e incómoda sensación de pesadez que llevaba arrastrando hacía ya un tiempo, quizás demasiado.

Habíamos planificado hacer un corto viaje con unos amigos hasta el norte de Portugal, donde entramos por Miranda do Douro. Nuestro centro de operaciones se situaría en Apúlia, una pequeña población costera en el distrito de Braga, desde la que podríamos desplazarnos cómodamente hasta Guimarães, Porto, Barcelos y Braga capital. Estas escapadas serían todas matutinas. El sol tardaba en deshacer la cotidiana, fría y húmeda bruma oceánica y nos refugiábamos en el interior, admirando la belleza, y conociendo la historia, de la cuna de Portugal. Por las tardes, ya de regreso, leíamos, tomábamos el sol, paseábamos, alguien incluso se atrevía con el Atlántico y descansábamos en la playa hasta el ocaso.

 A pesar de la compañía, el encanto del entorno y la tranquilidad circundantes, el lastre que oprimía mi frente no desaparecía. Tampoco incomodaba en exceso... Simplemente seguía ahí, presionando persistentemente. Aunque esos días no tuvimos demasiado tiempo, ni ganas, de estar al día con las noticias, cada vez que nos movíamos encontrábamos incendios activos en la distancia o zonas devastadas por las llamas en la cercanía de nuestra ruta. Ucrania y su situación, por poco que quisiéramos saber, no vaticinaba ninguna solución a corto plazo. La tensión provocada con China tras la visita a Taiwán de la presidenta de la Cámara de Representantes norteamericana Nancy Pelosi, la eliminación tras un ataque con drones por parte del ejército estadounidense del líder de Al Qaeda Ayman al Zawahiri, las revueltas en Sri Lanka, el Líbano o Irak. Los continuos enfrentamientos en el Sahel, el Congo, Gaza. Incluso en Nagorno-Karabaj (en Azerbaiyán con población armenia). Las crisis humanitarias en Afganistán, Burkina Faso, Etiopía, Somalia, Sudán del Sur y Yemen. Las inundaciones en Pakistán, los movimientos de migrantes jugándose la vida en el Mediterráneo o en el Atlántico... La subida de precios. La escandalosa y exponencial crecida de los beneficios de las empresas energéticas y la banca... ¡Y un calor! Un calor asfixiante que se mantenía inamovible mañana, tarde y noche. Todas estas realidades seguían golpeando mi cuerpo, mi cabeza y mi conciencia. Y yo, ¿qué podía hacer?

El verano siguió y cambiamos el escenario y la compañía. Caí en la cuenta de que, además de lo ya expuesto, arrastrábamos dos años largos de pandemia, de pérdida de familiares, de compañeros y de amigos, más las propias mermas, fruto directo, además, del paso del tiempo... Y yo, ¿qué podía hacer?

Recordé a María Belón (AprendemosJuntos, 2021) hablando del sentido de la vida tras la traumática y angustiosa experiencia vivida por ella y su familia en el tsunami del 26 de diciembre de 2004 en Tailandia. La lección aprendida era bien simple: "el sentido de la vida es amar". Deseé no tener que esperar un tsunami para aprender la lección...

What a wonderful world!



https://youtu.be/VqhCQZaH4Vs

¡Qué Mundo tan Maravilloso!

Veo árboles tan verdes, rosas rojas también

Los veo florecer para mí y para ti

Y me digo a mí mismo: ¡Qué mundo tan maravilloso!

 

Veo cielos tan azules y nubes tan blancas

Los días benditamente brillantes, las noches sagradamente oscura

Y me digo a mí mismo: ¡Qué mundo tan maravilloso!

 

Los colores del arco iris, tan bonito en el cielo

También están en los rostros de personas que van por ahí

Veo amigos dándose la mano, diciendo: ¿Cómo estás?

Están realmente diciendo: ¡Te quiero!

 

Escucho bebés llorar, los veo crecer

Van a aprender mucho más, de lo que yo nunca sabré

Y me digo a mí mismo: ¡Qué mundo tan maravilloso!

Sí, me digo a mí mismo: ¡Qué mundo tan maravilloso!

 

Referencias

AprendemosJuntos (2021, 17 de noviembre). "El sentido de la vida es amar". María Belón, médico y psicoterapeuta [archivo de vídeo]. https://youtu.be/lgo60SeJzl8

 


Friday, July 15, 2022

Erótica de la negatividad

 

Foto de Adrian Swancar en Unsplash


[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de EiTB el 15.07.2022]

En nuestra calidad de mamíferos superiores no podemos escapar, total y afortunadamente, de nuestros instintos. Es decir, no podemos dejar de ser, mal que nos pese, animales. ¡No queda otra que reconocerlo! Evolutivamente, nuestros cerebros están programados, entre otras cosas, para la supervivencia, para defendernos y/o protegernos de los posibles peligros que acechen nuestra vida o la de nuestra manada. Estamos genéticamente programados/as para sospechar, percibir, reconocer o intuir lo desconocido que podría hacernos daño o aniquilarnos individual o colectivamente. Es por esto que tendemos más a percibir lo negativo y lo peligroso que lo positivo.

 Desde el aspecto meramente instintivo, todo lo que encaje en lo descrito en el párrafo anterior atraerá como un potente imán nuestra atención y, más que probablemente, nuestra acción. Nuestros cerebros necesitan la mayor información posible para mantenernos a salvo.

Por este motivo el cerebro humano no es amigo de la incertidumbre. Necesitamos esa información para mantenernos a salvo. Nuestro cerebro lo sabe, y moviliza ciertos recursos para obtenerla. Quizás sea el motivo por el que tenemos esa necesidad imperiosa de pararnos con el coche ante un accidente de tráfico en el carril contrario. O ver el siguiente episodio de nuestra serie favorita cuando se queda en mitad de la acción. Saber nos calma y da seguridad (Cardell, 2020).

Vivimos en la era de Internet, en la de la información global, pero sin claros referentes informativos. La llamada democratización de la información escasea de fuentes fiables y excede de informantes de dudosa legitimidad. Si a esto sumamos nuestro instinto natural para la búsqueda de información preventiva, podemos caer en lo que se ha denominado el doomscrolling (del inglés doom = muerte, fatalidad, maldición, destino y scroll = desplazarse por las pantallas de los dispositivos informáticos) y que podríamos definir como la búsqueda obsesiva de información que nos dé certezas para prepararnos para la defensa en un mar de informaciones negativas e inciertas. Los algoritmos de las redes sociales hacen su trabajo y nos ceban de lo que más se ajuste a nuestras preferencias. Y, tarde o temprano, nuestros cerebros se colapsan. Quedamos atrapados en un bucle de ansiedad y depresión en el momento actual (Cardell, 2020). En este sentido el doomscrolling puede llegar a convertirse en una peligrosa adicción: la dependencia nociva de recibir malas noticias.

 El consumo de malas noticias nos provoca inevitablemente emociones negativas. Según Eduardo Torrecillas, las emociones negativas pueden convertirse en disfuncionales dependiendo de su intensidad. Las emociones son humanas, es decir, el humano está diseñado para crear, experienciar y en definitiva vivir todo tipo de emociones, tanto negativas como positivas. Y resulta que a veces, buscando el escapar del estado de ánimo desagradable, acabamos viviendo uno que nos daña aún más (Torrecillas, 2015). Así, la preocupación, exacerbada, se convierte en ansiedad. La tristeza en depresión. El enfado, si es con uno mismo, en culpabilidad, y si es hacia las/os otras/os, en ira.

Una vez más, ser conscientes de lo que hacemos y sus consecuencias es el primer paso para tomar las medidas necesarias para conseguir una relación saludable con las nuevas tecnologías y ayudarnos a mantener un cierto equilibrio emocional.

Como dice el antiguo proverbio chino: Si las cosas tienen solución, ¿por qué preocuparse? Y si no la tienen, ¿por qué preocuparse?

Bibliografía

Cardell, Fabián (2020, 17 de diciembre). Doomscrolling: el cortocircuito de nuestro cerebro. Recuperado de https://psicologiaymente.com/social/doomscrolling

Torrecillas Rivera, Eduardo (2015, 16 de noviembre) ¿Son las emociones negativas tan malas como parecen? Recuperado de https://psicologiaymente.com/psicologia/emociones-negativas-malas-como-parecen



Tuesday, May 17, 2022

No a la inversa

 

Photo by Boston Public Library on Unsplash

[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de EiTB el 17.05.2022]

Nos informa el Diccionario de la Real Academia de que comunicar, además de provenir del latín communicare, presenta once acepciones de las que cinco de las seis primeras hacen referencia a acciones que implican compartir, informar, transmitir o consultar entre congéneres de la especie homo sapiens.

Todo ese proceso de comunicación requiere alguien que emita, alguien que reciba, un mensaje, un canal ­—medio por el cual se transmite—, un código y un contexto. Entre los distintos medios artificiales —el natural es el aire— encontramos los audiovisuales, los radiofónicos, los impresos y los digitales. Y entre los tipos de comunicación tenemos principalmente la verbal —oral o escrita—, la no verbal —lenguaje corporal— y la gráfica.

No es necesario hacer hincapié en la influencia que la publicidad ha tenido y tiene sobre las decisiones de compra y consumo de la población, por no mencionar, además, las múltiples evidencias de manipulación informativa que venimos padeciendo y de las que hemos sido conscientes muy recientemente, amén de las adicciones tecnológicas desarrolladas y diagnosticadas en las últimas décadas.

Resulta paradójico que herramientas que fueron ideadas para el acercamiento y la comunicación de y entre personas, mediante su uso malintencionado e interesado lleguen a convertirse en sutiles armas de manipulación, aislamiento e incomunicación.

Photo by Erik Lucatero on Unsplash

Pero, ¿todo el enemigo se halla oculto tras el anonimato de las redes sociales o de las campañas publicitarias?

— ¡Perdona! Es un momentito...

— ¡Dame un segundo!

— ¡Es urgente!

— ¡Ya termino!

— ¡Voy, voy, voy...!

Estas u otras expresiones similares son las que nos dicen —o decimos—, cada vez más frecuentemente, mientras estamos con alguien en nuestro tiempo libre, tomando un café, en una comida, dando un paseo, viajando en un tren, autobús o avión, sentados en la sala de nuestra casa o en un parque y llevamos “cosido” en nuestra mano un teléfono inteligente que, como un niño caprichoso y maleducado, reclama constantemente nuestra atención. No nos damos cuenta, pero en muchas ocasiones dejamos con la palabra en la boca a quien está con nosotros y, tras nuestra “desconexión” no recordamos cuál era el tema de conversación o ni tan siquiera quién estaba hablando.

Cuando esto se produce, inconscientemente entramos en dos procesos. Uno de actitud multitarea e hipervigilancia personal obsesiva, respondiendo mensajes que se encadenan con otros mensajes, pasando por la revisión de mis otras redes sociales “por si hay algo”, etc. y un segundo de ninguneo para con la/s persona/s que nos acompaña/n: no son tan urgentes ni importantes como lo que tenemos que ver, oír, leer y/o contestar mediante nuestros smartphones y, consecuentemente, la/s ignoramos.

Este fenómeno ha generado un neologismo que lo describe: ningufonear (acrónimo de ningunear y telefonear. Adaptación del inglés phubbing  —de phone y snubbing— con igual significado). Descrito ya como fenómeno social por algunas investigaciones realizadas entre 2012 y 2016, lo definen como una conducta que responde a una adicción a internet y su uso desmesurado comparable a la ludopatía (Macedo, s.f.).

Al producirse cada vez con mayor frecuencia en nuestros entornos sociales, la asumimos como normal y aceptable en nuestras relaciones interpersonales. Como seres sociales que somos, reaccionamos con reciprocidad: unas veces soy ignorado por ti y otras soy yo quien te ignora. Finalmente, terminamos por ignoramos simultánea y recíprocamente. Esta normalidad y aceptación no nos permiten percibir cómo se va minando nuestra autoestima y aumentando nuestra insatisfacción.

Photo by McKaela Taylor on Unsplash

Y de nuestros ambientes sociales vamos trasladándola a nuestros entornos más íntimos: nuestras relaciones familiares o de pareja.  Sin apenas darnos cuenta, el número de conflictos provocados por la falta de atención debida a las interrupciones generadas por el phubbing acaban mermando gravemente las relaciones, afectan a la calidad de vida y crean un entorno propicio para la aparición de síntomas depresivos.

Si en algún momento percibimos que estamos ningufoneando a alguien, o que estamos siendo ningufoneados, quizás sería ese el momento de replantearnos cómo gestionamos nuestro autocontrol, qué uso estamos haciendo de nuestro teléfono y cuánto valoramos nuestras relaciones. No se trata de abandonar el uso de las nuevas tecnologías, sino de ponerlas en su sitio: al servicio de la humanidad. No a la inversa.

Bibliografía

FundeuRAE (2016, 11 de agosto).  Phubbing puede traducirse como ningufonear. Recuperado de https://www.fundeu.es/recomendacion/phubbing-puede-traducirse-como-ningufonear/

 Macedo, Joaquín (2016, 29 de septiembre) ¿​Qué es el “Phubbing” y cómo afecta a nuestras relaciones? Recuperado de https://psicologiaymente.com/social/phubbing


[Adaptación publicada en ComunicaciónCiudad Nueva, junio 2022, p.38. Publicada en el Blog de Ciutat Nova el 11/07/2022 (Català Castellano).]

Monday, March 21, 2022

Ni santa, ni gloriosa, ni justa,
ni preventiva, ni necesaria

 

Photo by Birmingham Museums Trust on Unsplash - The Phantom Horseman,1870-93 by Sir John Gilbert (d.1897)

[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de EiTB el 21.03.2022]

Seguro que nadie tendrá la menor dificultad en identificar el sustantivo que falta en el listado precedente de adjetivos. El 24 de febrero las bombas y las ametralladoras volvieron a tomar la palabra. Las peores expectativas en cuanto a las tensiones entre Rusia y Ucrania se confirmaron. La guerra de Putin, que, según las estimaciones que los analistas estadounidenses hicieron en los días previos al pasado 24 de febrero, iba a durar unos pocos días y causaría en torno a 50.000 fallecimientos entre la población civil y de uno a cinco millones de desplazados internos o refugiados en países vecinos, sigue prolongándose en el tiempo -la táctica Blitzkrieg (“guerra relámpago”) hitleriana que pretendía que el conflicto iniciado con la invasión de Polonia, Noruega, Dinamarca, Países Bajos, Bélgica y Francia fuera rapidísimo y breve, duró finalmente 6 años y un día-.

Tras tres semanas y media del comienzo del conflicto bélico, la guerra continúa, y, afortunadamente, algunos vaticinios han demostrado ser erróneos. Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y para los Refugiados, las víctimas mortales de entre la población civil han sido 902 y los heridos 1.459. No así los relativos a la población desplazada y/o refugiada que se aproximan a lo previsto (3.489.644 personas). En cuanto a las bajas en los ejércitos, conscientes de la poca exactitud de los datos facilitados por las partes, se estima que el ejército ruso ha tenido 7.000 bajas y 14.000 heridos y el ucraniano, por su parte, 2.870 fallecidos y 3.700 heridos (datos publicados por Naciones Unidas hasta el 20 de marzo y por Newsweek e Indiatoday hasta el 17)[1].

A esto hay que añadir la destrucción de ciudades e infraestructuras civiles, industriales, militares y comerciales ucranias, así como la crisis económico-financiera y energética en la que se ha sumido el mundo entero en menos de un mes y mucho peor que la generada tras dos años de pandemia. Estos daños colaterales, como los denominan los señores de la guerra, han venido para acompañarnos un largo y doloroso trecho de nuestras vidas.

Hasta aquí los datos que nos llegan y que se asientan sobre la base de nuestra cultura de la violencia.

Desde el mismo 24 se activó en occidente una reacción solidaria sin precedentes históricos.  Como señala, entre otros muchos, Hithem Abdulhaleem, doctor en psicología, sirio de origen jordano-palestino, musulmán y articulista de opinión de El Correo,

Toda la sociedad civil, los medios y la mayoría de los representantes políticos se han volcado en solidaridad con la población ucraniana, que está viviendo situaciones dramáticas y estremecedoras como consecuencia de la guerra. Son acciones altruistas que reflejan un sentimiento colectivo orientado a paliar el sufrimiento de este «pueblo hermano» y muestran una enérgica repulsa contra la crueldad y la injusticia. El efecto de la llamada al deber de actuar y de participar en esta avalancha solidaria ha sido inmediato, abrumador, loable y esperanzador. Todos nos congratulamos por estas desinteresadas muestras de generosidad y elogiamos la insólita adhesión a la causa de un pueblo que ha decidido luchar heroicamente por su soberanía.[2]

Llevaba yo unos días dándole vueltas a este tema. Leyendo a Hithem Abdulhaleem comprobaba que compartía íntegramente su análisis y me ilusionaba al constatar que la cultura de la paz parecía mostrarse por fin de forma rápida y contundente. Simultáneamente, me preguntaba qué sería de las distintas guerras que habían provocado los movimientos de otras personas refugiadas o desplazadas y qué sería de ellas: afganas, birmanas, congoleñas, eritreas, etíopes, haitianas, iraquíes, mozambiqueñas, pakistaníes, palestinas, rohinyás, saharauis, sirias, sudanesas, somalíes, yemeníes... Demasiadas personas y excesivos conflictos que llevan un desmesurado tiempo activos y de los que solamente se ocupan unos pocos...

Hithem Abdulhaleem sigue verbalizando mis sentimientos y mis pensamientos: ¿está occidente ejerciendo una solidaridad selectiva? ¿Por qué Ucrania sí y los otros ni sí, ni no, sino todo lo contrario?

(...) debemos reconocer también que esta particular empatía no solo ha sorprendido a unos cuantos ciudadanos de Europa y de otras partes del mundo, sino que también les ha dejado boquiabiertos y estupefactos. (...)

Este no es ningún tema baladí. Es un fenómeno de fondo que nos interpela y nos exige plantearlo, debatirlo y, con un sentido crítico, reflexionar sobre ello. La finalidad es aportar respuestas congruentes y eficaces a esta crisis tan acuciante de la Humanidad (...)

Una gran parte de la sociedad europea muestra, indudablemente, un espíritu solidario y compasivo digno de ser subrayado y honrado. Solo se espera que este espíritu se amplíe y se abra a la Humanidad, contribuyendo a la eliminación de las desigualdades y reconociendo al 'otro' como sujeto social y cultural digno de la misma justicia y consideración.

La solidaridad o la compasión solo serán auténticas y morales cuando se universalicen, se desembaracen de todo lastre dogmático y se plasmen en hechos de forma objetiva con todos los pueblos, con independencia de su origen y su color de piel. En caso contrario, son y seguirán siendo una pura fachada basada en el egocentrismo que excluye y deshumaniza al 'otro' (Hithem Abdulhaleem, 2022).

¡Yo no quiero identificarme con este occidente! Porque no creo que ninguna guerra sea ni santa, ni gloriosa, ni justa, ni preventiva, ni necesaria. Y víctimas son todas las personas que las sufren.

Soy más partidario de, además de colaborar en la ayuda concreta a las víctimas, sumarme a la Oración Por La Paz Universal, pronunciada por Margaret Karram, presidenta de los Focolares en la Basílica de San Francisco de Asís el pasado 18 de marzo, ante la tumba de San Francisco, ejemplo de fraternidad de todo el género humano:

¡queremos implorar el don de la PAZ!

Estamos aquí en representación de todos los miembros del Movimiento: cristianos de distintas Iglesias, fieles de varias religiones, personas que se reconocen hermanos y hermanas en la única familia humana.

Hacemos nuestro el grito y la desesperación de los pueblos que en este momento sufren a causa de la violencia, de conflictos y de guerras y nos dirigimos a ti, Padre de todos, con esta oración:

Dios nuestro, Dios de la Paz que amas a cada uno con amor eterno e incondicional, concédenos la gracia de ver tu rostro en cada persona que encontremos y ayúdanos a derribar los muros de la enemistad, del odio y de la destrucción.

Te pedimos con fe incansable el don de la Paz.

PAZ en el corazón de cada persona,
especialmente en el corazón de los que gobiernan los pueblos;
PAZ entre los grupos, etnias y naciones;

en particular, te pedimos con la fe que mueve las montañas, que 'cese el fuego' de la guerra y venza el diálogo 'en la búsqueda de vías de paz' entre Rusia y Ucrania.
Pedimos la gracia de poner fin a todo conflicto en curso, especialmente los más olvidados.

Señor, Dios nuestro, concédenos la gracia de acogernos unos a otros,
de perdonarnos, de vivir como una única familia humana.

Abre nuestros corazones y nuestras mentes
a las necesidades de nuestros hermanos y hermanas,
a sus preocupaciones y sufrimientos.

¡Concédenos amar la patria de los demás como la nuestra!

Dios de misericordia, de concordia, haznos “instrumentos de tu paz”.
A ti, nuestra alabanza y gloria,
ahora y por siempre
Amén


[1] United Nations. Office of The High Commissioner for Human Rights (OHCHR) (2022, 20 de marzo) Ukraine: civilian casualty update 20 March 2022. Recuperado de: https://www.ohchr.org/en/press-releases/2022/03/ukraine-civilian-casualty-update-20-march-2022
United Nations High Commissioner for Refugees (UNHCR) (2022, 20 de marzo). Recuperado de: https://data2.unhcr.org/en/situations/ukraine
Carbonaro, Giulia (2022, 17 de marzo) More Russian Soldiers Killed in Ukraine Than U.S. Troops in Over 20 Years. Recuperado de: https://www.newsweek.com/more-russian-soldiers-killed-ukraine-us-troops-over-20-years-1688957
Singh, Darpan (2022, 17 de marzo). How many Ukrainians and Russians have died in Putin’s war? Recuperado de: https://www.indiatoday.in/world/russia-ukraine-war/story/how-many-ukrainians-and-russians-have-died-in-putin-s-war-1926514-2022-03-17
[2] Abdulhaleem, Hithem (2022, 15 de marzo). Ucrania: ¿una solidaridad selectiva? El Correo. Opinión, p. 26. Recuperado de: https://www.elcorreo.com/opinion/tribunas/ucrania-solidaridad-selectiva-20220315231729-nt.html

Monday, December 20, 2021

Movilidad internacional y COVID-19

 

Sung Jin Cho en Unsplash

[He publicado esta entrada en la revista digital Alumni Time el 17.12.2021 (Castellano - Euskara)]

Decir que 2020 fue un annus horribilis resulta una dolorosa obviedad. El factor sorpresa –por lo inesperado- y la rápida propagación de la pandemia provocaron el cierre de fronteras, el confinamiento de millones de personas, el desplome de las bolsas, la paralización de la producción, la caída del consumo mundial y el estancamiento de la distribución de los mercados globales de materias primas, la cancelación de destinos turísticos, de desplazamientos aéreos y marítimos, de actividades deportivas, la repatriación de personas desplazadas por trabajo o estudios[1]...

Tras el verano, encarando el último cuatrimestre de ese mismo año, en Europa pensábamos que todo se resolvería con la llegada de las vacunas y que regresaríamos a nuestro estilo de vida habitual en un corto plazo. Craso error. Durante el final de 2020 y la totalidad de 2021 hemos conocido las variantes del virus (12 hasta la fecha)[2], las distintas olas que estas variantes han seguido generando, la relajación del mantenimiento de las medidas preventivas y la heterogénea planificación en la administración de las vacunas en cuanto a países, dosis, plazos y franjas de edad se refiere, agravado por la decisión de amplios sectores de la población que rechazan ser vacunados. Las cifras del último mes y medio en la Unión Europea hablan por sí solas.

Se suma a esto la lista de países, 51[3], que en septiembre de 2021 no habían llegado al 10% de su población vacunada, objetivo que la comunidad internacional se había marcado para hacer frente a la pandemia. 51 países de los cuales el 76% -3 de cada 4- están en África, nueve (18%) en Asia y tres (6%) en América Latina y el Caribe. Occidente acumula más vacunas anti COVID-19 de las que necesita y se resiste a compartir los excedentes con los países más pobres.

Muhammad Aziz Ali Mutia en Unsplash

Hasta aquí, lamentablemente, poco hemos cambiado respecto de cómo éramos antes de 2020. Hemos descubierto que nuestro limpio y aséptico occidente no era ni tan limpio ni tan aséptico como creíamos y, además, gracias a nuestra soberbia, somos incapaces de entender que, si un 26% de los países del mundo no consigue aumentar su tasa de vacunación sincronizándose con el resto, estaremos creando un reservorio que perpetuará la situación para perjuicio de todos. En diciembre de 2021, poco más de un 46% de la población mundial ha recibido la pauta completa de la vacunación.

A mediados de la década de los ochenta, con el lanzamiento del programa ERASMUS y la firma del tratado de Schengen -aunque este último entró en vigor en 1995- en Europa experimentamos la libre movilidad de la ciudadanía entre los estados miembros de la Unión. A partir de 2007, esta movilidad se hizo extensiva a terceros países no pertenecientes a la Europa comunitaria. Desde sus inicios, más de nueve millones de personas han participado en los programas ERASMUS y ERASMUS+ y ha quedado más que demostrado el beneficio que supone para todos la movilidad internacional, tanto para la realización de estudios cuanto para la incorporación en el mercado laboral. En 2020, toda esta movilidad quedó suspendida privando de esta experiencia a un gran número de personas.

Por otro lado, antes de 2020, cuando se viajaba a algunas zonas del mundo en Asia, África, América Latina y el Caribe se hacía imprescindible vacunarse contra algunas enfermedades endémicas en estas regiones: malaria, dengue, fiebre amarilla, cólera, hepatitis B, entre otras. Desde 2020, toda la tierra se ha convertido en la región donde la Covid-19 campa a sus anchas y las otras enfermedades no han desaparecido ni disminuido en absoluto.

Ahora que las personas de occidente han tomado conciencia de su vulnerabilidad y fragilidad, no podemos dejar de vivir, ni de seguir intentando construir un mundo mejor, más unido y más consciente de la necesidad que tenemos de hacerlo juntas y juntos. El mundo post-2020 exigirá que nos vacunemos, que utilicemos la mascarilla, que respetemos las medidas preventivas... Que todas las personas que poblamos el planeta asumamos nuestra responsabilidad en este empeño y trabajemos juntas para hacer de nuestra casa común algo hermoso y habitable.




[1] Duque, Juan Carlos (2020, 28 de febrero). Algo no me cuadra... Recuperado el 12/12/2021 de: https://blogs.eitb.eus/inteligenciaemocional/2020/02/28/algo-no-me-cuadra/

[2] CDC (2021, 1 de diciembre). Clasificaciones y definiciones de las variantes del SARS-CoV-2. Recuperado el 12/12/2021 de: https://espanol.cdc.gov/coronavirus/2019-ncov/variants/variant-classifications.html

[3] Gutiérrez, Icíar / Oliveres, Victòria, (2021, 30 de septiembre). 51 países no han llegado ni al objetivo de vacunar al 10% de su población contra la COVID-19. El Diario.es Recuperado el 12/12/2021 de: https://www.eldiario.es/internacional/51-paises-no-han-llegado-objetivo-vacunar-10-poblacion-covid-19_1_8354085.html

Friday, November 26, 2021

Reencuentro reparador

[He publicado esta entrada en el el Blog de Inteligencia Emocional de EiTB el 26.11.2021]

Desde las vacaciones de verano estos casi tres meses han volado. Pero ha sido un vuelo rasante... De esos que ponen los pelos de punta y hay que sujetarse el sombrero, el paraguas y la gabardina y agarrarse a algo para no saltar por los aires. Tenemos la gran suerte de tener un trabajo, pero algunas veces –y esta ha sido una de ellas– la intensidad, tensión y complejidad del mismo ha acabado minando nuestra salud física y mental.

El cambio de estación no se notó, alargándose en un interminable y caluroso veroño, y después, de forma fulminante y súbita nos cayó el otoño que, como tal, ha debido durar una semana –como mucho– permitiendo que el invierno se colara a escondidas y corriendo...

La cansina compañera de viaje en este último tiempo, la Covid-19, no sólo no ha desaparecido, sino que, aunque parecía que en algunos países había retrocedido –y el nuestro era uno de ellos-, da la sensación de que lo hizo para tomar un nuevo impulso.

En esta tesitura, decidimos que debíamos parar al menos un par de días. Buscamos una Casa Rural en el valle de Arratia, a unos 35 km de Bilbao –esto es, al lado de casa-. El tiempo se puso de nuestro lado y, aunque pre invernal en cuanto al termómetro, estuvo despejado el viernes y el sábado. Domingo, como no, lluvioso ¡que estamos en Bizkaia! Cuando llegamos a nuestra habitación, a la luz de una espectacular luna llena, pudimos ver desde el ventanuco al majestuoso monte Gorbeia.


El sábado por la mañana nos acercamos a Zeanuri para hacer una de las rutas de la zona: la del embalse de Undurraga -infraestructura cuya titularidad ostenta el Consorcio de Aguas del Gran Bilbao-. Seguramente una de las más sencillas y, sin duda, tan bella como las demás. Caminamos con calma, sin prisa, deteniéndonos para contemplar cualquier cosa que llamara nuestra atención –pequeñas cascadas, árboles, hojas caídas, musgo, setas, piedras, senderos y puentecillos, caseríos, vacas y caballos, un antiguo molino- entre la margen izquierda del río Arratia y los pies del Gorbeia. Más de tres km de subida y otros tantos de bajada. Llama la atención cómo se compagina armónicamente la artificialidad de la presa con el esplendor de la naturaleza circundante.

El domingo, envueltos en la niebla y rociados por el sirimiri, nos llegamos hasta el santuario de Urkiola y su espectacular entorno de hayedos de troncos semidesnudos tejiendo alfombras con sus hojas caídas sobre el intenso verdor a los pies de las encinas.

Hacía mucho que no sentía el balsámico efecto reparador de este encuentro sereno y sin pretensiones con la naturaleza. ¡Habrá que hacerlo más a menudo!

Wednesday, November 10, 2021

Dar oportunidades a la experiencia

 

Foto de Gerd Altmann en Pixabay

[He publicado esta entrada en la revista digital Alumni Time el 10.11.2021 (Castellano - Euskara)]


Juan Carlos Duque Ametxazurra y Aitor Urrutia Serrano

Allá por 1969 el gerontólogo y psiquiatra estadounidense Robert Neil Butler acuñó el término age-ism (edad-ismo), para referirse a la discriminación o intolerancia hacia las personas mayores o de edad avanzada y vaticinó que en los siguientes 20 o 30 años en los Estados Unidos sería un problema tan grave como el racismo o, incluso, que lo superaría. Según algunas fuentes, entre 1958 y 1977 en el Estado español nacieron casi catorce millones de personas, 2,5 más que en los veinte años anteriores y 4,5 más que en los veinte siguientes. Esta generación comenzará a jubilarse a partir de 2023 y en 2021 se encuentra en la franja de edad comprendida entre los 44 y los 63 años.

En el ámbito nacional, según los datos del INE en la encuesta de población activa a 29/07/2021, EPA. Segundo trimestre 2021, por grupos de edad, se observan descensos del paro este segundo trimestre entre las personas de 25 a 54 años (–168.000). Por el contrario, el número de parados sube en 46.300 entre los menores de 25 años y en 11.600 entre los de 55 y más años.

Según el desglose de este informe en el diario Expansión para este periodo, el paro entre 25 y 54 años se sitúa en el 13,8% (M:16,1%; H: 11,8%), que supone 2,38 millones de personas, de las que 1,32 son mujeres y 1,06 hombres. En mayores de 54 años lo hace en el 12,8% (M: 14,4%; H: 11,3%): 564.000 personas, 295.000 mujeres y 269.000 hombres.

En el apartado que presenta los datos por Comunidades Autónomas, en Euskadi el paro entre 25 y 54 años es del 8,3% (M: 8,8%; H: 7,8%), que supone 61.000 personas, de las que 31.000 son mujeres y 30.000 hombres. En mayores de 54 años es del 7,7% (M: 7,2%; H: 8,3%), lo que significa que 17.000 personas, de las que 8.000 son mujeres y 9.000 hombres, están en situación de desempleo.

Si centramos nuestra atención en la cantidad más que en el porcentaje y pensamos en la evolución de la población activa que llegará al final de su vida laboral en los próximos años, nos encontramos con varios y muy distintos elementos que requerirían una profunda reflexión.

Uno de ellos es la entrada de los y las mayores de 40 años en el grupo de personas desempleadas y los motivos por los cuales cada vez les resulta más difícil reincorporarse al mercado laboral.

El paro es siempre un drama. Cuando se es joven, sin trabajo no se puede construir un proyecto de vida, pero queda toda una vida por delante para luchar, intentarlo y conseguirlo. Hacer frente a una situación de paro con más de 40 años es, además de un drama, un reto abismal para conseguir reengancharse al mercado laboral. Contactos y formación actualizada de conocimientos para hacer frente a las necesidades actuales del mercado no siempre son suficientes. A los 55 se pide lo que uno ya no tiene y no se valora lo que uno más tiene, experiencia. Así queda reflejado en la noticia que emitió Televisión Española el pasado 3 de marzo de este mismo año con el título “El drama del paro eterno en los mayores de 50 años: Vivo por debajo del umbral de la pobreza y en casa de mis padres”[1] y donde se apunta a que más del 70 % de los desempleados mayores de 55 años lleva en esa situación más de un año.

En junio de 2019 la revista digital Compromiso Empresarial publica un artículo en el que denuncia que el 71% de empresas del IBEX 35 se olvida del talento sénior, dedicándoles poca o nula atención a las personas mayores de 50 años.

En aras de crear equipos de alto rendimiento para incrementar su competitividad, el tejido empresarial va incorporando planes de igualdad para fomentar el empleo femenino, contratan profesionales de distintas procedencias, conforman equipos multidisciplinares o los van rotando, incluso existen programas para la contratación de profesionales con neurodiversidad. Sin embargo, la contratación de profesionales sénior sigue siendo residual.[2]

Asimismo, a la hora de cursar las candidaturas recibidas en los procesos de selección, existen filtros reales que aplican tanto los portales de empleo como los técnicos de selección de personal. Tanto el sistema informático como el recruiter tienen órdenes claras respecto al perfil de edad que se busca y, muy raramente, ese perfil de edad excede de los 45 años en su límite máximo. Así que automáticamente estás fuera, da igual cuántas veces te inscribas y en cuántas ofertas. Da lo mismo a cuántos headhunters o consultorías de selección te dirijas, estás fuera del “perfil” que solicitan sus clientes, no eres una materia prima útil para ellos.[3]

Por último, la persona que pierde su trabajo más allá de los cuarenta tiene que vencer su propia profecía autocumplida: he perdido mi trabajo y estoy menos motivado/a, estoy menos dispuesto a trabajar en programas de desarrollo profesional, me cuesta entrar en lo digital, no tengo ambición ni hambre de éxito, mi salud es más delicada o lo será en breve, ¿qué será ahora de mi familia? Conclusión: nunca volveré a encontrar trabajo.[4]

Para salir de este círculo vicioso hay que enfrentar el problema desde tres ángulos: la persona afectada, el tejido empresarial y la cultura social. Es, por tanto, hora de remangarse y desarrollar acciones concretas para luchar contra esta situación y contribuir a que la discriminación por edad en el mundo laboral no sea una realidad. Por tanto, un verdadero acto de innovación social: el reto social que supone abordar una prolongación de la etapa laboral minimizando los efectos inevitables del proceso de envejecimiento de cada persona trabajadora.

Ante el llamativo incremento de mayores de 40 años en la base de datos de personas en búsqueda de empleo, en Deusto Alumni nace una exigencia: “¡tenemos que hacer algo!” Desde el curso 2015 – 2016 se desarrolla anualmente el programa de Recolocación Profesional con el objetivo de facilitar la incorporación al mercado laboral de este colectivo de difícil inserción.

Combinando el trabajo individual con el grupal, se trabajan algunas competencias transversales con las personas participantes en el programa, se presentan herramientas de búsqueda de empleo, se revisan los currículos individuales, se realizan simulacros de entrevistas de trabajo para reforzar su seguridad, poniendo en evidencia los puntos fuertes y débiles, y se trabaja con un/a coach profesional para resolución de dudas y profundizar en la motivación individual. Además, se les mantiene informadas de potenciales empresas empleadoras y de ofertas de empleo que puedan ser de su interés.

Siguiendo con dar oportunidades a la experiencia, nos encontramos con las bondades que sin duda encuentran las empresas cuando incorporan talento sénior. Además de la diversidad generacional, que aúna el empuje y desparpajo de la juventud con la experiencia, se añade el saber hacer y el mayor sosiego por parte de los séniores. Estos buscan una mayor raigambre laboral y, por tanto, tenderán menos a la rotación. Asimismo, gozan de una mayor estabilidad emocional y madurez. Saben lo que quieren, cómo conseguirlo y se esfuerzan en lograrlo. Vivieron un compromiso con las empresas mayor que el que hay ahora, por lo que su cultura de empresa más fuerte (fidelidad). El bagaje experiencial que llevan a cuestas les hace ser más resilientes y no precipitarse ni ponerse nerviosos ante un problema, conflicto o cambio, al tiempo que cuentan con una red de contactos (clientes, proveedores, colaboradores, compañeros, amigos, etc.) que podrá ser muy útil en caso necesario. El haber tratado con distintos perfiles y en distintos ambientes, les ayuda también a ser mejores gestores de equipos. Suelen ser mejores interlocutores en situaciones delicadas o difíciles, y cuentan con un mayor saber hacer (know-how) y más conocimientos.

Abramos los ojos. Salvo que nos quedemos por el camino antes de lo deseado, seguiremos cumpliendo años y más pronto que tarde, muy a nuestro pesar, habremos llegado también a esa edad en la que, esperemos que no, podríamos quedarnos sin trabajo faltándonos muchos años para la jubilación...

Presentamos a continuación el testimonio de dos Alumnae de la Universidad de Deusto que realizaron el programa de Recolocación Profesional: Mónica de Anduiza Añón, Secretariado de Dirección (Prom. 92) y Esmeralda Morán Torres, Diplomatura en Turismo (Prom. 94), ambas tituladas por la Universidad de Deusto.

¿Qué te impulsó a participar en el programa de Recolocación Profesional? ¿Cómo te encontrabas personal y profesionalmente antes de hacerlo?

Mónica
: En mi caso, ya había tenido oportunidad de conocer al equipo Deusto Alumni con anterioridad. Al encontrarme en ese momento sin trabajo, consideré que era una gran oportunidad ya que sabía que siempre me iba a aportar, tanto profesional como personalmente, el realizar un programa con ellos.

Como he dicho antes, ya conocía al equipo de Deusto Alumni desde hacía un tiempo. Me recibieron y acogieron con cariño; me escucharon y entendieron y eso es lo que más necesitaba en ese momento así que en esta ocasión me encontraba en mejor estado personal. A pesar de ello, la incertidumbre del futuro profesional siempre cala y mina. No es fácil gestionarlo a cierta edad

Esmeralda: Después de una larga trayectoria profesional de más de 25 años trabajando tanto en el sector del Turismo como en otros sectores, de repente me encontré en una situación de desempleo no deseada y me sentí muy sola y desorientada a la hora de replantearme un nuevo inicio laboral.

En lo personal me sentía muy sola y desorientada, sin saber muy bien qué camino tomar y bastante desanimada, la verdad, y profesionalmente no sabía muy bien en qué situación real me encontraba, si tenía o no opciones reales de encontrar un nuevo empleo que se ajustara a mi perfil y viceversa y qué competencias tenía ya o necesitaba desarrollar para aumentar mi empleabilidad en el futuro.

¿Qué señalarías como más relevante de la experiencia vivida durante el programa?

Mónica: Comprensión y escucha. Al empezar el programa no eres capaz de confesar lo que sientes ni todos tus miedos. El grupo que formamos fue estupendo y cada cual iba abriéndose poco a poco, lo que hacía que viéramos nuestros propios miedos reflejados en otra persona y nos diera fuerza para hablar abiertamente sobre lo que realmente sentíamos. Nos apoyábamos los unos en los otros y nos transmitíamos fuerza para seguir.

Esmeralda: Desde el minuto uno me sentí muy acompañada porque el equipo humano que gestiona este programa se preocupa de conocer la situación y personalidad de cada uno de los integrantes del programa de Recolocación para ayudarnos a todos y cada uno de nosotros a encontrar de nuevo nuestro camino laboral.

¿Qué cambios, de haberlos, señalarías como los más importantes de tu antes y después de realizar el programa?

Mónica: Durante el programa se nos animó a plantearnos planes B. No por haber estudiado una carrera concreta, o haber trabajado en algo definido, tendríamos que continuar siempre así. Abrimos las alas a la hora de pensar “qué me gustaría hacer realmente" “qué debo hacer para lograrlo". Busqué mi propia felicidad a nivel laboral.

Esmeralda: El principal cambio que he notado desde que participé en el programa ha sido en mi propia actitud y expectativas ante el mercado laboral. Antes sentía que tal vez el tren del empleo había descarrilado en mi caso y, sin embargo, he podido ver que, con un poco de ayuda en la búsqueda de oportunidades laborales y cierta orientación laboral en lo personal, es perfectamente posible reengancharse al mundo laboral a pesar de tener más de 45 años. ​

¿En qué medida tu participación en el programa ha facilitado tu reinserción laboral?

Mónica: Sobre todo me ha dado más seguridad. La experiencia la llevaba ya puesta; la flexibilidad y los conocimientos también. Pero algo que puede parecer sencillo, que se da por hecho, no lo es. A veces necesitas que alguien te haga ver lo que vales, pero siendo realistas, sin intentar crear una valía forzada o para consolar, sino haciendo hincapié en los puntos fuertes de cada persona, de los cuales a veces no somos conscientes o consideramos “normales" porque “somos así” lo cual no quita para que esa característica propia sea un punto fuerte que no mucha gente tenga y haya que valorarlo y explotarlo de manera consciente. Todos tenemos una gran valía: hay que conseguir ver la que nos define y focalizarla.

Esmeralda: Gracias al programa conseguí encontrar empleo, y antes de eso también conseguí realizar varias entrevistas con empresas muy relevantes... Ahora mismo estoy en la búsqueda de un nuevo empleo que se ajuste mejor a mis circunstancias personales, pero sin duda, tengo que agradecer al programa de Recolocación de Deusto Alumni que hoy en día tenga un empleo y mejores perspectivas laborales que cuando inicié mi andadura en el programa.


[1] Fresneda, Diana (2021, 3 de marzo). El drama del paro eterno en los mayores de 50 años: "Vivo por debajo del umbral de la pobreza y en casa de mis padres" Recuperado el 15/09/2021 de: https://www.rtve.es/noticias/20210303/drama-paro-eterno-mayores/2080246.shtml

[2]  Innova&acción. El reto de aprovechar el talento sénior. Recuperado el 14/09/2021 de: https://innovayaccion.com/el-reto-de-aprovechar-talento-senior

[3] Innova&acción. Más de 50 o pescar en un mar sin peces. Recuperado el 14/09/2021 de: https://innovayaccion.com/blog/mas-de-50-o-pescar-en-un-mar-sin-peces

[4] Ibíd.