Cuando la realidad parece imponerse, siempre hay un sueño que queda por realizarse...
When reality seems to prevail, there's always a dream left to come true...
[Esta entrada ha sido publicada en la revista LAR #4 Invierno 2024, sección Melodías, p. 8, y en la web el 20 de diciembre de 2024. Castellano/ Català]
El
primer signo de civilización
Cuando
nos sentimos fuertes, con salud, en un entorno seguro y rodeados de personas
que nos inspiran confianza a menudo olvidamos lo frágiles que somos. Este
olvido, además, es inversamente proporcional a nuestra edad. Podemos
encontrarnos con nuestra vulnerabilidad de forma inesperada. Una catástrofe
natural, un accidente, una enfermedad, la súbita muerte de alguna persona
cercana, la pérdida del trabajo, para demasiadas personas la guerra..., o
plácidamente cuando poco a poco nos acercamos al final de nuestro camino.
¿Habrá alguien que no necesite cuidados en algún momento de su vida?
La
antropóloga estadounidense Margaret Mead consideraba que el primer signo de
civilización en una cultura antigua fue cuando se descubrió un fémur fracturado
que apareció sanado. En el reino animal, si te rompes una pierna, mueres. No
puedes buscar comida o agua ni huir del peligro, siendo presa fácil para los
animales salvajes. Y ningún animal con una extremidad motriz rota sobrevive lo
suficiente para que el hueso se suelde por sí solo. De modo que un fémur roto
curado evidencia que alguien se quedó con quien se lo rompió, y le vendó e
inmovilizó la fractura. Es decir, lo cuidó.
Cuidar
es algo inherente al ser humano. E implica acercamiento, comunicación, es decir
escucha y entendimiento de las necesidades más allá de las palabras, atención a
los gestos, actitudes y silencios. No impone, sino que acompaña y asiste en lo
físico, en lo emocional, espiritual y social.
La
carga del cuidado no profesional, por tanto ni remunerado ni reconocido,
todavía recae principalmente en las mujeres y las niñas, mostrando una
distribución de responsabilidades nada equitativa y que, además, vulnera sus
derechos humanos. Y en el ámbito profesional se
mantiene este desequilibrio numérico...
Todo
parece indicar que en los últimos años está habiendo un notable incremento de
la concienciación y de la participación ciudadana en cuestiones relacionadas
con el cuidado. De personas, el medio ambiente, la economía sostenible, nuestra
propia supervivencia, la reacción ante catástrofes... Aunque las noticias se
obstinan en mostrar únicamente los aspectos negativos del lado más oscuro de
nuestro planeta, me viene en mente lo que le contestó Jesús al maestro de la
ley tras contarle el episodio del samaritano: “¿Cuál de estos tres te parece
que ha sido prójimo del que cayó en manos de los bandidos?». Él dijo: «El que
practicó la misericordia con él». Jesús le dijo: «Anda y haz tú lo mismo». (Lc 10:36-37)
[Esta entrada ha sido publicada en la revista LAR #2 Verano 2024, sección Melodías, p. 8, y en la web el 12 de julio de 2024. Castellano/ Català]
Algunas veces, la música que nos resuena dentro es mucho más que una canción.
Últimamente la percibo próxima a una sinfonía. En tono menor.
Primer
movimiento. Allegro energico, ma non
troppo
Desde
febrero de 2022 y octubre de 2023, tambores de guerra suenan cerca. Y estos no
son los únicos que redoblan. Se hace difícil, por no decir imposible, recordar
algún periodo histórico sin guerras. Al menos en los últimos diez mil años. Del
mismo modo, hace mucho tiempo que no resulta nada sencillo encontrarles algún
sentido más allá de la codicia, el odio o la intolerancia de un grupo humano
contra otro. Y, particularmente desde 1914, con un grado de crudeza, crueldad,
destrucción y aberración inhumanas y escalofriantes, progresivamente corregidas
y aumentadas, nunca antes conocidas.
Segundo
movimiento. Andante Moderato
Hay
personas muy especiales en nuestra vida. Y si además compartes con ellas
proyectos entusiasmantes y novedosos, el viaje se convierte en una maravillosa
y placentera aventura.Personas a
quienes sientes intensamente en el corazón, en la mente, en la existencia. Tan
dentro que cuando les diagnostican una extraña dolencia, con pronóstico tan incierto
que casi nadie se atreve a formularlo, sientes que se te hiela la sangre. Él
entra ahora en una dura batalla. Tú continúas tu día a día, sí, pero la vida se
hace pesada, la mente no deja de dar vueltas y el corazón duele al latir.
Tercer
movimiento. Scherzo
Una amiga cercana, con quien en la adolescencia compartiste
fiestas, sueños, proyectos y viajes. Recibes una llamada. Tuvo una recaída de
su enfermedad y una crisis repentina. Acaban de sedarla. Horas después, ese
mismo día, no vuelve a despertar. Sensación de impotencia. Tuvo que irse y no
pudimos despedirnos...
Algunas
veces, notas graves, ritmos lentos y solemnes, colores oscuros, entornos fríos
y nebulosos son los que nos envuelven y ralentizan dificultando el día a día.
La vida continúa y, pese a las pesadas sombras, se puede seguir deseando la paz
intentando construirla; seguir deseando lo mejor para el amigo que ahora lucha,
intentando estar ahí, a su lado; seguir deseando consuelo para quienes
perdieron una hermana, una madre, una amiga e intentando no olvidar cómo vivir
con quienes nos rodean...
Desde el 7 de octubre en Palestina ha vuelto a tomar la palabra la guerra y sus instigadores y secuaces (de todos los bandos) filtran lo que les interesa y silencian lo que no.
Hoy quiero compartir aquí el artículo publicado en EL CORREO el 4 de noviembre, por Hithem Abdulhaleem, amigo desde hace veintiocho años, de origen palestino-jordano, musulmán, doctor en psicología por la Universidad de Deusto, articulista de opinión de El Correo y residente en Bilbao.
En él, el autor subraya que ante esta dantescatesitura y las imágenes tan apocalípticas que nos llegan desde Gaza, resulta urgente e imprescindible hacer una reflexión sobre las causas estructurales que han originado el conflicto palestino israelí, y que siguen alimentándolo hasta la actualidad.
[He publicado esta entrada en la revista digital Alumni Time, Es Noticia, el 21/06/2021 (Castellano / Euskara)]
500 años de la conversión de San Ignacio de Loyola
20 de mayo de 1521. La fortaleza de la ciudadela pamplonica estaba sitiada por los franceses. El alcaide, analizada la situación, decide entregarla. Un aguerrido caballero vasco de 26 años le convence de lo contrario y, finalmente, aunque los otros caballeros no están del todo persuadidos, hacen frente al enemigo y continúan con la defensa. Tras un buen rato de batalla, un cañonazo galo acierta de pleno en la pierna derecha del vasco hiriéndole también la otra. Producida esta baja la fortaleza se rinde. El tozudo guerrero vasco es Iñigo de Loyola (Iñigo cambiará su nombre a Ignacio entre 1537 y 1542).
El herido es bien atendido por los vencedores y, después de casi dos semanas en Pamplona, lo trasladan hasta su casa natal: la casa solar de Loyola, cerca de Azpeitia. Una vez allí, atendidas sus heridas, su salud se deteriora peligrosa y rápidamente, temiendo todos por su vida. Ya desahuciado el 28 de junio por la mañana, a media noche y de forma repentina comienza su recuperación.
Joven de raíces enlazadas con la nobleza guipuzcoana y vizcaína, dado a las vanidades del mundo que principalmente se deleitaba en ejercicio de armas con un grande y vano deseo de ganar honra¹, con un pasado más bien relajado y licencioso y amante de las novelas de caballerías, durante su convalecencia, no pudiendo tenerse en pie, pide a los suyos sus lecturas favoritas para pasar el tiempo. No habiendo tales libros en la casa, le dieron un Vita Christi y un libro de la vida de los santos en romance.
Empezó a aficionarse a las historias que en ellos se narraban, aunque sus pensamientos iban alternándose entre lo que acababa de leer y su vida pasada. Sobre todo, una que tenía tanto poseído su corazón, que se estaba luego en pensar en ella dos y tres y cuatro horas sin sentirlo, imaginando lo que había de hacer en servicio de una señora, los medios que tomaría para poder ir a la tierra donde ella estaba, los motes, las palabras que le diría, los hechos de armas que haría en su servicio. Y estaba con esto tan envanecido, que no miraba cuán imposible era poderlo alcanzar; porque la señora no era de vulgar nobleza: no condesa, ni duquesa, mas era su estado más alto que ninguno destas.
En estos ejercicios de introspección fue percibiendo que mientras pensaba en lo mundano, se deleitaba mucho; mas cuando después de cansado lo dejaba, hallábase seco y descontento. Por el contrario, reflexionando sobre la vida de Jesús y la de los santos, no solamente se consolaba cuando estaba en los tales pensamientos, mas aun después de dejado, quedaba contento y alegre… No solo, sino que, además, crecía en él el deseo de vivir como ellos.
Una noche, estando despierto, vio claramente una imagen de nuestra Señora con el santo Niño Jesús, con cuya vista por espacio notable recibió consolación muy excesiva, y quedó con tanto asco de toda la vida pasada, y especialmente de cosas de carne, que le parecía habérsele quitado del ánima todas las especies que antes tenía en ella pintadas.
Son estos los primeros renglones del libro de la historia de la Compañía de Jesús que este año conmemora el quinto centenario de la conversión de su fundador. Del 20 de mayo de 2021 hasta el 31 de julio de 2022 se celebra el segundo Año Jubilar Ignaciano con el objetivo de potenciar el Camino Ignaciano como instrumento de encuentro con Dios y de crecimiento personal.
Con el deseo de hacernos descubrir que la Ignaciana es una espiritualidad para la renovación del mundo, tanto la Universidad de Deusto como la Provincia de España de la Compañía de Jesús han preparado programas y actividades en los que podemos participar y que pueden consultarse a través de los enlaces:
El P. General de la Compañía de Jesús, Arturo Sosa SJ, nos convoca en este Año Ignaciano a seguir su lema, Ver nuevas todas las cosas en Cristo, para alcanzar nuestra propia conversión que nos oriente la vida a Dios y al prójimo, porque Dios nos convoca a salir al mundo junto con otros.
¹ Los textos en cursiva se corresponden con citas de la edición de Josep María Rambla Blanch SJ de la obra El Peregrino: Autobiografía de Ignacio de Loyola, Ediciones Mensajero, Bilbao 2016,17-22 [N.A. J.C.D.A.].
Francisco José Ruiz Pérez SJ, delegado del Vicerrector de Comunidad Universitaria y Agenda 2030 para la celebración del Año Ignaciano en la Universidad de Deusto, nos transmite su reflexión.
El Año Ignaciano coincide con un momento especialmente crítico del mundo contemporáneo. Todo indica que la pandemia vírica que aún estamos cruzando es señal evidente de que nos abocamos a una transformación de dimensiones inciertas. Las cosas no pueden seguir siendo iguales a como las dejamos antes de haber experimentado la Covid-19. La enfermedad tiene la forma de una herida global y mortífera, cuyo dolor nos está haciendo comprender una humanidad nueva. En el aire se respira la urgencia de que demos saltos de consciencia, pero para que sean finalmente auténticos saltos de conciencia.
El Año Ignaciano puede ser un grano de arena en la ambientación y la inspiración de un cambio como el que imaginamos. La Compañía de Jesús entresaca de la biografía de su fundador, san Ignacio de Loyola, aquel momento tan decisivo de su vida en que se sumerge en una frustración sin precedentes. Si la Iglesia reconoce santidad en él, es por el salto cualitativo de consciencia y conciencia que protagoniza en ese trance. También fue una herida, de guerra esta vez, la que activa un proceso personal de transformación.
En realidad, aquella conversión es prototipo de otras que sucederán después, individuales y colectivas. Por eso, nos interesa tanto recordarla. Quien fuera un convencido de las lógicas del poder y la fuerza pasó a ser un testigo de lo contrario, de la otra lógica que san Ignacio vio en la existencia de Jesús de Nazaret. De hecho, su sueño colectivo se llamará “Compañía de Jesús”. No hay otros liderazgos más válidos, ni otras visiones de futuro más plausibles, ni otras estrategias mejores de resolución de conflictos.
¿Y si nuestro mundo pospandémico se detuviera en sus heridas, renunciara a evadirse de su responsabilidad en ellas, se pusiera a pergeñar una agenda de cambio que afrontara la fragilidad amenazada del planeta y proyectara soluciones colectivas y fraternas? Eso fue lo que hizo san Ignacio en su proporción, en sus circunstancias y en su contexto. Y, por eso, celebramos el Año Ignaciano: para que aquella dinámica continúe y no se detenga.
[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de EiTB el 08/01/2021. Este Blog fue cerrado el 01/07/2024]
La
semana pasada vi cómo la última hoja del calendario del año que se fue caía y
estrenábamos uno nuevecito con sus páginas intactas. Como perro apaleado, lo
miré con recelo con la aviesa intención de abrirlo y deshojarlo rápidamente
para escudriñar cómo serían el nudo y el desenlace de ese nuevo ejemplar compuesto
por 365 anversos y reversos. Más que nada por estar al menos algo preparado o
prevenido.
Me vinieron
a la mente los días en los que nacieron mi hijo y mis tres hijas: 13 de mayo, 3
de marzo, 22 de enero y 4 de octubre. Cada fecha, cada una de esas hojas,
inserta en el calendario de su año respectivo. Diferentes los años y diferente
mi vida en cada uno de ellos. Muy diversas también las posteriores trayectorias
vitales de cada uno de los cinco…
En esas
andaba, cuando volví a oír por la radio la conocida leyenda Cherokee de los dos
lobos:
Érase una vez, en una noche hermosa con un
cielo estrellado maravilloso y contemplando el fuego de una gran hoguera, un
viejo cherokee que estaba enseñando a su nieto de qué iba la vida.
-Anoki,
en nuestro interior hay una lucha entre dos lobos. El primero es oscuro de piel.
Es el miedo, la envidia, la ira, la pena, el remordimiento, la avaricia, la
arrogancia, la autocompasión, la procrastinación y el ego. El
segundo es de piel clara. Es el amor, el ser positivo, la alegría, la
confianza, la esperanza, la paz, la humildad, la serenidad, la empatía, la
verdad y la compasión.
Entonces Anoki, imaginándose a esos dos
lobos en dura batalla forcejeando en su interior, preguntó intrigado...
-Y
abuelo, ¿cuál de los dos va a ganar?
A lo que el viejo sabio cherokee, mirando
a su nieto con una sonrisa sabia y serena respondió:
-Aquél
al que más alimentes, Anoki. Ese, es el que ganará…
Pensé
entonces en los míos, en mis lobos. Descubrí que los dos seguían conmigo y que
ninguno había muerto de inanición… Muy a mi pesar y en contra de lo que yo
creía, en distintos momentos de mi vida había alimentado alternativamente a
ambos, a uno más que a otro según la ocasión, y cada uno seguía luchando por
ser el (o la) alfa de mi pequeña manada. De mí seguía dependiendo quién la
lideraría finalmente, sin eliminar a ninguno de los dos por el camino.
Pensé
también en mis hijos, en qué iba a dejarles de útil para sus vidas. Caí en la
cuenta de que tanto los días del año recién estrenado, cuanto las páginas que
quedan aún de nuestras vidas, estaban todas por escribir…
A
menudo los hijos se nos parecen
Así nos dan la primera satisfacción
Esos que se menean con nuestros gestos
Echando mano a cuanto hay a su alrededor
Esos locos bajitos que se incorporan
Con los ojos abiertos de par en par
Sin respeto al horario ni a las costumbres
Y a los que, por su bien, hay que domesticar
Niño
Deja ya de joder con la pelota
Niño, que eso no se dice
Que eso no se hace
Que eso no se toca
Cargan con nuestros dioses y nuestro idioma Con nuestros rencores y nuestro porvenir
Por eso nos parece que son de goma
Y que les bastan nuestros cuentos
Para dormir...
Nos empeñamos en dirigir sus vidas
Sin saber el oficio y sin vocación
Les vamos trasmitiendo nuestras frustraciones
Con la leche templada
Y en cada canción
Niño
Deja ya de joder con la pelota
Niño, que eso no se dice
Que eso no se hace
Que eso no se toca
Nada ni nadie puede impedir que sufran
Que las agujas avancen en el reloj
Que decidan por ellos, que se equivoquen
Que crezcan y que un día
Nos digan adiós...
[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia
Emocional de EiTB el 03/07/2020. Este Blog fue cerrado el 01/07/2024]
Por
salir un poco del monotema, me he puesto a escuchar a Joan Manuel. Como me
dicen unos amigos - muy, muy - jóvenes, no soy más que un baby boomer… O sea, tradúzcase como cada cual considere oportuno. ¡Pero,
por favor, que nadie me lo diga! Para esta ocasión he elegido el álbum titulado
Cada loco con su tema (1983). Tenía
yo 22 años…
Serrat,
poeta y músico, no ha escatimado esfuerzos para rendir homenaje a la poesía y a
las y los poetas… Seguramente habrá conseguido que muchas y muchos nos hayamos
acercado, al menos un poco, a este género. Además de con la suya, y por no desviarme
mucho del tema, dejo al pie de estas líneas la relación de autores a quienes ha
homenajeado poniendo música a sus versos.
Y escuchando,
escuchando me puse a escribir…
Veintidós
tenía, decía. ¡Ya ha llovido! Aquel año fueron las inundaciones en Euskadi… En agosto, al final de la Aste Nagusia bilbaína… El agua
arrasó la capital y varios pueblos de Bizkaia y Álava. Una catástrofe natural…
Quienes la vivimos en primera persona todavía nos estremecemos al recordarla. Y
hoy, afortunadamente, a pesar de los pesares y el tiempo, como entonces
Prefiero querer a poder,
palpar a pisar,
ganar a perder,
besar a reñir,
bailar a desfilar
y disfrutar a medir.
Prefiero volar a correr,
hacer a pensar,
amar a querer,
tomar a pedir.
Antes que nada, soy
partidario de vivir.
Puse rumbo al horizonte y por nada me detuve. Tenía toda la vida
por delante. Por el camino fui encontrando de todo, como en botica. Hubo algunas
catástrofes, estas no tan naturales. Pero también tantas y tantos a quienes conservo
como oro en paño… Personas que sueñan y creen… Que luchan y viven por anunciar
que habrá tiempos mejores… ¡Que se mojan! ¡Que están para lo que haga falta! Vueltas
y vueltos hacia afuera. Seres transparentes…
Y,
¿cómo no? Topé además con personas de doble vida, que dan dolor, que no dan
nada... Seres opacos, oscuros… Algunas con quienes todavía tengo algo personal. Se me olvidaban quienes no tienen ni color… Quienes se manejan bien con todo el mundo…
Y, escribiendo,
escribiendo, me puse a volar… Y volando recordé que
De vez en cuando la vida toma conmigo café
Y está tan bonita que da gusto verla
Se suelta el pelo y me invita
A salir con ella a escena
Que a
veces se muestra desnuda y nos gasta una broma dejándonos sin aliento… O afina tanto con el pincel que hay que andar de
puntillas por no romper el hechizo… Tan impredecible que, cuando parece
haberse escondido, como si no fuera con ella, dan ganas de cantarle: ¡Querida! …avíseme si volviera, no es por capricho, le juré amor eterno y no
quisiera quedar en entredicho.
Pero la
elegí para vivirla. Y mis elecciones no van contra las tuyas, no van contra ti,
contra los tuyos… Son mías… Solo mías. ¡Perdón si no te gustan! ¡Perdón si no son
lo que esperabas…! ¿Quién puede afirmar que no se equivoca? ¡Sigo siendo yo! Yo
quiero quererte tal como eres… ¿Puedo pedir que me quieras tal como soy? ¡Nunca es triste la verdad, lo que no tiene
es remedio!
Y
escribiendo, volando y cantando, caí en la cuenta de que no hay que esperar a
nada ni a nadie.
No esperes a que se acaben
para desear las cosas más que nunca,
ni a responder las preguntas
cuando los otros se callen.
No esperes el consentimiento,
ni a que te proporcionen un manual,
ni a que el horóscopo te sea propicio,
ni a que el cielo te mande una señal.
Pandemia
mediante, se acercan las vacaciones… No esperes… ¡Descansa, disfruta, vive! Y,
por favor, ¡cuídate!
Poetas – algunos en más de una ocasión – protagonistas
de la obra
de Serrat:
Miguel Hernández (Hijo de la luz y de la sombra, 2009); Joan Margarit, Manuel Vicent (Mô, 2006); Tito Muñoz, Eduardo Galeano, Luis García Montero (Versos en la boca, 2002); Tito Muñoz (Cansiones, 2000); Luis Cernuda, Eduardo Galeano, José
Luis Pérez Mosquera (Sombras de la
china,1998); José María Fonollosa,
Mario Benedetti (Nadie es perfecto,
1994); Mario Benedetti, Joan Barril(Utopía,
1992); Jaime Sabines, Josep Maria
Bardagí (Material sensible,1989);
Joan Marsé (Bienaventurados, 1987); Mario Benedetti (El Sur también existe, 1985); Josep
Carner, Pere Quart (Fa vint anys que
tinc vint anys, 1984); Josep Vicenç
Foix, Josep Carner, Josep Palau i
Fabre (Tal com raja, 1980); Antonio Machado, Mario Benedetti, Miguel
Hernández (Sinceramente teu, 1980); José
Agustín Goytisolo (1978, 1978); Ernesto Cardenal (…Para piel de manzana,1975); Joan
Vergés (Per al meu amic,1973); Miguel
Hernández (Miguel Hernández, 1972); León Felipe (Mediterráneo, 1971); Antonio Machado (Dedicado a Antonio Machado, poeta, 1969); Rafael Alberti (La Paloma,
1969).
Además, en el álbum Banda sonora d'un temps, d'un país,
1996, rinde homenaje a suscompañeros
de la Nova Cançó y a algunos autores y poetas que influyeron en
su desarrollo: Antoni Mus, Antoni Parera
Fons, Carles Berga, Delfí Abella, Enric Barbat, Francesc Pi de la Serra,
Guillem d'Efak, Guillermina Motta, Isidor Marí, Jaume Armengol, Jaume Sisa,
Joan Ramon Bonet, Joan Salvat-Papasseit, Jordi Teixidor, Josep Carner, Josep
Maria Andreu, Josep Maria Clua (Ia Clua), Josep Maria de Sagarra, Josep Maria
Espinàs, La Trinca, Lleó Borrell, Lluís Llach, Lluís Serrahima, Maria del Mar
Bonet, Martí Llauradó, Miquel Porter, Ovidi Montllor, Pau Riba, Rafael
Subirachs, Raimon, Toti Soler, Vicent Torrent , Yosu Belmonte.
¡Me lo
regaló mi hijo! En cuanto lo vio supo que sería para mí. Me apasionan los
relojes… Cuando fuimos a recogerlo aún no había comenzado el confinamiento,
pero no fue mucho antes.
Ya en
mi casa, tras varios días sobre un sofá, esperando a ser atendido, lo limpié,
taladré la pared y puse una escarpia (previamente un taco, ¡claro!). Había
buscado un lugar en el que se sintiera importante, solemne, respetado y, sobre
todo, acogido, querido... Era un regalo especial…
Al
principio no funcionaba. En la casa de Iker, perfectamente. Pero, se ve que con
el traslado… Inspeccioné su mecanismo, visité distintos tutoriales en Internet;
intenté de todo, hasta que, por fin, y como ocurren tantas cosas en la vida,
por pura casualidad, conseguí hacerlo funcionar… ¡Todavía no sé qué fue lo que
hice!
Tras
varios días haciendo su tic-tac, vi que se adelantaba un poco y, según uno de
aquellos tutoriales, había que regular la altura del péndulo… Lo hice… Y se
paró… Como lo había hecho el tiempo en tantas personas durante estas semanas de
reclusión…
Volví
a desmontar algunas piezas y, lo reconozco, empecé a perder la paciencia…
¡Hasta me enfadé con él!
- ¿Por
qué no quieres funcionar?, le preguntaba inútilmente (los relojes solo saben
dar la hora, no hablan…)
Volví
a desmontarlo. Quité las pesas, el péndulo, lo descolgué de la pared… Aproveché
para volver a limpiarlo - tenía acumulado algo de polvo -. Ajusté una y otra
vez el muelle del péndulo. Volví a colocarlo, y las pesas y el péndulo dichoso…
Durante
varios días lo empujaba esperanzado - ¡al péndulo! - y, cada vez que volvía a
pararse, subía (o bajaba) la tuerca de regulación de su altura… ¡Y nada! Volvía
a pararse…
Entendí
que era cuestión de paciencia y delicadeza, no de desesperación y violencia - en
algunos momentos le habría dado un martillazo - … Pero, al igual que mis
preguntas absurdas, habría sido inútil. Y, de haberlo hecho, ya no estaría más
conmigo…
Un
poco como nuestra vida durante estos días de encierro…
Hoy, 8
de abril del año de nuestro Señor de 2020, con paciencia, perseverancia, cariño
y dedicación, ha vuelto a funcionar…